¿Quién es el decano de Derecho donde estudia Ferleyn?

¿Quién es el decano de Derecho donde estudia Ferleyn?

1 de marzo del 2012

Desde hace siete años, el penalista Iván Cancino es decano de la Facultad de Derecho de la Universidad Republicana. Allí se graduará Ferleyn Espinosa, el joven que salió del anonimato esta semana por cuenta de la demanda que presentó ante el Consejo de Estado para pedir la nulidad del proceso de elección de la fiscal general, Vivianne Morales. Este documento será su tesis de grado.

Cancino como su padre, Antonio José, combina la academia con el ejercicio del proceso penal. Defiende sin prevención a decenas de personas acusadas de distintos delitos. Fue la cabeza, por ejemplo, del largo y engorroso proceso de la familia Gilinsky contra Bancolombia, que después de nueve años terminó en una conciliación que favoreció a los empresarios caleños.

Este penalista siempre ha estado en un hall de la fama. Hoy, a sus 35 años y 12 de ejercicio, es uno de los más reconocidos en el campo penal. Aún así cree que tuvo que madurar biche cuando su papá, en uso del buen retiro, le decía que se fuera a litigar y volviera con el caso ganado.

Con sus gafas grandes y pelo engominado hacia atrás, parece un niño aplicado. En su oficina del centro de Bogotá hay montañas de procesos por todos lados, billetes y monedas en cada esquina, libros de Derecho Penal, revistas del corazón, la novena del divino niño en varias ediciones, una foto con la modelo Adriana Arboleda y una revista donde Natalia París aparece como Dios la trajo al mundo. Una oficina que refleja sus múltiples intereses, entre los que está su vocación como docente. Como decano de la Universidad Republicana, le gasta tiempo a orientar estudiantes en la profesión que lo apasiona.

Habla rápido, tiene agilidad mental y es recursivo en el lenguaje. Gana de cero a 1.000 millones por un proceso, pero dice que defiende a mucha gente gratis porque cree en que el servicio social es esencial en su profesión. Quiere llevarse al mundo por delante y, en esa dinámica, tiene procesos pequeños y grandes, como el del polémico ex asesor presidencial José Obdulio Gaviria en el caso de las “chuzadas”, el del ex secretario general del Ministerio de Agricultura Juan David Ortega por el caso de Agro Ingreso Seguro y al ex contralor de Bogotá Miguel Ángel Moralesrrusi por el ‘Carrusel de la contratación’. “Ese muchacho le hace honor a su estirpe”, dijo su profesor Ramiro Bejarano.

Ferleyn Espinosa salió del anonimato después de que el Consejo de Estado le dio la razón sobre al ilegalidad de la elección de la Fiscal.

Está convencido de que el nombre de su papá le ha ayudado mucho, pero ha querido marcar su propio rumbo. Por eso les pide a sus clientes que no le digan “doctor”, porque así llamaban al viejo Cancino, y prefiere que lo llamen “abogado Iván”. Heredó el prestigio de su papá y también sus enemigos, cuando defendió al ex presidente Ernesto Samper en épocas del Proceso 8.000.

Es abogado de la senadora Dilian Francisca Toro, del ex congresista Habbig Mereg y de otros personajes como la empresario del chance Enilce Lóez, ‘La gata’, y de su hijo el ex representante a la Cámara Héctor Julio Alfonso López, procesados por parapolítica. Cuando se le pregunta si su prestigio se lo debe al hecho de pertenecer a la famosa “rosca” del Externado, Cancino suelta una ráfaga: “Me enorgullezco de no pertenecer a ella”.

Este hincha de Millonarios y ex campeón distrital de microfútbol, se enorgullece de hablar de sus casos ganados, como el del científico colombiano Manuel Elkin Patarroyo por un presunto de tráfico de especies; el del ex viceministro del Transporte Juan Alberto Páez, en el caso de Dragacol, y otros no tan sonados, como el del ingeniero José Joaquín Ortiz, dueño de la empresa Joyco, a la cual la Fiscalía acusó de terrorista.

En medio de todo es vanidoso y, aunque no lo proyecta, le gustan las buenas marcas. Usa zapatos y corbatas Salvatore Ferragamo y utiliza gafas, desde que nació: son Hugo Boss o Cristian Dior. Pocas veces usa reloj, pero cuando lo hace es de marca Cartier. No utiliza escoltas, camina solo por las calles, no delega sus procesos, maneja su propio carro, le gusta el vallenato y no le importa estar gordo o flaco.

Le gusta la controversia y, como buen penalista, se mide con otros colegas no tanto por la marca del carro sino por los procesos. Este papá de dos niñas no tiene una imagen prefabricada y no utiliza oficina de comunicaciones para vender su nombre.