Diego García Bejarano

Ingeniero ambiental sanitario. Especialista en gerencia de recursos  naturales y magister en gobierno y políticas públicas. Fui director de Arborizacion Urbana en el Jardín Botánico, director de Ambiente y ruralidad en Secretaría de Planeación Distrital, concejal de Bogota, director de la Región Administrativa Planeación Especial. Guía profesional de turismo, profesor universitario. Co creador del programa BiciRegion y la ruta turística de la leyenda del Dorado. Asesor de turismo de naturaleza.

Diego García Bejarano.

En la ruta natural de los Mayas: viaje por México, Belice y Guatemala. Parte II

El regreso por Belice para llegar a Cancún tuvo varios sobresaltos emocionales. El primer impacto lo causa la larga fila que hacen los hermanos guatemaltecos para ingresar a Belice y ocuparse en los grandes ingenios de caña de azúcar u otras empresas. Por solo ingresar les cobran 80 dólares y luego a emplearse en lo que salga. Las condiciones laborales son paupérrimas, sin embargo, ante la dura situación para ellos en Guatemala, es la mejor opción que tienen. El caso de nosotros como turistas, por la condición de colombianos y en ruta pal`norte, la indagatoria fue exhaustiva. Preguntas intimidantes y ofensivas, que, a mí en lo personal, siempre me sacarán de quicio. 

Ya en tierras beliceñas, y cerca de la frontera, el verdoso río Mopán bordea el castillo Maya de Xunantunich. Se impregna la historia en la piel, al intentar entender la fuerte conexión de estos tres países desde tiempos inmemorables, hoy, separados por burdas fronteras e ilógicas político administrativas, pero unidos por sus aguas, ruinas y cenotes. Luego el camino te encuentra de frente con San Ignacio, un poblado muy visitado por sus escenarios naturales y que posee otro emplazamiento Maya: Cahal Pech. El carreteable te aleja de grandes hallazgos como Chan Chic, La Milpa, el imponente Lamanai de las calaveras de cristal, el Altun Ha y un sinnúmero de hallazgos, que al igual de Guatemala, no son descubiertos por la simple limitante económica. 

Nos quedamos con un buen recuerdo de Belice y las ganas de volver a sus recónditos e inexplorados rincones Maya. Transcurridos dos días, realizando trasbordo en Corozal en frontera con México, para llegar a Chatumal, tomamos un cómodo bus en el terminal, a descansar en Tulum, en el estado de Quintana Roo. 

Allí fueron días de turismo masivo y agreste. Es un lugar en alto crecimiento de condominios y hoteles. Visitantes del mundo por todas sus calles, restaurantes y bares. Escasamente logras disfrutar la única ciudad amurallada de la cultura Maya frente al mar. Este lugar que para los ancestros significaba puerto obligado de sus rutas comerciales, hoy sigue con su impronta hormiguera y, para quienes disfrutamos otro tipo de viaje, un tanto apretujada.  

Pero es que no es para menos. La historia se repite en lugares y formas. La península de Yucatán es esa porción de la tierra que imanta desde la era mesozoica. Allí donde persiste la leyenda de los grandes aerolitos que impactaron el planeta acabando con la dinastía de los dinosaurios y dejaron su vestigio en las cavidades de agua conocidas como cenotes, se brinda a los ojos de la humanidad un oasis de la naturaleza, nunca imaginado ni por la inteligencia artificial.  Nuestra meta era conocer el lugar donde el mundo subacuático se incrusta en la tierra, guardando todo tipo de misterios de los pocos privilegiados Mayas que la visitaban. 

Decididos a arrancar el tour por Tulum y sus cenotes, algo sucedió. El holandés que conocimos por el viaje nos recomendó seriamente la ciudad de Valladolid, y decidimos aceptar su consejo. En verdad es la cuna de los cenotes en toda la península, pero además guarda la magia de los pueblos históricos y le hace mención a su reconocimiento: la perla del oriente Maya. ¡Qué lugar tan impactante!, no solamente porque sucedieron acontecimientos de la historia mexicana con la guerra de las castas en 1847 y la primera chispa de la revolución en 1910, sino porque te ofrece lugares exclusivos para todo. Comer típicos platos mexicanos en el Mesón del Marques; caminar por la calzada de los Frailes; aprender en el museo del Chocolate – Uxmal -; admirar los bailes tradicionales desde las sillas “confidente” y el palacio municipal con sus murales;  observar en una de sus noches con el video -mapping proyectado en los muros del convento San Bernardino de Sienna la historia del lugar; admirar la puesta en escena del choque de culturas ancestral y su conquista, es lo que hace que una semana sea corta para visitar Valladolid. Es ese lugar donde quieres ir con tus padres, en familia, con amigos, en pareja, para cualquier forma de grupo, hay plan. 

Aunque todo lo anterior ya nos tenía fascinados, aún faltaba lo mejor. Visitaríamos en los siguientes días tres tipos de cenote: el confinado, el semi abierto y el abierto. Son muchos los que puedes visitar, hay por doquier, por lo que decidimos unos de cada tipo para llevarnos su integralidad. 

El primero en visitar se conoce como Secreto Maya. Madrugamos y lo teníamos para nosotros solos. Agua turquesa, contenida en una vasija de piedra gigante, con una cuerda para suspenderte en el aire y caer en ella. El impacto al alma como primera impresión nos dejó marcados. Este sitio a pocos minutos del centro de Valladolid vale oro. Se encuentra muy bien adecuado, y sus dueños, privilegiados del planeta, han sacado merecido provecho de ello. La luz del sol da sombras combinadas con la vegetación, que hace variar la imagen del lugar en distintas horas del día. 

El segundo en visitar se llama Zazil Tunich. Este pozo de agua se encuentra confinado y para llegar a él, bajas por un túnel que se encuentra con pasajes de estalactitas y estalagmitas, creando un mundo subacuático irreal. Acá la intervención al cenote es inquietante, ya que posee mobiliario, camino, escaleras y unas leves luces en el fondo. Te ofrecen cenas especiales y momentos únicos. Es un privilegio encontrarte a 12 metros de profundidad, en un sitio de fuerza profunda con toda la posibilidad mística de la ocasión, sin embargo, me advierte su fragilidad la conservación del lugar. En todo caso, excepcional.

El tercer cenote a pocos kilómetros se conoce como Xcanahaltun. En este lugar una perfecta circunferencia se formó en la superficie, tras el derrumbamiento de una cueva que por sus características de roca caliza se fue disolviendo. Explican los guías, que esta formación geológica única, se dio hace miles de años, cuando el agua y los ríos comenzaron a filtrarse a través de las fisuras de la estructura rocosa formada por capas de coral y otros organismos marinos que vivieron en un antiguo mar. La roca de la plataforma está compuesta principalmente de carbonato de calcio, el material que contiene el coral y las conchas, y por su porosidad, se disuelve fácilmente con el agua. Es por lo que se afirma de la existencia de una gran red de cuevas y ríos subterráneos que podrían llegar a la misma Guatemala.

Esto lo reconocían los Mayas, por ende, les atribuían a estos lugares poderes del inframundo, asumiendo que se abrían portales de conexión con espíritus y dioses, brindando además sanación y rejuvenecimiento espiritual. 

Para el gusto, los colores, en este caso, los cenotes. Hay de todo tipo. Operados de distintas formas, con adecuaciones diferentes. Esto quizás contribuye a la disminución del impacto que puede causar un turismo no regulado, al poseer una múltiple oferta y presionando solo aquellos que en función del costo de ingreso, sean sobrepasados en su capacidad de carga. Me llama la atención el tipo de monitoreo de los cambios generados al atractivo – ecosistema, sobre las condiciones socio culturales y ambientales, incluidos los asociados al cambio climático que puedan suceder. En nuestra legislación colombiana la conocemos como Límites de Cambio Aceptable, aunque, dicho sea de paso, no se aplica con la rigurosidad científica que se merece.

Debido a tanta belleza nos regalamos un último cenote: Sacalia. En este pareciera que el pedazo de tierra de perfecta circunferencia de Xcanahaltun, hubiera caído en bloque formado una isla en la mitad. Acá el agua azulada simula un discurrir en circulo alrededor de la extensión terrestre, posee además un enorme árbol en la mitad, con ramas frondosas que salen a la luz en lo alto de la superficie.

Terminando y según lo planeado venían los parques de Cancún. No podíamos abandonar este complejo turístico sin constatar las constantes referencias publicitarias y familiares del lugar. La verdad con respecto a la experiencia en el parque Xcaret, consensuada en familia, es reserva del sumario. Solo atinaré a decir que el espectáculo final de baile y música fue lo que pagó la entrada. 

Gracias Centroamérica o Mesoamérica, como quieran llamarlo. Quedan sembradas las profundas ganas de planear desde Guatemala hasta Panamá otro recorrido por su arco volcánico, cuna de la civilización de América, tierra de aztecas, toltecas, kuna, muiscas y emberá. La magia del puente del mundo nos ha hechizado. Que la vida nos permita hacerlo en familia, los 4 como mínimo, porque nada tiene más sentido que vivir y emocionarse con quienes amas.

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Diego García Bejarano.
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