El “carretazo” de Petro en la ONU

21 Septiembre 2022, 08:24 AM
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Creado Por
Fabio Valencia Cossio
"Petro quiso promover y consagrar el relato que el glifosato y las acciones antidroga son los responsables de la destrucción de nuestras selvas y no es así"

Ni original, ni audaz, ni brillante el discurso del presidente Gustavo Petro en la ONU. Falaz y manipulador y por ello, lejos de ameritar aplausos y reconocimientos, produce vergüenza pues es un deplorable intento de imponer a la comunidad internacional la insólita narrativa del proceso de paz con las Farc, que ha ocasionado tantos estragos en nuestra Amazonía y en el resto del país.

Es elemental que un escenario como la Asamblea General de la ONU, frente a jefes de estado y de miles de personas que conocen los temas en profundidad -sus antecedentes y proyecciones, los datos-, lo primero que hay que decir es la verdad.

Petro quiso promover y consagrar el relato que el glifosato y las acciones antidroga son los responsables de la destrucción de nuestras selvas y no es así. Las invadieron y las siguen destruyendo las mafias del narcotráfico, con la participación directa de las Farc, el Eln y los paramilitares, que completan décadas llevando a miles de campesinos a invadir amplias extensiones de Amazonia, incluyendo varios de nuestros parques nacionales.

Para iniciar sus cultivos de coca arrasan el territorio no con glifosato sino con herbicidas y funguicidas letales como paraquat y otros. También dirigen e impulsan la minería criminal. Son ellos quienes envenenan nuestros ríos con mercurio y cianuro y con todos los químicos que utilizan para transformar la hoja de coca en clorhidrato de cocaína.

También durante décadas, Farc y paramilitares fueron enemigos irreconciliables. El proceso de desmovilización de las Autodefensas en el gobierno de Álvaro Uribe y la extradición a Estados Unidos de sus principales jefes, cambió el panorama. Las disidencias paramilitares degeneraron en bandas criminales y de la noche a la mañana, en los mismos escenarios donde durante años libraron la guerra, terminaron de socios con la guerrilla en proyectos de narcotráfico. El negocio sigue vivo con el Eln y con las “disidencias” de las Farc.

Ya vamos en más de 200 mil hectáreas de cultivos de coca y perdemos más de 170 mil hectáreas de selva y de bosques por año. Las Farc, el ELN y las mafias del narcotráfico, son además, protagonistas del talado de bosques, de la apropiación de territorios selváticos para la ganadería y de la construcción de carreteras a lo largo y ancho de la selva.

Con cargo a la narrativa que Petro expuso en la ONU, acá en nuestro país el acuerdo de paz con las Farc produjo el desmonte de la política antidrogas y consagró a los miles de campesinos que invadieron y destruyeron selva amazónica y bosques andinos, como víctimas de la situación socio económica. Se desmontaron las fumigaciones y se creó, con cargo al gobierno, un oneroso paquete de beneficios legales y económicos a quienes se acogieron a “la sustitución voluntaria”. También se aprobó que delitos como la extorsión o el narcotráfico se entendieran como conexos con rebelión, sedición, asonada, conspiración, todos objeto de indulto. El resultado de esa insensatez ha sido el crecimiento sin antecedentes de los cultivos ilícitos y una bonanza de narcotráfico que está en la raíz de todas las violencias.

Nuestra capacidad para influir en la agenda mundial del ambiente es limitada y conecta fundamentalmente con el Amazonas y con el narcotráfico. Ahí se vuelve crítico el enfoque.

Vergonzoso el carretazo que intentó Petro en la ONU. Lo desmentirán fácil y rápidamente desde la diplomacia y desde la academia, pero sobre todo desde la dura realidad que enfrentamos los colombianos con un gobierno que, en sintonía con el informe de la Comisión de la Verdad, busca ignorar y echar al olvido décadas de acciones criminales de la guerrilla contra la población y contra el territorio, olvidar sus móviles, su modus operandi, sus ganancias espurias, sus engaños al país y que ahora, bajo la bandera de una legalización traída por los cabellos, avanza en la diabólica misión de garantizar a las organizaciones del narcotráfico vivir sabroso, sin ejército ni policía que los persiga.

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