“Si no es mía no es de nadie”

“Si no es mía no es de nadie”

13 de junio del 2012

Texto y fotos por Francisco Argüello.

Desfiguró un rostro, anda libre y sus padres prometen sacarlo del país y llevarlo hasta México para que pase su vergüenza. Sergio Andrés Maná, neivano de 18 años, no pagará por golpear desesperadamente a Laura Charry Marquínez, su novia de 16. Quedó libre.

El viernes 9 de junio, un desfile folclórico en Neiva, Huila, terminó con la relación. Y por poco con la vida de la mujer. Estaban felices tras siete meses de noviazgo, pero algo ocurrió, dice Laura a KIEN&KE.

Ella llegó hasta el desfile, observó a las reinas y posteriormente se tropezó con su novio, quien recientemente culminó el bachillerato. El hombre, que andaba ebrio, la invitó a tomarse unas cervezas. Ella aceptó. “No por mucho tiempo, mi mamá sale del trabajo al mediodía y puede castigarme”, advirtió la menor de edad. Eran las 11:00 a.m.

Ella consumió una cerveza. Él las suficientes para embriagarse y armar escándalo. “No quiero que te vayas”, le dijo a ella. La chica no aceptó por temor a su madre.

Con ira, Sergio Andrés la empujó, la insultó y tiró la puerta del taxi donde pretendía marcharse la joven. Ella logró huir a su casa.

“Almorzando tomé la decisión…Lo mejor era terminarle”, cuenta. Y así lo hizo. Esperó la llamada del hombre y sin mediar palabra le cortó tajantemente: “No vamos más”, y colgó.

Laura Charry Marquínez
Este es Sergio Andrés, el joven que golpeó a Laura.

Lo peor vino después. “Me insistía al teléfono y yo no le contestaba”, narra la mujer. Minutos después, Sergio llegó hasta la casa de la dama. Dijo que iba por un cargador de celular, pero era falso. Iba a agredirla.

Llegó acompañado. Fernando Zuñiga, amigo y celestino, iba con él y entretuvo a Santiago-hermano de la novia, mientras éste hacía su fechoría.

En el primer piso de la casa quedó Zuñiga y el hermano de la menor de escasos ocho años. Arriba Sergio y Laura (Clara Charry, madre de la mujer, estaba laborando).

“Le dije que no fuera abusivo, que por qué se había subido al segundo piso. Y él me tiró contra la cama”, narra. Intentó levantarse, pero fue imposible. Los empujones fueron más fuertes y la tensión se fue prolongando.

Laura –creyendo que la pelea acababa ahí– le pegó con el cargador y huyó hacia su cuarto, encendió el computador y abrió el Facebook.

“Abrí mi perfil y justo vi las fotos de unas amigas en fiesta. Entre ellas la de Johan, un amigo. En ese momento él creyó que yo chequeaba la imagen de ese joven y me insultó”.

El hombre de 18 años le lanzó un vaso con agua sobre su espalda y quebró el cristal. Le lanzó los tacones de la suegra en el rostro y la siguió golpeando. “Me pegaba con la escoba, yo trataba de escaparme pero no me dejaba. Fue horrible”, dice.

Ya en el suelo, Sergio le propinó dos patadas en la cabeza. “Le gritaba ‘no me pegue más, por el amor de Dios no me pegue más y quedé inconsciente, con mi rostro lleno de sangre’”, cuenta.

Para terminar la escena, el hombre tomó dos vidrios del vaso que había reventado y rasgó en tres oportunidades el rostro de la joven.

Santiago, hermano de la mujer, escuchaba los gritos, pero no podía subir. Fernando Zuñiga, el cómplice del agresor, lo detenía. No quería que alertara a los vecinos. El plan estaba orquestado.

Laura Charry Marquínez
En la tarde de este miércoles, decenas de personas se reunieron en la Plaza de Banderas de la Gobernación del Huila para protestar contra el maltrato a la mujer.

No obstante, el niño golpeó los genitales del joven y huyó. En la calle pidió auxilio y Yamileth Peña, vecina, llegó en su ayuda.

“Sergio, guevón, rápido, ya llegó mucha gente. No más”, gritó Zuñiga. El victimario se tropezó con la vecina y también la desafió. “¿Por qué hace eso?”, le dijo la mujer. “Cállese, es que usted también quiere”, respondió el hombre. “Es que si ella no es para mí, no es para nadie”, remató. Y se marchó sin dejar pistas de su paradero.

Laura, quien fue arrastrada por su novio hasta el cuarto de su madre, fue auxiliada por la vecina. La levantó sin conocimiento, le cambió de blusa y la llevó de urgencia a la Clínica Saludcoop.

El pronóstico: fractura en el tabique, tres dientes partidos, moretones en sus brazos y codos, vasos de los ojos reventados y cabeza lesionada como consecuencia de las patadas.

La Policía capturó a Sergio, pero la Fiscalía lo dejó en libertad. Los golpes a Laura no fueron suficientes para ponerlo tras las rejas. El hombre desapareció.

Es un joven reconocido en Neiva, Huila, se le ve en discotecas y goza de grandes amistades, las mismas que hoy le rechazan y marcharon este miércoles en su contra.

Lo hicieron por las calles de la capital huilense promovidos por la red social Facebook. “Laura no está sola”, “Laura no está sola”, gritaban desesperados decenas de hombres y mujeres con carteles en la Plaza de Banderas de la Gobernación del Huila.

Laura, con sus heridas, apareció entre la multitud. Lloró, agradeció a quienes la acompañaron y pidió justicia para los agresores de las mujeres.

Mientras tanto Clara, su madre, confesó que el hombre constantemente dejaba marcados sus dientes sobre los brazos de su hija. “La agarraba a mordiscos”, dice.

Laura, reconocida por sus buenos modales y buena alumna de once grado del colegio José Eustasio Rivera, no quiere saber de Sergio, aunque reconoce “que después de todo lo quiero un poquitico, ya no es mucho. Duele lo que me hizo”, confiesa. “La relación fue muy bonita, nos veíamos cada ocho días, pero no sé qué pasó”.

Su voz es firme, está serena, así por dentro se desvanezca por lo sucedido. Tiene espíritu de niña. El joven se lo tragó la tierra. Su familia no se reporta.