El hombre atacado con ácido al que ni la justicia ni la EPS atienden

El hombre atacado con ácido al que ni la justicia ni la EPS atienden

24 de Mayo del 2015

Sus lágrimas no son de dolor físico, no llora al ver su rostro, no reniega del azar. Llora de impotencia al ver que la justicia y el sistema de salud le dieron la espalda y lo han ignorado durante años.

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Nelson, de 50 años, oriundo de Bogotá, hace parte de los pocos hombres que han denunciado ser víctimas de un ataque con ácido en Colombia, lleva esperando tres años a que las autoridades capturen a sus agresores. Teme que lo vuelvan a atacar, tal como lo hicieron en dos ocasiones.

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Su tragedia inició a las seis y cuarto de la tarde del 23 de junio del 2012 cuando salía de su trabajo en el occidente de Bogotá y al pasar por un potrero fue atracado por tres sujetos. No contentos con robarle el celular le rociaron un líquido corrosivo en la parte derecha de su rostro.

Aunque no se supo con certeza con qué sustancia lo agredieron, Nelson describió que “la ropa se deshizo como una servilleta y cuando caía al piso el líquido hervía como espuma”. Sin embargo, Nelson contó con algo de suerte pues la sustancia sólo le afectó el pómulo derecho sin alcanzar sus ojos o vías nasales.

A raíz del ataque y su lenta recuperación, Nelson perdió su trabajo, y como si fuera poco, también a su familia. Relata que aunque ya venía con algunos problemas de convivencia en su hogar, su convalecencia fue el detonante para la separación definitiva de su esposa y su hijo.

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Fueron días muy difíciles para Nelson, el rencor contra sus agresores creció de repente. No aguantó más y tomó una drástica decisión. “El 23 de agosto, cuando ya había pasado por un tratamiento en mi mejilla derecha, cogí mi bicicleta y me fui al sitio donde me atracaron a buscar a mis agresores, los vi, llamé al comandante del CAI de ese lugar, fuimos con la Policía pero ya no estaban”, relató.

Sumido en el dolor y la impotencia regresó a su casa, cerca del lugar donde fue atracado, y la pesadilla volvió. Hacia las cuatro de la tarde llamaron a la puerta, Nelson abrió y fue abordado por dos sujetos, quienes entraron a las malas. Alcanzó a reconocer a uno de ellos, su victimario estaba de vuelta.

“Me pegaron, me amordazaron, me amarraron a una pared de la casa y me quemaron el otro lado de la cara. En ese momento intenté defenderme y en la reacción, uno de ellos se alcanzó a quemar los dedos de la mano derecha al mismo tiempo que recibí quemaduras en mi brazo derecho. De inmediato me amarraron más fuerte, me pusieron una cinta en la boca”.

Antes de irse, los agresores lo amenazaron con atentar contra la integridad de su hijo si seguía “aventándolos” con la Policía. Instantes después familiares suyos lo trasladaron a un hospital del sector, y ahí iniciaría su segundo calvario.

“Me llevaron a la clínica y allí empecé un tratamiento, pero debido a la demora en la atención, fui atendido siete horas después de llegar a urgencias, me quedaron secuelas, la cara aún se me ampolla, se me irrita, sobre todo cuando tengo que afeitarme, y el seguro no me apoya en nada”, dijo.

Nelson aseguró que después del segundo ataque le hicieron un injerto de piel en su mejilla izquierda, pero le quedaron secuelas permanentes. “En la cara me afecta el viento, el sereno, el sol, por lo que a veces uso bloqueador, cuando me afeito se me corre la piel”.

Lo que más clama en este momento, aparte de justicia, es que su EPS le dé una cita para que le definan si le van a practicar una cirugía, pues desde el año pasado un médico especialista le mandó a tomar unos exámenes para evaluar definitivamente su caso, y denunció que en lo corrido del año no le han querido dar la cita.

“Hay una cita que tenía pendiente para enero pero siempre me dicen que no hay agenda. Lo único que pido es que la EPS me ayude con las citas médicas, ya sea para que me digan que me siga echando vaselina para bajar la temperatura, porque si me hubieran hecho ya una cirugía no tendría la cara deteriorada como la tengo”, indicó.

Como si no bastara con la deficiencia y mal servicio que le presta su aseguradora en salud, Nelson también ha tenido que aguantar el mal trato que le han dado allí.

“Varias veces que he ido a urgencias con la cara ampollada  me han dicho que eso no es una urgencia que amerite una atención médica inmediata, pues no hay riesgo de muerte. Por lo menos he acudido unas 30 veces a urgencias cuando se me ampolla la cara, y sólo me han atendido en cinco oportunidades.

Otro día le pregunté a un médico en la EPS que necesitaba que me arreglara la cara, y me respondió que yo lo que quería era ponerme bonito y me advirtió que la EPS no cubría cirugías estéticas”, aseguró indignado.

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Su frustración llega aún más allá al no poder conseguir empleo. “Intenté trabajar en una ladrillera en el área de seguridad, presenté entrevistas, pero me decían que, si algo, me marcaban al celular. Sin embargo, después me logré vincular a esa misma empresa a través de una compañía de seguridad, y entendí que no me recibieron por la afectación que tenía en el rostro”.

Con el paso del tiempo su vida empezó a estabilizarse con un nuevo trabajo y al lado de una mujer mucho menor que él. Pero su angustia por encontrarse de nuevo con su agresor no se ha esfumado.

“El día de las elecciones parlamentarias, fui a la mesa de votación donde me tocaba sufragar, y cuando iba entrando al colegio vi al sujeto que participó en los dos ataques que recibí y le dije a un policía que estaba presente, que lo detuviera mientras llamaba a la oficial que conocía del caso, pero él me dijo que no lo podía detener porque primero no había flagrancia, segundo porque había sido designado para vigilar el puesto de votación y tercero que no tenía una orden de captura.

(…) Es triste que uno teniendo la oportunidad de coger a la persona que me hizo tanto daño, las autoridades no hagan nada, pues ya han pasado tres años y nada que los agarran”, dijo.

Después de encontrarse de nuevo con su agresor, Nelson amplió su indagatoria ante la Fiscalía, pero rechazó una propuesta que le hizo la fiscal del caso para capturar a sus victimarios: espiarlos en un vehículo particular, acompañado de funcionarios de la Fiscalía, para reconocerlos y darles captura.

“Desistí de seguir colaborando con la Fiscalía por la advertencia que me hicieron de atentar contra mi hijo”. Sin embargo, Nelson señaló que ya las autoridades cuentan con retratos hablados de los hombres que lo atacaron con ácido, pero la investigación no avanza.

“Como no tengo poder económico para contratar un buen abogado, ni soy un Colmenares, no hay justicia”, señaló. Kienyke.com consultó en la Fiscalía sobre el estado del proceso contra los agresores de Nelson, pero de momento el ente acusador no ha dado respuesta.

Nelson afirmó que de la única entidad que ha recibido alguna clase de ayuda, sobre todo mediación para agilizar las citas médicas, es de la fundación Reconstruyendo Rostros.