Un matrimonio embolatado

10 de enero del 2011

Uno de los matrimonios más sonados en el mundo político ha sido el anunciado entre el Partido Liberal y Cambio Radical, ambos miembros de la Unidad Nacional del Presidente Santos, pero con mucho más poder el segundo que el primero. O sea, empieza como una pareja dispareja. Cambio tiene al superministro del Interior y de Justicia y el Liberal tiene una gran derrota en las últimas elecciones.

Como todo matrimonio que se respete, tiene que cumplir con una serie de etapas, sin las cuales no hay boda. Primera etapa: el coqueteo, estilo Romeo y Julieta porque los papás liberales  detestaban a Romeo, obligando a los novios a realizar escapadas para verse. Durante la segunda etapa, se dio un violento destape que llevó a un rápido compromiso, en donde la tía alcahueta de turno fue la “Unidad Nacional”. Definido el matrimonio empiezan una serie de eventos que normalmente terminan en gran boda. La tercera etapa se define por la entrega de regalos que se dio con la llegada de Pardo al Congreso de la República, con el Liberalismo en mano, adornado con moño rojo y todo. Cambio lo recibió lleno de júbilo inmortal porque logró lo que siempre soñó: adueñarse del Partido Liberal.

Lo obvio era que la boda se celebrara tres días después, como se usa en todas las familias  bien. Pero curiosamente, aún no se ha fijado la fecha para tan fausto evento. ¡Hummn, extraño! ¿Será que la novia no tiene el vestido tan listo como pensaba? ¿O será que al novio se le congelaron los pies al pensar en el “hasta que la muerte nos separe? ¿O será que los padres no han podido acabar de negociar el famoso acuerdo pre-matrimonial en caso de que haya divorcio antes de lo previsto? Lo curioso es que en el intervalo, Simón Gaviria, el delfín de Liberalismo, se ha podido casar dos veces, en dos ciudades distintas, con dos públicos diferentes: en Bogotá con la élite política, sobre todo cachaca, y en Cartagena con el Jet Set que tanto le gusta.

Un matrimonio de un rojo fuerte con un rojo desteñido y con grandes manchas azules no es nada fácil. A pesar de que el Arzobispo de Pereira está nombrado y haciendo su trabajo en el delicado curso pre-matrimonial, y el padrino principal que se comporta como un Santo,  sigue invirtiendo fuertemente en la unión, no han podido fijar la fecha para la ceremonia definitiva. Es posible que el problema esté en la conformación de la corte que debe acompañar a los novios. Claramente al Liberalismo le hacen falta damas, y a las damas de Cambio los parejos del Liberalismo no les cuadran.

Como en todo matrimonio de hoy, se reciben apuestas sobre su desenlace. Las cábalas consultadas arrojan dos posibilidades con unos porcentajes de 50/50. El primer grupo le apuesta a que el divorcio no solo es inevitable sino estruendoso y a gritos, con tirada de puestos y contratos por las ventanas y escaleras del Capitolio Nacional. El segundo grupo, un poco más comedido y creyente de que el matrimonio es para toda la vida, así se sea infeliz en él, apuestan a que la novia liberal pasará de linda y rozagante a ser la típica esposa golpeada, arrinconada y silenciosa, que nadie ve ni oye ni se acuerda de ella. Para frustración de aquellos que todavía creen en esta unión, la noticia es que no se vislumbra un final feliz porque en el fondo, se trata de una lucha de poder y no de un matrimonio por amor. Recibo apuestas.

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