Contradicciones en el caso del joven grafitero asesinado

Contradicciones en el caso del joven grafitero asesinado

22 de noviembre del 2011

El 19 de agosto a las 10:15 p.m. Diego Felipe Becerra, de 16 años, fue asesinado por el patrullero Wilmer Alarcón. Desde entonces las versiones han sido contrarias. La defensa del patrullero afirma que Becerra estaba armado y que el policía le disparó en legítima defensa. Los amigos que acompañaron al joven esa noche han expresado que sólo estaban haciendo unos grafitis en el camino y que el patrullero le disparó por la espalda al joven, a menos de dos metros de distancia, porque éste no se detuvo. Ahora un informe de Medicina Legal, que señala que el arma que le encontraron al joven estaba dañada, y un interrogatorio del patrullero Alarcón, que dio en la mañana del 10 de octubre, ante la fiscal 13 de vida y en el que se contradice, vuelve a señalar que en este caso pudo existir un montaje judicial para incriminar a un joven inocente cuyo único delito fue no atender a una orden de pare de la Policía.

En el interrogatorio Alarcón afirmó: “Yo le grité que se detuviera, alto, deténgase, Policía, yo lo perseguí y al llegar a la calle 116 A yo estaba atrás como a dos metros en persecución para capturarlo, cuando veo que el manda su mano derecha, no sé si fue al bolso que llevaba o a la pretina de su pantalón, gira su cuerpo hacia la derecha, veo que es una arma de fuego me dispara y yo le disparo. El disparo no me impacta, fue casi al mismo tiempo, el muchacho se desploma en la calle 116 A con carrera 71 D (…) cae al piso, me dice ayúdeme, ayúdeme, yo me acerco, (…) lo tomo del hombro izquierdo para alzarlo, cuando veo que en su mano derecha tiene la pistola, metida entre sus dos piernas, como en posición fetal, cuando lo tomé del hombro, la pistola se desliza sobre su rodilla por el pantalón y queda en el piso al lado del sardinel, del andén. Le reporto a la central lo que había sucedido y le doy los primeros auxilios, le reviso su espalda y tiene un impacto en ella. (…) lo levanté, en ese momento pasaba una camioneta, le pedí el favor de que me ayudara a llevarlo a la clínica Shaio. En ese momento llegó mi compañero el patrullero Rodríguez en un Renault Logan, le dije que lo llevaba para la clínica y que ahí quedaba una pistola. (…) Me quedé afuera esperando qué pasaba después, de ahí como cuarenta minutos después, dan la noticia de que el muchacho había fallecido”.

Los compañeros de Diego Becerra marcharon en agosto para que se conozca la verdad y se juzguen a los culpables.

Sin embargo, el fiscal confronta al patrullero Alarcón diciéndole que en una grabación anterior, conocida públicamente, el patrullero Alarcón dice “Central, creí que tenía un arma” y que por eso el fiscal no entiende por qué esta vez no sólo dice haber visto el arma sino que la misma fue accionada una vez por el joven.

El patrullero contesta la pregunta diciendo que la contradicción está sustentada en que estaba nervioso, que era la primera vez que le disparaba a alguien y que cuando le reporta a la central está tartamudeando, que sí dijo que estaba armado y no entiende por qué eso no quedó en la grabación.

A pesar de esa justificación, al parecer, hay una nueva prueba que evidenciaría que el policía está mintiendo. El informe del grupo de balística de Medicina Legal indica que la pistola que la Policía entregó como prueba de que el joven Becerra estaba armado está dañada. “La parte superior de la pistola marca Sterling se encuentra defectuosa, impidiendo que los cartuchos allí alojados salgan normalmente. En otras palabras, cuando la corredora es llevada hacia atrás y se suelta, con el fin de introducir el cartucho en la recamara, éste sale del proveedor y se aloja en la parte inferior de la recámara, quedando la corredora semiabierta.

Diego Becerra tenía 16 años. Sus padres han manifestado que el caso de su hijo es un montaje judicial.

De ahí que, para llevar a cabo los disparos, fue necesario introducir manualmente el cartucho en la recámara y una vez realizado el disparo, sacar manualmente la vainilla de la recámara; dicha operación se realizó en tres oportunidades”, dice el informe. ¿Diego Felipe Becerra tuvo el tiempo suficiente para disparar un arma que requería esa operación para ser disparada cuando emprendía una huída? ¿El informe de Medicina Legal que afirma que Becerra no disparó un arma está equivocado? ¿No disparó en una oportunidad, como dice el patrullero Alarcón, sino que alcanzó a disparar tres veces con un arma defectuosa en esa persecución?

Asimismo, en el interrogatorio, el patrullero Alarcón nuevamente se contradice, porque afirma que sólo se quedó unos minutos fuera del hospital antes de regresar al lugar de los hechos. ¿Al fin qué? ¿El patrullero Alarcón esperó a las afueras del hospital 40 minutos hasta que le informaron que el joven había muerto o regresó nervioso pocos minutos después de dejarlo en la clínica al lugar de los hechos?

Éstas y otras preguntas son las que deberá aclarar el patrullero este miércoles, cuando atienda a la indagatoria a la que está citado. Un caso controversial que aún no termina por aclararse.