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Marlon Becerra de dientes para adentro

La vida de Marlon Becerra cambió a los 13 años. En un paseo del Colegio Sugamuxi, en su natal Sogamoso, Becerra se lanzó a la piscina para ganar una improvisada competencia de natación. Cuando entró al agua, cerró los ojos y sintió un fuerte golpe en la cabeza que se concentró en la boca. Al instante, vio que la piscina estaba teñida de un rojo grisáceo. El golpe le mandó a volar uno de sus dientes, que luego sería reemplazado por un implante. Ese accidente le cambiaria la vida para siempre. Desde entonces, cuando reía tapaba su boca para tratar de ocultar su dentadura maltrecha.

Becerra baja por las escaleras del segundo piso en modo slow motion. Sin afán. Mientras desciende, su figura de un metro con sesenta centímetros se refleja en uno de los 3 espejos de 2 metros de alto que tiene a la entrada de su apartamento que es un homenaje a las flores. Hay flores en las materas, en los jarrones, pintadas, fotografiadas. De todos colores, tamaños, texturas y formas. Su gusto por las flores es tal, que  en la chimenea, en lugar de troncos de madera, hay un montón de pétalos de rosas amarillas, blancas y vino tinto. En esta casa, que es su trinchera, analiza el guión de su película llamada 7+1, que espera rodar a finales de este año, y lee y relee los 2 libros que está escribiendo.

¿Quién es este odontólogo-empresario que desde que quedó mueco a los 13 años se propuso arreglarle la sonrisa a la gente?

Ahora Becerra se pasa de mano en mano un paquete de cigarrillos Marlboro y un briquet con la cara de Marilyn Monroe. Acaba de terminar sus lecciones de inglés. No tiene sus habituales tenis Converse. Lleva una camiseta blanca, chaqueta, pantalón y zapatos Adidas. En su clóset tiene 300 pares de zapatos Converse, 1.000 camisas y 600 pantalones, todos enumerados. Escoge su muda del día al azar, basándose en el resultado de tirar tres cartas de una baraja española, con ilustraciones de Picasso, a las sabanas de su cama.

En el mismo año en el que fue asesinado el humorista Jaime Garzón, Marlon Becerra decide hacerle un homenaje con un programa de entrevistas. Logra así un espacio en el Canal Uno que bautiza Soles y vientos, que se emite los domingos en la noche y en el que han aparecido al menos 600 protagonistas, entre artistas y políticos. Por las charlas con Becerra han pasado desde Diego Armando Maradona, el abogado de Michael Jackson, Benjamin Brafman, quien hace poco fue contratado por el ex presidente del Fondo Monetario Internacional Dominique Strauss-Kahn para su defensa y toda la gama de la política y la farándula colombiana.

Su padre, ganadero y arrocero, lo influenció para que estudiara odontología.

En el estudio de grabación, situado en un costado de su apartamento que da al parque El Virrey, Becerra recuerda sus años de colegio en Sogamoso y las aventuras de un joven universitario que recorrió más de seis residencias estudiantiles, entre estas una situada en la calle 57 con carrera 22 que compartió con ocho estudiantes guajiros, con quienes peleaba y rumbeaba al mismo tiempo. Se acuerda de las busetas que tomaba desde su pensión estudiantil hasta el centro, en donde queda el Colegio Odontológico Colombiano.

Recién llegado a la capital, era un joven sin plata que sólo podía desayunar dos o tres veces a la semana. Hubo días en los que estuvo a punto de romper una vitrina para robarse un pan. Por ejemplo, mientras trabajaba en un restaurante llamado Fogón Llanero, que aún queda en la calle 27 con carrera sexta, servía grandes pedazos de carne y no podía comer ni si quiera lo que dejaban los comensales.

Aunque no es rumbrero, Marlon se reúne con algunos famosos de la televisión colombiana.

Su papá quería un hijo doctor o un profesional en cualquiera de las ramas de la medicina. Por eso él cree que es odontólogo: para cumplirle el sueño a su papá. Becerra hace parte de la novena promoción del Colegio Odontológico Colombiano, del que se graduó como un estudiante promedio en 1983. En 1988 creó la Unidad de Estética Dental solo, sin socios.

Un día le ofreció a uno de sus amigos de la universidad montar un consultorio en compañía,  pero su ex compañero se echó para atrás. Su primera unidad odontológica –una silla de segunda mano–, estaba tan desvencijada que la tenía que sostener con un pie para evitar que los clientes cayeran de espaldas. En su primer consultorio, trabajaba con una asistente que le servía de secretaria, recepcionista y asistente de odontología. Hoy tiene 3 mil trabajadores y trece clínicas en diferentes ciudades del país. Cuatro de ellas quedan en Bogotá y allí le ha diseñado la sonrisa a 10 Miss Universo, Piedad Córdoba, Diego Armando Maradona, Nacho Vidal, Paola Turbay y María Cecilia Botero.

Becerra tiene 3 mil trabajadores y trece clínicas.

Para muchos de sus colegas, Becerra es una persona que cuida el centavo y que no duda en subir y bajar los precios de los tratamientos de acuerdo a las condiciones del mercado, y de acuerdo a la temporada o el momento. Su propósito es lograr que los pacientes  tengan acceso a mejorar su sonrisa y puedan pagarla. Colegas lo critican y dicen que para cultivar su prestigio, recurre a métodos non sanctos, como tomar como propios, casos médicos que han desarrollado otros colegas en sus clínicas. Quizás las anteriores opiniones sean la razón por la cual Becerra dice que no tiene amigos en su gremio. Prefiere hacer amigos más bien entre los músicos. Y tiene unos cuantos como Andrés Cabas, Valeriano Lanchas y Yuri Buenaventura y el pintor Carlos Jacanamijoy.

El cliente que lo llevó al estrellato fue Miguel Sáenz, el papá de tres reinas de belleza, quien le ayudó a difundir su nombre. Aún sus más grandes opositores reconocen que Becerra es un pionero en usar el marketing y la publicidad para vender sus tratamientos. Su exposición en los medios ha sido uno de los motores del crecimiento de su empresa.

Su incursión en el mundo de las cámaras se dio junto a Jorge Emilio Salazar, quien le dio la oportunidad de ser asistente de dirección en la telenovela Pero sigo siendo el Rey (1984), en la que además hizo el papel de Juan Charrasqueado. Dos años después, Becerra dirigió varios capítulos de la popular y repetitiva telenovela Corín Tellado.

Su entrevista con Maradona se extendió por cinco horas.

Si su momento más feliz fue el nacimiento de sus dos hijos, Valeria y Nicolás, el más infeliz fue el día que murió su amigo Jaime Garzón.

Su audacia, a veces le sale y a veces no le resulta. Hace tres años, cuando expuso su estudio sobre la relación entre el corte de las uñas y la curvatura de los dientes en la Universidad de Nueva York, el público lo abandonó hasta que quedaron sólo tres personas en el auditorio. Nadie lo entendió y le debió parecer una fantochería del mundo de Macondo.  Aquí le ocurre todo lo contrario. Los pacientes esperan hasta tres semanas una valoración suya. Marlon Becerra ya no se cubre la boca al reír. Ahora es una celebridad que sonríe sin pudor, porque vive de dientes para afuera.

Fotos: José Giraldo.

  • ivan santiestevan

    pero el es de tunja…..igual una historia de vida espectacular!

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