Mario Huertas

Analista de asuntos estratégicos y hemisféricos (Énfasis: Brasil y EE.UU.) Columnista de opinión, diario La Nación. Voluntario internacional para la promoción de nuevos liderazgos, Universal Wonderful Street Academy (UWSA), Jamestown-Accra. Colaborador del Goldstreet Business (Ghana). Profesor de Geopolítica y Geoestrategia. Infante de Marina, Armada República de Colombia (A.R.C).

Mario Huertas

El señor del desgobierno

Según algunos historiadores, la navidad es la mezcla de tradiciones paganas con ritos cristianos. De esa mixtura (sobre todo del lado pagano) vienen algunas festividades como la del “señor del desgobierno” y la “fiesta de los tontos” o mejor conocida como la de los santos inocentes. 

Aclarado el marco conceptual con este preludio, pasemos a la tesis central. Para muchos en Colombia, 'el señor del desgobierno', representa una de las grandes farsas de nuestra historia republicana y su ´Administración por Sobresaltos´ una de las más irrisorias inocentadas en los últimos tiempos. 

Este “mesías” dijo en campaña que a los tres meses de llegar a la presidencia, el ELN se acababa. Va para 17 meses de presidencia y el quinto ciclo de negociaciones acaba de terminar, el pasado 17 de diciembre en México, después de “retener con fines económicos” al padre del futbolista Luis Díaz. Se espera que las delegaciones vuelvan a Cuba para que inicie el sexto ciclo a partir del 22 de enero de 2024. Por demás, este proceso de “3 meses” ya cobró la cabeza de Danilo Rueda y Otty Patiño. Ahora las riendas de la delegación las tiene otra ex M-19, Vera Grabe.

Es más, hace un año exactamente, Petro hacía el ridículo internacional anunciado un cese al fuego bilateral con el ELN que nunca existió. Es que en materia de inocentadas, esta ´Administración por Sobresaltos´ no tiene límites.

Ahora, paralelo al acuerdo que busca con el ELN y las que llaman disidencias de las FARC, en el marco de la ley de paz total, ´el señor del desgobierno´ se la ha jugado por darle un manejo especial a las organizaciones criminales de alto impacto, lo que ha sido entendido por la mayoría de la población (según las encuestas) como un tratamiento benévolo al crimen organizado. Actitud que reforzaría, al menos hipotéticamente, la tesis del ´Pacto de la Picota´.

En parte, esto se refleja en el último informe de la ONU en el que se señala que las 230.000 hectáreas de cultivos ilícitos registradas en 2022 representan un 13% de aumento respecto de 2021. Cifras que el mismo Ministro de Justicia, Néstor Osuna, no tardó en aceptar. Así las cosas, resulta altísima la probabilidad de que ese porcentaje aumente para la medición de 2023. Solo basta enunciar este titular de Reuters, con fecha del 15 de noviembre, para entender de lo que estamos hablando: “Cocaine still Colombia drug gangs' top export despite fentanyl's ascendancy”.

Además de todo, ha quedado al descubierto la patraña que montaron Petro, y su grupo de comunicaciones, alrededor de las masacres. Leamos estos datos de INDEPAZ: “93 masacres en el 2023, con 300 víctimas – corte al 22 de diciembre de 2023”, “94 masacres en el 2022, con 300 víctimas – corte al 31 de diciembre de 2022” y “96 masacres en el 2021, con 338 víctimas – corte al 31 de diciembre de 2021”. En efecto, muchísimos colombianos han salido a reclamarles a los artistas (expertos en temas de Estado) que se especializaron en conteo de muertos que ahora silenciosamente pasen de agache cuando saben perfectamente que fueron usados como monigotes para alimentar dicha farsa.  O si se prefiere, para animar esa “fiesta de tontos”.

Con esta campaña de desinformación se deslegitimó al Estado colombiano y se calumnio al presidente Duque, pues, las masacres no han parado según lo informado por INDEPAZ. Igual ha sucedido con la mendaz producción “Matarife” que a pesar de la rectificación, ordenada por la Sala Plena de la Corte Constitucional, produjo una serie de mentiras históricas en un sector de la opinión pública que se resiste a informarse adecuadamente y a reconocer que fueron igualmente utilizados para difundir una cadena de mentiras por todas las redes sociales, atentando así contra la democracia y la memoria histórica.

En materia de relaciones cívico-militares, el asunto no es diferente en tanto que el maltrato a nuestros soldados y policías está a la orden del día. “Cerco humanitario”, “secuestro”, “masacres”, “zonas desmilitarizadas”, “expulsión de militares”, “purgas”; en fin, son expresiones tan de uso corriente al interior de la fuerza pública que lamentablemente esto ha producido una caída en la moral de la tropa, tanto así que un número considerable de oficiales y suboficiales han pedido la baja desde que Petro, el señor del desgobierno, se posesionó en agosto del año pasado.

Esto sin contar, que Iván Velásquez viene a sumarse a la larga lista de inexpertos y neófitos Ministros de Defensa que han pasado por la línea de mando desde 1991.  Pero, ¿no decían que Duque y sus Ministros carecían de conocimiento y experiencia?, luego, ahí tienen al magistrado auxiliar que llegó en paracaídas (no hablo del Curso de Paracaidismo Militar) a la cartera, que lideraron sapientemente generales como Ruíz Novoa o Landazábal Reyes, para hacer “cursito de Ministro”. Otra inocentada más.

Todo lo anterior ha producido una crisis de legitimidad al interior de la ´Administración por Sobresaltos´ toda vez que el ´señor del desgobierno´ no entiende que debería liderar al país desde un concepto estratégico amplio que le permita engranar, por ejemplo, la seguridad a los temas ambientales (transición energética), a la economía (orden público económico), a la política exterior (diplomacia para la paz) sin que ello signifique descuidar el nivel militar que es la base en el diseño de toda política de seguridad.

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Mario Huertas
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