Zancadillas al fútbol

Zancadillas al fútbol

31 de Julio del 2017

En 1989, Roberto Rojas, el llamado  mejor portero de la historia de Chile, se infligió una lesión en el rostro con una cuchilla que escondía en su guante, en el partido contra Brasil en clasificatorio al mundial. Comprobado luego el  insólito fraude, y en medio del bochorno, tanto Rojas como su selección fueron sancionados por la FIFA.

El tema  como anillo al dedo por la proliferación  hoy, en el fútbol colombiano, de simulaciones, caídas fingidas, faltas inexistentes y trampas para enredar a los árbitros, afectar el juego limpio y confundir a los aficionados.

Al primer contacto, a veces ni lo hay, el futbolista cae como atropellado por una tractomula,  manotea  el piso y grita adolorido mientras se revuelca; corren los médicos, piden ambulancia, alertan al hospital mas cercano, detiene su respiración el hincha, se suspende el juego.

A renglón seguido, soba con su mano, desfalleciente, el lugar afectado, que siempre es distinto al golpeado, esperando los brotes de sangre que no llegan. Pide al árbitro, con mirada perdida, una tarjeta para su agresor. Si esta aparece, de inmediato se pone de pies en acción milagrosa y sigue en la brega tras el balón. Si sale en camilla retorna al momento, totalmente recuperado.

Que burda comedia, la que afea el espectáculo. Es vivir en mediocridad con actores de tercera categoría.

El recetario de despropósitos, de aquellos que no entienden que es disciplina, que es decencia, que es educación, es amplio.

Hace poco uno de los asistentes del técnico de Real Santander, aprovechaba las tomas preliminares de TV en un partido de la “B”, para  exhibir, encima de su panza, las fotos de sus hijos como si estuvieran desparecidos, con el verdadero fin de saludarlos. Un conocido portero inscribió en su buzo, los nombres de sus retoños, en reemplazo del suyo, sin importarle si confundía o no a los narradores, comentaristas y aficionados.  Común es ver a los futbolista en la ceremonia preliminar enviando saludos burdos, o en clave, a novias, amigas, esposas o amantes.

Nada enerva mas a un aficionado  que el ver a un futbolista sobándose el estomago, cuando lo golpearon en la nunca, o un portero perdiendo tiempo, con la tolerancia arbitral.

Edificante es la medida de emergencia de la Dimayor,  de sancionar de oficio a quienes urden patrañas que afean el fútbol, tanto como los escupitajos, la matonería o los desbordes de violencia. La ordinariez no puede destronar las habilidades, caricias o goles fantásticos, que se logran con el balón.

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