Sudacas somos

7 de noviembre del 2012

Latinoamérica nace en La Española, en 1492, y deja de ser el paraíso de mayas, chibchas, aztecas, hacaritamas, buenos, crueles, asesinos, virtuosos, emperadores, caníbales y concubinas desnudas en tierra caliente y tapadas en las sierras frías por el frío, no por pudor porque el pudor lo inventaron Adán y Eva, y en este paraíso nunca […]

Latinoamérica nace en La Española, en 1492, y deja de ser el paraíso de mayas, chibchas, aztecas, hacaritamas, buenos, crueles, asesinos, virtuosos, emperadores, caníbales y concubinas desnudas en tierra caliente y tapadas en las sierras frías por el frío, no por pudor porque el pudor lo inventaron Adán y Eva, y en este paraíso nunca se supo de esa pareja.

Latinoamérica nace en La Española, en 1492, porque el 12 de octubre llegaron de otro mundo unos seres buenos, crueles, asesinos…pero diferentes en lo  barbados, rubios, gigantes y en que sí sabían de Adán y Eva y eran lujuriosos, por eso desde el primer día que desembarcó Colón, Michel de Cuneo comenzó a violar a las hermosas y desnudas nativas a punta de látigo. Ah, y lo más importante, traían la codicia marcada en las pupilas.

Moderna esclavitud

170 españoles llegaron a este continente de millones de habitantes y lo arrasaron. El Ejército Inca, famoso por su ferocidad y disciplina, acostumbrado a la guerra, era mortalmente eficaz con sus armas de batalla, armas de piedra, bastones de piedra, hachas de piedra, cuchillos de piedra y flechas; diestros en la honda, de una pedrada en la cabeza mataban a un enemigo a 20 metros de distancia y de un flechazo a uno que se les acercara a 40 metros.

Los 40 mil soldados incas eran atletas en su tamaño, luchadores en su categoría, los españoles eran más grandes que el inca más grande y venían alucinados con la locura del oro que los hizo absurdamente atrevidos. Aterrorizaban con sus vestidos de hierro, corazas, yelmos, mallas, cotas, penachos, escudos todo de hierro, hierro filoso cabalgando en bestias humanas de cuatro patas, dos cabezas y dos brazos que para más horror venían con dos mil perros, leoncicos, brutos, que destrozaban aborígenes… y pólvora. Arcabuces, ballestas y cañones contra sus hondas de una sola piedra, y el arma más letal: la religión, que les permitió desollar, mutilar, ahorcar, quemar, aperrear, torturar a los infieles y eso fue lo que nuestros antepasados españoles  hicieron a nuestros antepasados aborígenes.

Nuestros abuelos asesinaron a nuestros abuelos y el paraíso prehispánico dejó de ser lo que era y nos convertimos en latinoamericanos, sudacas, criollos, mestizos, cholos y no sé cuándo diablos empezamos a creer que eso era malo y que solo una parte nuestra, la de nuestros abuelos europeos que violaron a nuestras abuelas indias, era buena y que la sangre se había dañado con la mezcla. Y entonces comenzó una pugna interior para ser como el padre de mejor cuna, casi siempre de ojos grises, verdes, azules y a querer parecernos a ellos. Hablamos español, nos tinturamos de rubio, usamos faja, vamos a misa y cuando nos metemos en su casa y creemos que nos tienen por sus iguales nos denuncia la raza, nos avienta la pobreza, nos descubre la malicia, nos sapean las inseguridades por parecer lo que no somos y por tratar de ignorar un pasado y una herencia que quisiéramos disculpar como si hubiera sido vergonzosa, en lugar de tomarla como una diferencia orgullosa entre la multiculturalidad universal.

El problema no es que seamos los otros sino que nosotros nos creemos inferiores para ser los unos, y pretendemos disfrazarnos en aras de ser aceptados en un mundo con estatutos hechos por poderosos que califican los valores humanos por  riqueza, raza, región y religión. Latinoamérica tiene riqueza que no basta, porque desde el siglo XVI nos engañan con espejitos y nos mantenemos pobres entre potosís de plata, mares de esmeralda, minas de oro, toneladas de café, racimos de banano y subsuelos petrolíferos, pobres, pobres, porque los unos se trasladaron hasta donde nosotros los otros, para recibirse así mismos los cheques a cambio de nuestros recursos naturales no renovables. Nos quedaron huecos donde hubo riqueza, pero aún si volviéramos a tener la riqueza donde están los huecos seguiríamos siendo pobres, porque la pobreza no está en los bolsillos de la tierra sino en nuestra cabeza. La serpiente le dijo a Eva: “Si queréis ser como Dios morded la manzana prohibida” en eso estamos los latinos, queriendo morderla para europerizarnos, para hacernos a una semejanza que no vale la pena, lo que vale la pena es entender lo que somos, amar lo que somos, progresar y hacernos respetar por lo que somos.

Moderna esclavitud

Existe una identidad latinoamericana, y desde la perspectiva sociológica una unidad plural, disímil, distinta, negra, blanca, mestiza, aborigen; tenemos conciencia de continente, hemos sido formados en la historia y hemos  manifestado nuestra voluntad de autodeterminación en lo político, lo social y lo cultural. Compartimos una lengua, similares condiciones económicas, tradiciones parecidas y el mismo pasado.

Los latinoamericanos somos distintos como distintos son  los europeos y esa singularidad, ese ser distinto es el que vale. El latinoamericanismo es una entidad sociológica con  características genéricas y genéticas derivadas de la violencia de la conquista, seguida por la violencia de la independencia y continuada en las violencias modernas de Montoneros, Sendero Luminoso, FARC, ELN, Ejército zapatista EZLN, FAP, Descamisados, etc.

El latinoamericanismo es producto de ese pasado y de este presente alimentado, además, por la injusticia social, el militarismo, el narcotráfico, la cultura traqueta, el chafarotismo, los golpes de Estado, la acumulación de la tierra, las castas políticas y la corrupción, pero de sobremesa está servida la esperanza, el optimismo, la juventud y la verraquera.

Cliquee aquí: blanco bueno mestizo malo

@mariojpachecog

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