Qué hacer con los violadores

Jue, 14/06/2012 - 01:02
Una columna de opinión puede ser un plagio a medias, por eso empiezo por aclarar que esta es una mezcla de mis opiniones —coincidentes— con lo expuesto lúcidamente por la sicoterapeuta experta e
Una columna de opinión puede ser un plagio a medias, por eso empiezo por aclarar que esta es una mezcla de mis opiniones —coincidentes— con lo expuesto lúcidamente por la sicoterapeuta experta en abuso sexual Doris Estela Forero Santos, en la didáctica entrevista concedida a María Isabel Rueda en El Tiempo, que recomiendo leer en toda su extensión. Lo más alarmante cuando se analiza el caso de violadores reconocidos, es comprender que nuestra legislación está completamente desfasada en el enfoque de un fenómeno que más allá de lo criminal es siquiátrico, de salud pública, y repercute gravemente sobre el orden y la seguridad ciudadana. Porque el Código Penal lo asume como un delito, y lo es, pero quienes lo cometen no siempre son imputables, es decir, personas en sus cabales, sino frecuentemente enfermos mentales como Javier Velasco y Garavito. Lo malo es que tanto el sistema judicial como la ley penal, son benévolos con los enfermos mentales, por eso Velasco estaba libre aunque ya había violado y asesinado. A Rosa Elvira Cely la mató esa "generosidad" judicial. A Garavito por ejemplo se le condenó a las máximas penas posibles, pero se le aplican los beneficios de ley y pronto saldrá de la cárcel con sus más de 160 homicidios y violaciones a cuestas, aunque sobre él la doctora Forero diga: "Garavito debe estar recluido en un siquiátrico del que no debe tener salida nunca jamás, porque va a repetir el patrón. Es un sicópata" En otras palabras, este individuo no debió ser condenado, sino erradicado de la sociedad para siempre. Pero nuestro sistema judicial, legal y reclusorio no contempla estos casos, porque no es una cárcel donde debe estar sino, por el resto de su vida, en un centro siquiátrico y penitenciario especial que aquí no existe. Garavito saldrá libre, aunque la doctora Forero nos esté advirtiendo que volverá a violar y matar. Bien lo dice ella: "...la salud mental va por un lado y las leyes, por otro". La otra apreciación importante es que hay una amplia escala de gravedad en la circunstancia mental de cada abusador sexual, por eso el fallo judicial, sobre un caso de abuso físico y violación debe estar precedido de evaluaciones muy precisas de expertos sicólogos y siquiatras especialistas, porque no es lo mismo el que se emborracha y agrede, que quien sistemática o compulsivamente viola y mata con patrones de conducta calcados de sus propios traumas. Por otra parte, la castración química que propone Roy Barreras, con cierto oportunismo coyuntural, parece una estupidez. No solamente podrían terminar "castrados" muchos inocentes por un sistema judicial subjetivista, proclive al error y ligero en garantías, sino que —al parecer— de nada sirve porque la castración química se hace con medicamentos que reducen la libido y la actividad sexual, pero en el caso de los violadores como Velasco o Garavito, el arma letal es su mente afectada por una patología incurable; el sicópata posee una estructura mental perversa en la que la culpa solo es de quien "da papaya", sencillamente no son rehabilitables, por eso castrarlos, incluso quirúrgicamente, de poco serviría ante su sicopatía. Por el contrario, podría tornarles en personas más peligrosas al acentuarse sus frustraciones, traumas y resentimientos, ya no solo contra víctimas seleccionadas, sino contra el Estado y la sociedad en general. Como si fuera poco, la experta agrega con gran claridad: "un abusador no solo actúa con el pene, también con los dedos, la lengua e instrumentos externos". La cadena perpetua a violadores que propuso Gilma Jiménez, buena como bandera de campaña, también es simplista, porque encerrar de por vida a un agresor sexual extremo en una cárcel común, expone al resto de la población carcelaria, que podría ser agredida por el sicópata preso con el que tiene que departir, como sucede hoy en día. Adicionalmente genera otro riesgo que señala Forero en su entrevista: "Lo que hace es silenciar más a las víctimas, porque si mi agresor es mi papá, y sé que en lugar de un tratamiento médico, lo van a meter de por vida en una cárcel, me callo..." Están en mora, el Congreso, el Ministerio de Protección Social (¡Que tal el nombre!) y todo el Estado, de hacer una convocatoria —sin populismo— a profesionales de la salud mental como la doctora Forero, para que estudien a fondo y propongan una actualización de la legislación penal y normas de reclusión, de manera que se pueda diferenciar un sicópata que delinque, de un criminal ocasional. Tal legislación debe permitir sentencias de reclusión permanente, que reduzcan el concepto de la pena como valor de juicio, y enfaticen en la noción de apartar de la sociedad a quien se diagnostique que claramente siempre será una amenaza, llanamente "porque esa persona no es apta para vivir en sociedad". Es necesario despojarse de la idea común de que la reclusión está diseñada para castigar, y empezar a entender que se trata de encerrar al sociópata para proteger a la ciudadanía de su presencia nociva. Paradójicamente, también habría que atender y medicar a quienes, probablemente, de niños fueron víctimas de terribles abusos que los convirtieron en monstruos.

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De otro tema: El general Oscar Naranjo es sin duda un colombiano ejemplar. Su paso por la Policía deja positiva huella en la vida nacional. Por eso, anticipo que está llamado a más altos destinos. Ninguna figura goza de más aceptación pública y sería una carta ganadora en la próxima elección presidencial, incluso si se enfrentara al presidente Santos. Indudablemente le cabe el Estado en la cabeza y su liderazgo tendría los rasgos de su talante: abnegación, firmeza, discreción, eficacia y patriotismo. Ya veremos... @sergioaraujoc
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