La vejez: ¿ruleta del Creador?

Publicado por: juan.sacristan el Sáb, 16/01/2021 - 13:51
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Por: Ignacio Arizmendi Posada.
Ignacio Arizmendi Posada

Historia 1. Allá estaba, al fondo, en su cama, en un sueño profundo, sin rituales de ningún tipo. Tal vez recordando, en las honduras inexplorables de la mente, los años de su vida en medio del campo y las perspectivas urbanas, cuando rodaba con risas francas, humor a la carta, talento práctico y anhelos infinitos. Pero ya había llegado la madurez que se vuelve tristeza implacable, degeneración, dolor, desgano mayúsculo, y escaras que te parten el alma. Es que los años se le habían deslizado y acumulado con pasos de ángel, hasta producir explosión y ruptura y precipitar el arribo enfurecido de los cuatro jinetes. 

Historia 2. Desde la banca, en el corredor de su casa campesina, miraba el atardecer de la sierra sin percibir, quizás, que era el propio (“…y me iré con el sol cuando muera la tarde...”), al que había arribado de alpargates puestos y carriel como mandaba la tradición. El color zanahoria de su franela parecía reflejar alguna pincelada del poniente, que con calma recia vivía su ciclo sin mirar atrás. Las cartas yacían sobre la mesa: la ausencia de sus cinco hijos, más allá de los mares, hacía que el viejo volviera la vista al ayer tras quienes habían sido y ya no eran, pero que eran las claves de sus lágrimas y soledades. 

Historia 3. Su mirada era anhelosa, inquisitiva, quizás esperando el abrazo que disolviera en afecto la amargura de los decenios convocados. La rodeaban elementalidades: un viejo radio Philips, unas orquídeas de plástico, el retrato amarillento de su esposo, alguno más de la familia y, claro, otro, arañado por el tiempo, en que lucía “pispa”, sonriente, desafiando los almanaques, con ilustraciones de lociones y cremas salvadoras, de los cuales caían sus hojas canosas cubriendo el rostro de esta mujer, del que la solvencia anímica huyera, espantada por Cronos y sus secuaces.

Historia 4. Sí, es él, con 104 años en la mochila, donde les hace calle de honor un ejemplar de la tesis que acaba de presentar para doctorarse en la Universidad de Manchester, su alma mater. Un guiño inconmesurable a lo que ha sido la vida de este singular ser humano: laborioso, imaginativo, brillante. ¿104? Tal cual lo lee. Como si los decenios no lo hubieran rozado ni siquiera “con el pétalo de una rosa”. Por eso, a paso de gigantes, allí va Don Lucio, rozagante, con el talento puesto, cual taladro, en cada segundo de su existencia.

Historia 5. Si pudieran verla, la pillarían a la manera de Da Vinci o Kahlo: concentrada en superficies, líneas y colores, de los que brotan composiciones y figuras que la regresaron y mantienen adherida a sus edades primeras, muy distantes. Pero lo que es su nombre, Luz, sigue donde siempre ha estado: en el rostro, la mirada, la palabra. En su aire, su paz, su sonrisa. En el corazón, una bendición silente y elocuente, efecto y causa de amor. Sus 98 parecen sumar 17: una juventud perenne, irresistible, luminosa. Su nuevo tiempo.

Así las cosas, y para ir al grano, si la vejez es la última frontera de la vida: 

• ¿Cómo interpretar, desde la perspectiva de seres creados (“fabricados”), que se pueda tener una vejez terrible luego de una vida feliz? 

• ¿Por qué y para qué, si existe la posibilidad de tener una senectud dichosa, el Creador (si el mundo fue creado, lo creó un Creador) permite que en muchos casos sea oprobiosa?

• ¿Por qué decir que es infinitamente misericordioso si desde tiempos inmemoriales todos los humanos nacemos con la opción de vivir una edad de cierre espantosa?

• ¿Por qué, si es omnipotente, no evita, en todos los casos, que los años de salida sean ominosos?

• En otros términos, ¿por qué, si es dable vivir una senectud maravillosa, el Fabricante no la asegura así para todos los humanos que alcancen la ancianidad? 

• ¿Por qué y para qué miles de millones de humanos están condenados, en la ruleta de la vida, a una vejez dura, destructiva, implacable?

INFLEXIÓN. Pese a que Spinoza dejó dicho que “El hombre libre no medita sobre la muerte, sino sobre la vida”, hoy me dio por meditar sobre la vejez, o sea, sobre la vida, es decir, sobre la muerte.