La amenaza de Santos

18 de junio del 2016

Históricamente los diálogos son aprovechados por la guerrilla para reclutar y prepararse para la guerra, no para la paz.

opinion

Nunca antes un presidente había amenazado a los colombianos con semejante chantaje. O firman la paz o se inicia la guerra urbana.

Desde el inicio de los diálogos en Cuba, el 87% de los colombianos se opuso por el peligro que encerraban, pero Santos fue sordo. Megalomaníaco, les dio todo a cambio de nada y las FARC se fortalecieron al punto que hoy nos dan un ultimátum. Cada colombiano, incluso los ingenuos partidarios del proceso de paz, tenemos un fusil en la cabeza, y mucho más los empresarios que torpemente los apoyan y que serán los primeros expropiados.

Las FARC son un grupo de delincuentes, que estaba reducido a su mínima expresión cuando Santos los recibió pero él los convirtió en ejército beligerante, par de las fuerzas armadas. Hace años esa amenaza daría risa y los llevaría a la cárcel, hoy aterra, y es el mismo presidente de Colombia quien nos amenaza en su nombre, nos advierte que nos sumirán en el infierno si no cedemos a sus pretensiones.

Como el matón, cada vez que les dio la gana se levantaron de la mesa, mataron soldados y volvieron a sentarse como si nada, alardeando de su poder de asesinato, justificados por el presidente. Así lo hicieron en Arauca el 20de julio de 2013 cuando mataron 15 militares, y el 25 de agosto, también en Arauca otros 13 uniformados, y luego el 15 de abril de 2015, a 11 soldados en el Cauca. Pero los diálogos no se suspendieron. La culpa fue del gobierno, dijeron.

Habíamos creído que con el acto oprobioso de 52 senadores que aprobaron anteanoche el Acto legislativo para la paz, las cosas por ahora, no pasarían de la celebración de los congresistas, las cortes, los contratistas del gobierno, la extrema izquierda y la guerrilla, a quienes se abrió el camino que trasegaron Castro, y Chávez, y Ortega y ahora Santos.

El Acto legislativo para la paz aprobado por 52 votos, blindó los acuerdos de La Habana, aprobó facultades extraordinarias para Santos y entregó el país a las FARC. En un acto inédito en nuestra historia. Jamás un gobierno entregó a los hampones y los delincuentes la dirección del país. Colombia está en sopor por la propaganda oficial de la careta de la paz, desde los medios de comunicación.

Anoche el congreso ahíto de mermelada le abrió el camino del poder a las FARC, para venezonalizarnos, para cubanizarnos. 56 congresistas decidieron la ruina de 40 millones de colombianos.

El problema de la violencia guerrillera siempre había sido tratado como debía ser, como hampones a los que se perseguía y se metían a la cárcel, por eso durante la Seguridad democrática tuvieron guerra los guerreristas, y violencia los violentos. Los colombianos de paz vivimos en paz.

Santos nos puso otra vez a los violentos encima, con privilegios, con la careta sangrienta de la paz, a amenazarnos para que les entreguemos el país.

Históricamente los diálogos son aprovechados por la guerrilla para reclutar y prepararse para la guerra, no para la paz, como pasó en el Caguán, porque la esencia de las FARC, como el alacrán es la de picar la mano que le ayuda.

Santos inició un nefasto proceso de debilitamiento moral y logístico de las Fuerzas armadas. Ahí está ese ministro que nos puso. Es una estrategia perversa, premeditada, denunciada por muchos de nosotros. Sin ejército que nos garantice la seguridad estamos en manos de los hampones. No podemos perseguirlos, castigarlos, porque los soldados se van a la cárcel o a la tumba y los guerrilleros al senado.

Santos los engrandeció. Les quitó el rótulo de terroristas, viajó por las cortes internacionales para darles impunidad a sus crímenes atroces. Les quitó el glifosato, Les quitó la penalidad al narcotráfico, al secuestro, al asesinato, a la extorsión, les permitió cambiar la constitución desde Cuba, y lo peor,  todo a cambio de nada. Si alguien duda todavía que Santos nos lleva hacia el camino del socialismo y al poder de los violentos a culatazo limpio, anoche nos dio otra prueba.

Oyéndolo en el Foro económico mundial,  me pareció oír al atracador: La bolsa o la vida, el celular o nos lo bajamos, la cuota o le secuestramos su hija. O firman la paz o les damos guerra urbana.

Arrastró Santos por el piso la dignidad del pueblo colombiano. Un presidente de verdad no sería vocero de amenazas, sino que se amarraría los calzones y acabaría el terrorismo, ¡que puede vencerse! como hicieron en Perú, como hicieron en España, pero acá, atravesamos una etapa de histórica vergüenza.

@mariojpachecog

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