Dios es un asesino

22 de enero del 2015

“En nombre de Alá y de Dios se mata a homosexuales y a adúlteras”.

Los seres humanos somos animales refinados, que sabemos llevar al límite los instintos, como el de dominar, para obtener dinero y poder, y con ellos el mundo.

Por dominar se mata, y con el fin de no matarnos mutuamente, se establecieron normas tomadas de la ley natural de no agredir para no ser agredido. No robar, no matar, reglas universales que los cristianos llamamos mandamientos y que cimientan todas las religiones y culturas del mundo. Cortapisas para sobrevivir, que limitaron la libertad y derechos del hombre al lindero de la libertad y derechos de los demás, incluyendo el respeto por la diferencia.

Grupos dominantes formaron naciones y asumieron, como gobierno, el monopolio de la violencia, luego la Revolución Francesa propagó palabras bellas, liberté, égalité, fraternité, con las cuales, a los poderosos que intermitentemente, surgen y se derriban, se les facilitó la dominación, pues esos vocablos les han servido para justificar crímenes, y fanatizar seguidores, ajustándolos y adornándolos a nombre de la democracia, del pueblo, de la paz, y de la religión.

El fundamentalismo terrorista es herramienta eficaz para llegar al poder. En Colombia, chulavitas y cachiporros, mantuvieron la “oligarquía” liberal y conservadora, por décadas. El M19 logró, secuestrando a Álvaro Gómez y asesinando a José Raquel Mercado y a los magistrados del Palacio de Justicia, indulto y premios. (Petro es alcalde de Bogotá; Navarro Wolf, a quien se le reconoce su capacidad y coherencia, ha sido ministro, gobernador, constituyente, senador y últimamente taxista, Carlos Lucio hizo a su esposa Viviane Morales, Fiscal General de la Nación, y esa entidad hoy es fortín de fiscales de izquierda -que profieren sentencias de izquierda-, al punto que la llegada de Eduardo Montealegre no fue una sorpresa, pero escandalizó por su impúdica y pública parcialización de la justicia, y una justicia parcializada puede ser un sancocho, pero no es justicia, a ésta la degradó, como a su Sistema Radial Acusatorio, al escalafón de circo. En tanto, los militares que los enfrentaron en la toma del Palacio de Justicia, están presos. Mientras sigan allí y los ex M19 en el poder, no cejará el hedor a podredumbre que emana de nuestro sistema judicial.

A pesar de su palpable fracaso administrativo y corruptela, los ex M19 son dueños electorales de Bogotá. El terrorismo logró que los delincuentes de ayer, sean hoy gobierno y pontífices de la decencia. No quiero decir con esto que no tengan derecho a resocializarse y gobernar, el dinamismo histórico de la transformación política los respalda y, ni más faltaba, los intereses electoreros de la izquierda son tan justos y mezquinos como los de la derecha, pero no es ejemplarizante asesinar al pueblo, para después pedir al pueblo que los elija, ese no puede ser el camino

Las FARC aprendieron, matan al pueblo en nombre del pueblo, siembran minas en jardines infantiles, inauguran su “cese unilateral del fuego” asesinando diez militares. Gobernarán, igual que el M19, a Colombia, con sus venganzas, con su pena de muerte a opositores, que aplican a milicianos disidentes, y con su economía socialista, para asimilarnos a sus íconos Cuba, Argentina, Nicaragua, Bolivia y Venezuela. Todo en nombre de la paz. Ya en Colombia no aterra  que las FARC maten un soldado, hoy nos indigna que un hacker las espíe.

Ninguno de estos asesinos es tan asesino como Dios, que mostró su talante en los albores del mundo, cuando ordenó a Abraham cometer filicidio contra Isaac. Después, sus muertos se contaron y se cuentan por millones. En su nombre se libran guerras santas, cuyos combatientes son más fanáticos, alienados y sanguinarios que los de las guerras políticas, porque si mueren van al cielo como héroes, semidioses, santos, o mártires.

Matar por Dios y matar por política, tienen la misma motivación de poder y dinero con diferente careta, y solo beneficia a quienes propician y financian las matanzas, descontextualizando los mensajes de los libros sagrados:

“¡Combatid por Alá y sabed que Alá todo lo oye, todo lo sabe!” Corán 2:244:

“El que no está conmigo está contra mí”. Lucas 11, 23:

“Matadles donde deis con ellos”. Corán 2:191-193:

Saca al blasfemo del campamento y que muera apedreado” (Levítico 24:13-16)

“Quien combatiendo por Alá, sea muerto, se le dará una magnífica recompensa.” Corán 4.74

En nombre de Alá, el Estado Islámico, hace alarde audiovisual de degollamiento de infieles, a quienes perdona por plata.

“Voy a sembrar terror en los corazones de quienes no crean: Cortadles el cuello” Corán 8:12:

En nombre de Alá y de Dios se mata a homosexuales, a las adúlteras y a las que no llegan vírgenes al matrimonio

“Si un hombre yace con otro, los dos morirán” (Levítico 20:13).

“Si una joven se casa sin ser virgen, morirá apedreada” (Deuteronomio 22:13,21)

“Al adultero y la adultera, lapidadlos”. (Muwatta, libro 41:8),

En nombre de Dios, los católicos de la inquisición asesinaron y torturaron millares de poseídos; los católicos cruzados, con indulgencia papal, hicieron igual con miles de inocentes, por paganos, moros brujos y blasfemos.

En nombre de Dios se aniquiló el continente indígena.

En el nombre de Alá, Al qaeda destruyó las torres gemelas; en el de Mahoma fueron asesinados los mamagallistas de Charlie Hedbo, y en el de Dios, los genocidios fueron por anticlericalismo y antiateismo; por fundamentalismo islámico y por fundamentalismo cristiano.

Boko Haram extermina cristianos en Nigeria; los sunitas asesinan chiitas en Pakistán; los yihadistas aniquilan cristianos en Irak; los budistas se matan con hindúes en Sri Lanka; los judíos y musulmanes se matan en Israel y Palestina; los musulmanes y cristianos ortodoxos se exterminan en Bosnia y Kosovo, y en Irlanda se aniquilan protestantes contra católicos.

“Esto es guerra religiosa, el que lo oculte engaña a la nación islámica”. Dijo Bin Laden por Al Jazira después del 11S.

En nombre de Alá, 143 niños de la escuela de Peshawar, en Pakistán fueron obligados a orar: Allahu Akbar y recitar el Kalma, –No hay más Dios que Alá, y Mahoma es su mensajero- mientras eran asesinados por los talibanes. Igual que oraban los 200 feligreses cuando fueron  asesinados por las FARC en la iglesia de Bojayá.

Quienes matan en nombre de Dios, y quienes matan en nombre de la paz y la democracia, son iguales, ni el Dios, ni la paz que aluden los asesinos son reales. Ellos abusan de sus nombres sagrados, para utilizarlos como estandartes sangrientos.

Los violentos de derecha o izquierda, que  matan en aras del poder deben ser castigados, no premiados, como se pretende con ISIS y las FARC, los dos grupos terroristas más ricos del mundo, así asesinen en nombre de Dios, de la paz, de la democracia, o del pueblo.

@mariojpachecog

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