El Partido de la U comenzará este miércoles una ronda de reuniones para definir su postura frente a la elección presidencial del 31 de mayo. La discusión enfrenta a un sector que empuja un respaldo a Paloma Valencia, otro que prefiere dejar abierta la puerta a Iván Cepeda, y una tercera salida que puede terminar siendo igual de decisiva: permitir que la bancada actúe en libertad.
Lo que está en juego no es solo a qué campaña se acerca el partido, sino bajo qué fórmula lo hará. La colectividad llega dividida, con congresistas actuales y electos empujando rutas distintas, en un momento en que las candidaturas ya están inscritas y la tarjeta electoral quedó definida, de modo que el valor de una adhesión ya no pasa por abrir espacio jurídico a un aspirante, sino por ordenar estructuras regionales, mensajes de campaña y disciplina interna.
Un pulso entre candidatura única y libertad
En la discusión interna, el bloque que hoy aparece con más fuerza es el que ve con mejores ojos un acercamiento a Paloma Valencia. Allí pesan figuras del partido cercanas a Dilian Francisca Toro, entre ellas la senadora Norma Hurtado, mientras que el senador Antonio Correa ha defendido públicamente otra posibilidad: que la colectividad no imponga una sola línea y deje en libertad a sus congresistas, una fórmula que también abriría espacio para quienes simpatizan con Iván Cepeda. Reportes de este miércoles indican, además, que al menos seis de los nueve senadores electos de La U estarían inclinados a plantear un respaldo a Valencia.
Ese detalle cambia el enfoque de la noticia. La reunión no resolverá únicamente un nombre; resolverá si el partido todavía tiene capacidad de actuar como una organización con mando común o si, por el contrario, opta por administrar su fragmentación. En un escenario de candidato único, la decisión enviaría una señal de disciplina y alineamiento hacia la primera vuelta. En uno de libertad, La U evitaría romperse hoy, pero aceptaría llegar dispersa a la campaña.
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La ley de bancada pone presión sobre la decisión
La presión por cerrar una postura común no es solo política. La Ley 974 de 2005 establece que los miembros elegidos por un mismo partido conforman una bancada y deben actuar coordinadamente, salvo en los asuntos que los estatutos definan de otra manera. A su vez, los estatutos de La U reconocen el pluralismo, el derecho al disentimiento y el respeto a las minorías, pero también mantienen el principio de mayorías dentro de la organización. En otras palabras, si la colectividad toma una definición formal, esa decisión no quedará reducida a una foto de reunión: puede convertirse en la línea que ordene el comportamiento político del partido durante la campaña.
Por eso la alternativa de dejar en libertad a la bancada no es menor. En la práctica, sería una salida para reconocer que no hay consenso suficiente y para evitar que la disputa entre sectores termine convertida en un problema de disciplina interna. También explicaría por qué la discusión se ha alargado más de lo previsto: La U no solo busca escoger entre campañas rivales, sino hacerlo sin agravar sus tensiones regionales y sin debilitar el papel de su dirección colegiada, encabezada por Alexander Vega y Clara Luz Roldán.
Con la primera vuelta fijada para el 31 de mayo de 2026, el margen para aplazar la definición es cada vez menor. Si hoy no sale una postura cerrada, el partido todavía podría abrir más reuniones o trasladar la decisión a los próximos días. Pero cuanto más demore, más probable será que la campaña avance por cuenta de apoyos regionales de hecho y no por una directriz nacional clara. Esa es la tensión que atraviesa la cita de este miércoles: decidir si La U llega a la recta final con una sola voz o administrando varias al tiempo.
