Ana Consuelo: una maestra que hizo país desde la danza

18 de junio del 2019

Se enamoró del ballet a sus 3 años.

Ana Consuelo: una maestra que hizo país desde la danza

Foto: Kienyke.com

“Esta es mi vida: la danza y el ballet… y bailaré hasta que Dios lo permita” así despidió Ana Consuelo Gómez una de las últimas entrevistas que le concedió a Kienyke.com, hace un par años. Y así lo hizo: bailó hasta que Dios se lo permitió.

‘Anita’, como le decían sus estudiantes, era la directora de la academia de ballet más reconocida del país, que lleva el nombre de una de las más grandes bailarinas de la historia: Anna Pavlova y que era una de sus referentes al hablar de ballet y movimiento.

La gran Ana Consuelo, aquella mujer que dedicó su vida a formar bailarinas y bailarines, tal vez unos de los mejores del país, falleció este martes. El cáncer de estómago le ganó la batalla después de luchar varios años contra él.

Fue sin lugar a dudas una de la pioneras del Ballet y la danza expiremental en Colombia.

A Kienyke.com, casa editorial con la que tenía gran cercanía y la cual lamenta profundamente su partida, le contó en varias oportunidades sobre sus orígenes, sueños, peleas. También contó anécdotas y vivencias.

Ana Consuelo baila desde los tres años de edad, desde que su madre, Ana Caballero, la metió a clases de ballet, a esa edad, supo que el movimiento era su pasión.

Las entrevistas con la maestra Ana Consuelo se convertían con facilidad en largas tertulias sobre sobre arte y cultura. Contó que de niña era una mujer callada, encerrada en sí misma, al punto que algunos de sus familiares pensaban que ella, la hija de Ana Caballero de Gómez, una bailarina frustrada, y Manuel Gómez Echeverri, un inquieto comerciante, era muda. Pero todo cambió el día que pisó un salón de ballet.

“Me enamoré pasionalmente del ballet”, dijo la maestra.

Ese mismo amor por la danza lo tenía su madre, quien en su juventud quiso ser bailarina, pero las condiciones de aquel momento no se lo permitieron, así que al ver que su hija se había conectado con el ballet, apoyó desde siempre su proceso artístico.

Ana Consuelo, sin haber cumplido los seis años, pudo llegar a The School of American Ballet de New York, una de las escuelas más importantes de América. Luego, a los 10 años, viaja a Francia y en París estudia con las mejores profesoras de ballet del mundo. En Europa se forma hasta los 18 años, cuando regresa a Bogotá a acompañar a su mamá, tras la muerte de su padre.

La situación económica no fue fácil en los años siguientes, pero Ana Caballero, aquella madre que supo empujar la carrera de su hija, en 1961 gastó sus esfuerzos para fundar una academia de ballet para que su hija pudiera asegurarse un futuro: La Academia de Ballet Ana Pavlova.

Aunque logró pertenecer a los grandes grupos de danza del mundo, toda su formación la utilizó formar brillantes bailarines de Colombia.

Era una mujer seria. Le quedó marcada la idiosincrasia europea, pero fuera del papel de maestra era amorosa y cálida. Dentro de su academia, que llegó a ser la más famosa del país, era estricta. Formando a los mejores no había mucho espacio para guiar con delicadeza.

Para los coreógrafos en el escenario no hay debilidad, y los llamados de atención y hasta los gritos fortalecen dicha formación y eso era algo que algunos padres de sus alumnos no entendían, era algunas de las cosas que más le molestaba a Ana Consuelo.

Otra de las peleas que la profe ‘Anita’ libró desde su posición como abanderada del arte y la cultura tuvo que ver con su crítica a los diferentes gobiernos de turno, departamentales y nacionales, frente a poco o nulo apoyo que estos le brindaban a las dinámicas artísticas que movían el país.

En una de las tantas entrevistas que entregó dijo “Este país está lleno de dificultades para las personas que queremos hacer arte. Somos unos quijotes. No hay programas de Estado que busquen incentivar la calidad del ballet. He tenido que hacer maromas casi circenses para salir adelante”

En 2003 creó otro de sus orgullos personales, un proyecto que llamó Danza Experimental, que es básicamente el experimento de reinventar la función y el significado de la danza para yuxtaponerla con la interpretación.

La maestra Ana Consuelo Gómez dedicó su vida a hacer país desde la expresión artística de la danza clásica.

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