Vigilantes, los hijos ausentes de las fiestas decembrinas

Publicado por: luis.cuellar el Vie, 08/01/2021 - 17:01
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Creado Por
Luis Cuéllar
Una gran mayoría de los vigilantes se vieron obligados a dejar a su familia en las fiestas decembrinas, a su pesar, para poder ejercer sus funciones en el fin de año
Vigilantes, los hijos ausentes de las fiestas decembrinas
Créditos:
Twitter - @EcosSeguridadCo

La pandemia originada por la covid-19 forzó al mundo a vivir una de las más extrañas celebraciones de fin de año. Muchos, ya acostumbrados al calor, amor y recogimiento de sus seres queridos en estas fechas, se vieron obligados a prender sus dispositivos móviles a solo minutos previos de la celebración para conectarse de manera virtual con esas personas que anhelaban tener al lado.

Pero hay un sector de la población que ya está acostumbrado a las celebraciones a distancia. Día a día abren y cierran las puertas de las casas de centenares de ciudadanos con una sonrisa en la cara y, sin quererlo, conocen hasta los más minuciosos detalles de sus vidas.

Los vigilantes o celadores asumen la tarea de cuidar y proteger los edificios, conjuntos residenciales, empresas y barrios enteros. Son queridos y apreciados por los ciudadanos, quienes los ven antes de desempeñar sus labores diarias y cuentan con su apoyo hasta altas horas de la noche.

Una gran mayoría de ellos se vieron obligados a dejar a su familia en las fiestas decembrinas, a su pesar, para poder ejercer sus funciones en el fin de año. Mientras muchos preparan la cena navideña para agasajar a sus seres queridos, ellos revisan las cámaras de seguridad para asegurarse de que ningún extraño esté rondando las inmediaciones.

El hijo ausente, esa canción icónica decembrina, es el himno de los vigilantes. “Otro año que pasa y yo tan lejos” describe a la perfección las navidades de Andrés Páez, celador con más de ocho años de experiencia en la recepción de edificios y conjuntos en Bogotá. “Yo ya estoy acostumbrado a pasar estas fechas solo”, confiesa con nostalgia en sus ojos.

Andrés es el terror de los enemigos de lo ajeno que merodean el sector. Los vecinos lo respetan y su trabajo está libre de amonestación alguna. Eso sí, se quiebra al momento de recordar a su familia y la falta que le hace. Este vigilante vive solo en Bogotá. Es un hombre independiente, pero no puede esconder el amor que tiene por doña Carmen, su madre, quien lo espera con ansias cuando le dan vacaciones. “Si pudiera arrancar pa´ Boyacá lo hago de una, pero usted sabe, uno es responsable”, dice con impotencia. 

Páez reconoce que las personas han sido amables con él durante las fiestas decembrinas. “La gente conmigo se porta muy bien, me traen anchetas, regalos, se nota que me quieren mucho”, cuenta mientras deja ver una sonrisa en su rostro.

Minutos antes de las campanadas para iniciar el 2021, el vigilante respira y sube el volumen a su fiel compañero, un pequeño radio que deja sonar una emisora popular. Los locutores saludan a su audiencia y hacen el conteo regresivo. Presuroso, Andrés toma su celular y llama a doña Carmen para que la primera voz que escuche en el año nuevo sea la de la mujer que le dio la vida. Tres, dos, uno ¡Feliz año!

Celebró el inicio de un nuevo año y miró al cielo para agradecer las oportunidades y bendiciones que trae consigo este nuevo comienzo. Luego, retomó su asiento y revisó una vez más los monitores, como todas las noches. Bajo su guardia no pasará nada grave.