El hombre de la bala en la cabeza

El hombre de la bala en la cabeza

12 de abril del 2011

Los médicos decidieron dejarle la bala en la cabeza. El proyectil que disparó un guerrillero del M-19 contra el Land Rover en que iba Edwar Cobos Téllez, a sus doce años de edad, se quedó en su cabeza. Se convirtió en una célula más. Marcó su destino. “Diego Vecino”, el hombre con una bala en la cabeza, fue capaz de matar a once personas en María La Baja, en 2000; no le importó desplazar a setenta mil personas en Sucre y, mucho menos, mandar a matar a noventa miembros de la Unión Patriótica.

¿En qué piensa “Diego Vecino” mientras camina con su iPad en la mano y su camisa Lacoste por la granja de La Picota? Es el coordinador, nada más y nada menos. ¿Cómo podría untarse las manos de tierra allí, si no lo hizo en sus propias fincas de ganado Angus en Cesar, y de sorgo, maíz y algodón en Valencia, Córdoba? En una de esas fincas fue secuestrado por 22 días el 24 de agosto de 1995, hasta que escapó. Ese acto de valor  hizo que se ganara las felicitaciones del ganadero antioqueño Javier Francisco Piedrahita, quien le presentó a al líder paramilitar Carlos Castaño quien, a su vez, le presentó a Rodrigo Mercado Pelufo, alias “Cadena” (Lea aquí su historia). Esos fueron sus primeros pasos en el paramilitarismo: una reunión en un kiosco de Urabá con Carlos Castaño a finales de 1997, y una carta enviada a su casa del barrio La Castellana, en Montería, donde Castaño resaltaba sus cualidades para ser el comandante del Bloque de las Autodefensas Campesinas de Córdoba. En ese mismo barrio vivía Salvatore Mancuso. Por esa cercanía le pusieron el alias de “Vecino”.

Con un iPad y libros, pasa los días “Diego Vecino” en la cárcel La Picota.

¿Será posible que suenen en su conciencia los gritos de los quince campesinos de Macayepo, asesinados con garrotes, machetes y piedras? ¿Recordará la muerte silenciosa de las 27 personas degolladas y golpeadas con un mortero en la cabeza en Chengue? ¿Pensará en el bebé asesinado en la masacre de once personas en Chinulito? ¿Y en los incendios y los seis muertos de Pijiguay? ¿Tarareará los vallenatos que oyeron los 300 paramilitares en la cancha de baloncesto de El Salado, mientras degollaron, decapitaron y torturaron a más de cien personas con motosierras, destornilladores, piedras y maderos? ¿Pensará en las cabezas decapitadas cuando ve un balón de fútbol?

Nada de esto es exagerado. Su bloque, Héroes Montes de María, tiene registradas 6.686 víctimas en el Sistema de Información de Justicia y Paz (SIJYP). El día de su desmovilización, el bloque entregó 365 armas ‒265 largas, 75 cortas, 25 de apoyo‒, 93.230 unidades de munición de diferente calibre, 410 granadas, 73 radios portátiles, 11 radios de base y 4 vehículos.

Pero todas esas armas, dice, quedaron en el pasado. Ahora pasa su tiempo entre la granja y los libros. Fue el bibliotecario de La Picota, y en sus descansos leyó Los sueños de mi padre, de Obama; una biografía de Mao Tse Tung, Cien años de soledad, Ética para amador y Política para amador. ¿Será que el lenguaje claro de estos dos libros de Fernando Savater, casi infantil y ridículo, ha tenido algún efecto en la mente de “Diego Vecino”? En ese libro, Savater cita una frase de Sartre, “estamos condenados a la libertad”, perfecta para él, que camina con los pasos de un duque en sus dominios, aunque ni siquiera cuando salga de la cárcel y pagué sus deudas al fondo de víctimas, estará en paz con su conciencia.

http://www.youtube.com/watch?v=y_GCkP5WzUU

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