“Coronel Plazas, salve usted la patria”

“Coronel Plazas, salve usted la patria”

2 de febrero del 2012

En medio de extrema derecha indignación por la bellaquería cometida y adolorido como estamos todas las gentes de bien que creemos en las virtudes disuasivas de la desaparición forzada, haciendo de tripas corazón seré muy objetivo en el análisis de la ilegal condena contra mi coronel Plazas Vega.

Lo primero que debo anotar es que el egregio militar, el pundonoroso jinete de los tanques de la patria, cometió un error, de entrada, cuando salvó a Colombia del terrorismo en la toma del Palacio de Justicia: no ha debido jamás decir que se encontraba allí “defendiendo la democracia, maestro”. Primero, porque lo que hicimos aquella vez sí fue un golpe de estado ¡y qué! como lo vamos a dar muy pronto. Cuál democracia. Afortunadamente este país jamás se ha dejado tentar por tamaño embeleco, invento gay de los terroristas franceses de 1789. Y segundo porque el término “maestro” en coloquial contexto, proviene de los hippies de los años y de la calle 60 de Bogotá, de todos esos mariguaneros que destrozaron la moral y las buenas costumbres y que regaron el virus del rock, la peste del amor libre y, lo peor, el germen infeccioso de la paz.

Ante el acto terrorista del Tribunal Superior de Bogotá de condenar a Plaza Vega y de pedir investigar a un máximo poeta como Belisario Betancur, dizque porque en esa batalla contra el terrorismo desaparecieron once personas (la verdad fue que salieron a hurtadillas, se suicidaron y entre ellos mismos se enterraron en perdidas fosas) llamo a todas las fuerzas vivas y a las muertas también, para que detengamos de una vez por todas esta falacia de la justicia, y en pronunciamiento militar y golpe de Estado, acabemos a cañonazos de nuestros ya envejecidos pero gloriosos tanques Cascabel, una vez más a la banda de pícaros de la Corte Suprema y en general a todo el poder judicial.

Llamo a las legiones del uribismo, a las espartanas escuadras del divino Partido Conservador, a las simpáticas Bacrim, a todos los ofendidos por este acto aleve contra la justicia y desde luego, a las Fuerzas Amadas, para que esta vez seamos nosotros quienes nos tomemos el Palacio de Justicia, para en apocalíptico y purificador juicio final, arrasemos con todas las cortes y tribunales. ¡Golpe de Estado ya contra la Justicia!

De esta manera no sólo salvaremos del escarnio a Plazas Vega y al gran vate de Amagá, sino que quemaremos en católica pira (como lo hicimos en 1985), todos los procesos inconvenientes adelantados contra los diversos individuos de nuestras huestes de la Seguridad Democrática.

Por esta digamos… acción directa… que adelantaremos en estos días en la Plaza del hampón ese del Bolívar, le pedimos comprensión al gobierno nacional y a la ciudadanía. No vamos a cerrar el Congreso (faltaría más, sería como patear la lonchera) ni pretendemos derrocar a Juan Manuel Santos, aunque a veces nos gustaría poner allí a un coronel que arregle esta vaina a tiestazos. Y si por algún azar las tropas y las masas asaltan el Palacio Liévano, sede de la Alcaldía de Bogotá, y deponen al Petro terrorista y a su comandante Navarro, pues será un acto espontáneo ese sí de justicia. No vemos con malos ojos que arda el Liévano. ¡Inquisición, divina hermandad, Santo Oficio bendito! Que las piras vuelvan a encenderse y que los impíos y ateos ardan en el purificador fuego de la U.

Simultáneamente (imagino y veo el emocionante retablo) las propias tropas irán a liberar de las mazmorras al coronel Plazas Vega y en posterior varonil desfile, marcharán las cuatro armas llevando en andas al héroe de la patria y detrás de él, instalado en marcial cureña, pondremos al maestro Belisario Betancur de blanca túnica vestido, recostado en sus propias carnes y cual Nerón de la cordillera central, comiendo uvas, recitando versos y en sus ojos refulgentes brillando las lenguas de las llamas del palacio.

En cuanto a lo de Corte Penal Internacional, esa vaina sí me da risa. Si lo que están pretendiendo es juzgar a nuestro Supremo Señor Álvaro Uribe Vélez, no están ni tibios. Eso no es más que un apéndice de las FARC y del Hollman Morris, quien ahora destilará todo su veneno anti católico desde el Canal Capital. Por cierto, ¿dónde queda esa vaina a ver si alcanzamos a echarle un cohetecito para prenderle candela?

¿Desaparición forzada de quién? ¿De unos empleaduchos, de unas señoras de los tintos y de un par de simios del M-19? ¿Se han puesto en tanto problema y gasto durante 26 años para investigar el destino de esos vagabundos? ¿Es que acaso no tenemos derecho, como en toda república que se respeta (loor a nuestros amos del Norte), a las llamadas bajas colaterales? ¿Que salieron con vida del palacio? Pero si ya eran almas muertas, pasto del infierno, izquierdistas todos, desaparecidos ya para la iglesia, pecadores que deben agradecer las purificadoras llamas.

Y les ha dado por la medio pendejadita de que pidamos perdón públicamente. ¿Por haberle cumplido a Dios y a la patria? Lo que debemos es exaltar como altar de la patria a la Casa Museo del 20 de Julio, en la cual, esta vez y no en la jornada marxista de 1810, sí hubo verdaderos héroes que interrogaron hasta las últimas consecuencias con todas las técnicas propias de la inteligencia militar, a toda esa caterva de sospechosos que eran culpables de la toma.

Por fin la llamada Casa del Florero fue cuna de civilización y de derecho. Propongo cambiarle el nombre y llamar desde hoy y para siempre Casa Museo Plazas Vega y sacar de allí todas las vainas esas del 20 de julio y poner, en su lugar, las lindas cenizas del palacio, los quemados expedientes y hasta el teléfono desde el cual el traidor magistrado Reyes Echandía trató de convencer a Belisario de que detuviera la historia y que se dejara joder de los sediciosos, cuando en aquel día ya lo habíamos momentáneamente depuesto para poder adelantar a nuestras ancha y con nuestro héroe Plazas a la cabeza, la redentora faena de tierra arrasada, nuestra criolla “blitzkrieg”. Y por mera libre asociación de ideas e ideologías, me pregunto: ¿si Hitler quemó el parlamento, por qué no podemos nosotros quemar el Palacio?

¡Carajo, estoy ardiendo! No sólo no vamos a pedir perdón sino que volveremos a quemar. Nos gustan los fuegos, sobre todos los fuegos fatuos. Y además, esos cadáveres nunca los van a encontrar, porque en aquella ocasión y por primera vez, a los cuerpos debidamente torturados les aplicamos las técnicas de pulverización que años después hicieran las delicias de nuestros descendientes de las AUC.

A los dos hampones magistrados del Tribunal Superior de Bogotá que fallaron contra Plazas y Betancur, les vamos a dar de su propia medicina. Los vamos a juzgar por traición a la patria, y sus jueces serán los togados José Obdulio Gaviria, Fernando Londoño y ‘Macaco’.

Bien por su reverencia Alejandro Ordóñez que ha puesto graciosamente al servicio de nuestra causa a la Procuraduría General, para que ataque a la justicia y defienda a la milicia. La cruzada ha empezado. Con la cruz y la espada de nuevo erradicaremos a los infieles. No hubo desaparición forzada sino una fuerza desaparecida, la del terrorismo y sus cómplices distribuidoras de tintos.

Lo repito: ¡Golpe ya! Y si lleva del bulto Santos, pues será por sus vainas torcidas de leyes de víctimas y demás. Quemaremos la basura socialista, los jueces terroristas. No prosperará la vendetta. ¡Coronel, salve usted la patria!