Feliciano en el Congreso

Feliciano en el Congreso

26 de julio del 2012

Feliciano Valencia tomó los señalamientos con calma: colaborador de las Farc, instigador de la violencia contra las fuerzas militares en Toribío y tantas cosas más. Salió del Salón del Congreso para respirar un poco de aire y regresó. Saludó a los militares que lo saludaron y tomó un poco de agua.

Vestido de blanco, como lo hacían los gobernantes griegos para demostrar que no tenían mancha o tacha alguna, Feliciano apagó el celular, subió al estrado y sacó su mejor arma, el arma de los indígenas: la palabra. Tal vez el planteamiento de paz que llevaba para su intervención se quedó  dentro de su mochila Nasa, apurado por sacar su nombre del lodo. Se presentó sin titubeos: “El indio que va a hablar aquí no es guerrillero ni miliciano”, dijo con simplicidad e inmediatamente impuso respeto.

Repitió las palabras que le han oído mil veces a su comunidad; los indígenas del pueblo Nasa en los cabildos del Norte del Cauca. Despejó con firmeza titulares tomados de los medios y repetidos por los congresistas en sus intervenciones. Aclaró una vez más que esa guerra no es de ellos, que respetan la institucionalidad pero que tanto a la guerrilla como al ejército se les pide que se vayan de sus tierras ancestrales. Que esos “indios” que han estado en el medio, y que han resistido como ningún otro colombiano, lo único que han sido es víctimas. “Desde que le apostamos a ser partícipes de ese pacto social en 1991, nos reconocemos como colombianos, nos consideramos colombianos y no vamos a renunciar a ese derecho”. También les pidió a los militares y a quienes lo acusaban que denunciaran su nombre ante la Fiscalía con pruebas.

Feliciano Valencia
Feliciano observó que los Representantes estaban desconcentrados y no tenían ningún interés en las palabras del Ministro de Defensa.

“Los muertos que hemos puesto son suficientes y es hora de ponerle salida a este conflicto, nos regalamos para la paz, ofrecemos nuestros territorios para dialogar, le hemos dicho al Gobierno: permítanos tener acercamientos con los grupos armados para discutir la paz (…). Defender un territorio en el contexto de militarización y agresión sistemática por parte de los grupos armados y el Ejército no es fácil, pero venimos haciéndolo y seguiremos haciéndolo, manteniendo el control territorial, sin rebasar las leyes (…) Queremos fortalecer la confianza y por eso le decimos, señor Ministro, que adelantar un proceso de judicialización a quienes le ponemos la cara a esto no es justo si queremos avanzar. Estigmatizar no es justo si queremos crear confianza. Desde el corazón se lo planteo”.

El turno entonces fue para el ministro de Defensa Juan Carlos Pinzón, quien a través de una larga intervención con cuadros y estadísticas intentaba demostrar la efectividad de las fuerzas militares. Sin distraerse, Feliciano observó a los 30 Representantes desconcentrados y sin ningún interés en las cifras y datos que exponía el Ministro. Tampoco parecía interesarles ni su discurso ni la realidad de su pueblo. Apretaba su mochila.

Feliciano Valencia
Feliciano Valencia, líder indígena del pueblo Nasa en los cabildos del Norte del Cauca.

El congresista Iván Cepeda, quien invitó a Feliciano, no perdió la oportunidad para enfrentar verbalmente las Fuerzas Militares. Dijo no entender cómo el pasado 20 de julio el Presidente le había rendido homenaje en el Capitolio al militar que lloró, olvidando al indígena que al día siguiente fue asesinado. Palabras que le suscitaron el siguiente comentario a uno de los camarógrafos presentes: “Las lagrimas se secan pero los muertos no se reviven”.

Feliciano mantuvo la distancia. Sin abrazos ni hipocresía, cruzó uno que otro apretón de manos y sus pasos siguieron los del representante Iván Cepeda para evitar extraviarse en el laberinto que es el Congreso de la República.