Esteban Jaramillo Osorio

Administrador de empresas y periodista. Premio Nacional de periodismo SIMÓN BOLÍVAR. Galardón vida y obra “Orlando Sierra”. Alumno orgulloso de Juan Gossain, Yamit Amad, Guillermo Lema, José F Corredor y Javier Giraldo Neira. Experiencia en Radio prensa, tv, internet.

Esteban Jaramillo Osorio

Los vaivenes de Millonarios

Conoce muy bien los vuelcos afectivos de los hinchas de Millonarios Alberto Gamero, su director técnico. Ha estado muchas veces al borde de la consagración o en medio de la infamia de la crítica destructiva, tan propensa en ocasiones a deformar la realidad con castigos implacables.

Todo al calor de los resultados.

Tiene cancha el samario, sin excesos verbales en sus comparecencias públicas, la suficiente para saber que la vida de Millonarios es diferente, sin tolerancia ni medias tintas. Tanto en su interior como en sus periferias ningún detalle pasa inadvertido.

El aguante ferviente en las tribunas, va en proporción a la exigencia en juego y en resultados.

Al margen de su respaldo público a los jugadores, algo lógico para no dinamitar la unión del equipo, Gamero sabe que a varios de sus futbolistas se les subieron los humos a la cabeza.

La gran promesa, Daniel Ruíz, se estancó, mareado en elogios, buscando figuración personal por encima del equipo. Le dio alas al ego y por eso le sobran gambetas y berrinches.

A Daniel Gómez, más aterrizado, tan prometedor como el anterior, a pesar de su demoledora velocidad, le faltan pausas en su juego. A Montero las manos, en ocasiones, se le hacen gelatinosas.

Ataca mucho Millonarios, atemoriza, pero no defiende bien.

Gamero tiene identificados los  males que lo frenaron  antes de las finales, porque al interior del equipo los recalca. A pesar de las ocurrencias de los periodistas hinchas que, en crisis, pierden el control de lenguas y pensamientos.

Su relación afectiva con los aficionados se remarca con buenos resultados y con el juego atractivo que mostró a lo largo del torneo, cuando solo recibía  elogios de la crítica.

Reencuentra el camino con la vehemente defensa de su fútbol, potenciando los intérpretes que son los que en estos casos fallan. Con aplomo, sin temblor en la mano a la hora de rectificar los rumbos.

Millonarios convoca para bien o para mal. Produce sentimientos, a veces irracionales, dentro de sus huestes o las de los rivales. Nunca a su alrededor hay indiferencia.

Quizás un error fue someter el rendimiento creativo  a la influencia de Macalister Silva, a quien los rivales referencian desde los libretos. Anulados él, los dos hábiles extremos, Juan Pablo Vargas y frenada la dinámica de Pereira, se desconectan sus líneas. Es Mac, sin objeción, un gran futbolista, pero no debe ser la exclusiva fórmula en el fomento del juego.

Gamero ha asimilado las razones por las cuales siempre, tras una arrolladora campaña, se ahoga en la orilla. No pasan por las minucias críticas de quienes fabulan explicaciones o ven lo invisible.

Fueron la ausencia de jugadores vitales en los partidos clave, los errores de aprendiz de algunos de sus intérpretes y, sobre todo, el partido mental, cuando las exigencias fueron superiores. Porque su fútbol no puede ser admirado diez meses y vilipendiado en el cierre así atemoricen las preocupaciones, con tantas ideas dando vueltas por su cabeza.

En las caídas tantas barbaridades se dicen, tan dañinas como cuando se pierde la conciencia de equipo.

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Esteban Jaramillo Osorio
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