Manifiesto de vida

Hoy me detengo. No por cansancio, sino por claridad. Y me miro, sin juicio… pero sin mentiras.
Créditos:
Cortesía Jivan Garcha

Vivir sin traicionarse en tiempos inciertos.

Hoy no vengo a decir verdades,
vengo a decir lo que queda
cuando todo se ha aquietado.

La vida no es promesa,
es un tránsito silencioso
donde uno aprende, tarde o temprano,
a mirarse sin ruido.

Y yo…
muchas veces no supe hacerlo.

Viví hacia afuera.
Sostuve, busqué, insistí.

Amé…
o al menos creí que lo hacía,
porque a veces amar
era no quedarme conmigo,
era llenar el espacio
donde no sabía estar.

Y en ese movimiento constante,
sin darme cuenta,
me fui dejando.

Hay una forma lenta de perderse
que no duele de golpe.

Sucede en decisiones pequeñas,
en silencios evitados,
en momentos donde uno sabe
que algo no es verdadero…
y aun así se queda.

Hoy me detengo.

No por cansancio,
sino por claridad.

Y me miro,
sin juicio…
pero sin mentiras.

Me pregunto,
con una calma que antes no tenía:

¿esto que he vivido
ha sido mío…
o ha sido una forma de no enfrentarme?

Sí…
quise sentir,
quise compartir,
quise no estar solo.

Pero, ahora entiendo
que no todo lo que acompaña…
sostiene.

Y que no todo lo que alivia…
es verdad.

He aprendido
que el exceso también vacía,
que la prisa también pierde,
y que uno puede rodearse de todo…
y aun así no estar.

Hoy elijo distinto.

No desde la urgencia,
no desde el miedo,
no desde la necesidad de llenar.

Elijo desde algo más simple…
y más difícil: no abandonarme.

No tengo certezas.
No tengo garantías.
No sé cuánto tiempo hay.

Pero sé algo que antes no sabía sostener:
la forma en que me trato
define la forma en que vivo.

Ya no quiero explicarme.
Quiero estar en paz.

Ya no quiero demostrar.
Quiero reconocerme.

Porque hay una pregunta
que regresa cuando todo se queda en silencio:

¿he sido fiel…
o solo he hecho lo que era más fácil?

Mírate.

Sin apuro.
Sin excusas.

Como quien por fin se encuentra
después de mucho tiempo.

Y responde:

¿te elegiste…
o te dejaste?

Porque al final
la vida no pesa por lo que hiciste,
ni por lo que lograste,
ni por quién estuvo.

Pesa por algo más íntimo:
cuántas veces te fuiste fiel
cuando era más fácil abandonarte.

Y cuando todo se calme,
cuando ya no haya lucha,
ni ruido,
ni necesidad de huir…
quedará solo esto:
no te desgasta la vida…
te desgasta lo que aceptaste
sabiendo que no eras tú.

Creado Por
Armando Martí
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