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El día sin estupidez

El día sin carro solo sirve para recordarnos que Bogotá es una ciudad sin metro, sin ...

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Me hablan mucho de democracia últimamente, así que hoy quiero participar proponiendo un nuevo día pedagógico. Sería algo así como el «día sin carro», pero en referencia a algo mucho más dañino que las emisiones de los vehículos particulares: la estupidez. En el día sin estupidez, usted puede usar su carro y contaminar todo lo que quiera; lo que no puede hacer es comportarse como un estúpido. Al menos no ese día.

Al primero que habría que convocar para que aplique la máxima de esta nueva jornada pedagógica es al alcalde Petro. Y quiero aclarar que no soy un promotor de su revocatoria, todo lo contrario: pienso que muchas de sus ideas son de avanzada y que su discurso político es por lo menos coherente, en especial cuando su ego no lo está contaminando ―en este caso oportunamente― de estupidez. Pero en el día sin estupidez el alcalde se abstendría de hacer declaraciones dogmáticas y tendría que oír los consejos de su gabinete, sobre todo en lo que concierne las habilidades administrativas que ―aunque él no lo quiera― debe tener una persona en su cargo. Que hable cuánto y cuando quiera, pero que lo haga como lo hacía en los debates presidenciales, con lucidez y gran poder retórico, y sin arrogancia, sin dogmatismo, sin estupidez.

Los conservadores que quieren hacer un referendo popular para anular la sentencia que despenaliza el aborto en Colombia serían los siguientes en la lista. De hecho, recapacitando y excusándome por mi propia estupidez, serían los primeros. Esa godarria estúpida de corbata azul, que calienta sus bocas homofóbicas con whisky caro comprado con nuestros impuestos cuando no están chupándole la verga al procurador Ordóñez, esos estúpidos sin vergüenza ni conciencia, estarían obligados a pasar el día sin estupidez relegados en un cuarto oscuro sin pornografía infantil ni versículos de la biblia. Así es: hoy también estoy promoviendo la implementación de acciones pedagógicas coherentes, y qué más coherente que obligar a estos estúpidos sin remedio a pasar un día entero en la oscuridad y sin acceso a lo que más les gusta.

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Los periodistas estúpidos estarían de terceros en la lista. Shakira y Piqué no tienen la culpa de estar en la primera página de todos los periódicos colombianos desde hace cuatro meses; Falcao no tiene la culpa de que lo estén postulando a presidente de la república y a suplente del cardenal Salazar; y aunque el koreano que compuso Gangnam Style sí tiene la culpa de ser un músico mediocre sin dignidad ni creatividad, no tiene la culpa de que su video ridículo haya aparecido en la sección de entretenimiento de todos los noticieros de nuestro país por semanas y semanas seguidas.

En el día sin estupidez, las noticias serían informativas y los periodistas se comportarían de manera absolutamente profesional (¿se me permite plantear utopías irrealizables hoy?). Noticias estúpidas no, por favor. Al menos no por un día entero.

Por último, y para que el lector acabe de reunir sus argumentos para tildarme de estúpido a mí, el día sin estupidez reemplazaría al profundamente estúpido día sin carro. Con este cambio se suprimirían todos aquellos estúpidos e infundamentados discursos sobre conciencia ambiental y salud física, pues basta con salir a la calle para ver que las cantidades de monóxido de carbono que los ciudadanos aspiramos hoy no son significativamente menores a las corrientes, y si lo son, no son lo suficientemente bajas como para justificar la prolongación de una pantomima tan inútil.

El día sin carro solo sirve para recordarnos que Bogotá es una ciudad sin metro, sin tranvía, sin tren de cercanías, sin inteligencia vial, sin cultura ciudadana, sin seguridad y sin solución. En cambio, el día sin estupidez nos permitiría apreciar, de frente y sin disfraz, nuestra ciudad cancerosa y podrida para tratar de quererla tal y como es. Pues la franqueza es lo primero que brota cuando la estupidez se esfuma, y el dolor inocuo que acompaña el pesimismo de ver las cosas como realmente son, después de un tiempo, se convierte en placer. El placer de verlo todo negro.

Así que feliz día sin estupidez. Y cuidado lo coge un bus o le clavan un chuzo para robarle la bicicleta: no queremos que muera de manera innecesaria antes de que el cáncer infeste sus pulmones.

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Información adicional:
El día sin carro contamina más

Imágenes:
Tina Winkhaus

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