El Partido Liberal cerró su reunión de bancadas sin anunciar respaldo para la elección presidencial. La colectividad volverá a reunirse la próxima semana y dejó para el 20 de abril la definición sobre si se alinea con una sola candidatura o mantiene abiertas sus distintas corrientes internas.
La conclusión formal del encuentro fue más de trámite que de fondo: no hubo candidato único y la decisión quedó aplazada. La reunión se realizó en la casa del expresidente César Gaviria, con asistencia de las bancadas electas de Senado y Cámara. Al cierre de la jornada, la colectividad informó que asistió el 100 % de sus congresistas elegidos y que seguirá conversando para intentar llegar a una postura común antes de que avance la campaña hacia la primera vuelta del 31 de mayo.
Más que una simple falta de acuerdo, lo que dejó la cita fue una foto de la dificultad que tiene hoy el liberalismo para ordenar su propio mapa. El partido llega a esta discusión con 13 senadores en el nuevo Congreso, una bancada que lo mantiene entre las fuerzas con mayor peso en la cámara alta. Pero ese volumen no se traduce automáticamente en cohesión: de esos 13 senadores electos, solo tres repiten curul, lo que muestra una bancada más renovada y, al mismo tiempo, más difícil de disciplinar en una sola línea presidencial.
Una bancada con varias rutas
La reunión dejó ver que el debate ya no es solo entre apoyar o no a alguien, sino entre proyectos políticos distintos. En el encuentro, el senador electo Héctor Olimpo Espinosa expresó una posición cercana a Paloma Valencia, mientras que la senadora electa y actual representante María Eugenia Lopera ha impulsado la idea de dejar en libertad a los liberales para respaldar distintas campañas, incluida la posibilidad de acompañar a Iván Cepeda.
Esa dispersión no empezó esta semana. Desde diciembre, el senador liberal Mauricio Gómez Amín retiró su aspiración presidencial dentro del partido y anunció su respaldo a Abelardo de la Espriella, un movimiento que ya mostraba que una parte del liberalismo venía tomando decisiones por fuera de una línea común. A eso se sumó en los últimos días la presión del expresidente Ernesto Samper, quien pidió que se permitiera a los congresistas liberales escoger entre las opciones en competencia y advirtió que esa libertad no debía convertirse en una imposición desde la dirección del partido.
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¿Qué se juega el liberalismo?
La discusión no es menor. El partido no está resolviendo solo un apoyo simbólico, sino la forma en que quiere llegar a la recta final de la campaña presidencial: si como bloque, con capacidad de negociación, o como una suma de sectores regionales con apuestas distintas. Por eso la decisión del 20 de abril será relevante no solo por el nombre que eventualmente respalde la colectividad, sino por la señal que envíe sobre su capacidad de actuar en bancada después de las legislativas.
Por ahora, la única conclusión clara es que el liberalismo sigue en etapa de tanteo. Tiene bancada, tiene peso y tiene fecha para decidir, pero todavía no tiene una sola voz. De aquí al 20 de abril, el partido intentará acercar posiciones entre quienes prefieren cerrar filas con una candidatura y quienes todavía defienden margen de maniobra. Con la primera vuelta presidencial programada para el 31 de mayo, el reloj político ya empezó a correr para una colectividad que quiere influir, pero aún no logra ordenar sus apoyos.
