En plena sesión de la tertulia “La vacaloca”, en Medellín, y sin que nadie lo hubiera sabido antes, irrumpió monseñor Carrillo, “Monse”, con sus 1.90 de estatura y casi 100 kilos de peso. Venía de Bogotá, su sede, en vueltas eclesiásticas de rutina. De inmediato suspendimos la conversación para saludarlo, ponerlo al día y ponerlo a hablar de la política colombiana, a la que casi ingresa cuando joven en su ciudad natal, lo que se abstuvo de hacer porque había oído “la llamada” para hacerse cura. ¡Qué oído…!
Más duró nuestro asombro al verlo sin esperarlo, que él en sentarse, quitarse el tapabocas, sacar y encender su pipa y comentar que deseaba participarnos de unos nuevos chascarrillos (“frases picantes, de sentido equívoco o gracioso”), que tenía pensados para echarle candela a tanto aspirante a la presidencia de Colombia, cuyo número se acerca hoy a las tres decenas. Nos precisó que estaba preparado para hablar sólo de doce candidatos que escogiéramos, “número mágico”, añadió, “no por capricho, sino porque encierra un significado que les explicaré al final”.
Lo bueno de Monse es que va al grano, sin adornos sacros innecesarios, como muchos colegas suyos, que se complacen oyéndose a sí mismos, sentando cátedra en inacabables sermones.
Comprobamos de nuevo ese rasgo de Monse –nos ha visitado en varias ocasiones– al preguntarle acerca del precandidato Alejandro Gaviria. Antes de responder ajustó sus pesadas gafas y lanzó una de sus conocidas bocanadas de humo blancuzco y aromatizado, y dijo: “Si el ex rector de Los Andes quiere ser un presidente de ‘clase’, al que no le importan las clases, tiene que pasar de enseñar ideas a enseñar los dientes…”. De inmediato se le pidió un resumen de lo que pensaba del ex alcalde de Medellín Federico Gutiérrez, otro de los aspirantes. “Lo mejor que tiene”, concretó, “es que, como buen paisa, podría llegar a ser el que mejor eche el cuento, y gane”. ¿Y sobre el gigantón Enrique Peñaloza? “No faltará quien busque alabarlo diciendo que es tan grande, que el país le queda chiquito”.
Apareció el nombre del estalinista Gustavo Petro. ¿Qué anotó Monse? Esto: “Si Petro gana el poder, pasaríamos a ser, no una Colombia Humana, como el nombre de su partido, sino una ‘Colombia petrificada’, pues petro viene de petrus, que significa ‘piedra’. Ignoro qué sería peor”. Todos callamos hasta cuando una de las contertulias quiso saber qué percepción tenía de Sergio Fajardo, asunto que delimitó así: “Como buen matemático, sabe que los números, en este momento de la pre-campaña, no le dan ni para despejar una incógnita”. Luego, el más joven de la tertulia, ansioso por conocer la reflexión acerca de Juan Manuel Galán, quedó satisfecho con este chascarrillo: “Se me ocurre pensar que una cosa es ser un Galán en nuestra historia y otra, muy distinta, ser un galán en la campaña”. Y agregó que “si es derrotado, es porque su apellido efectivamente ya pertenece a la historia…”.
El turno correspondió a Juan Fernando Cristo, precandidato santista, de quien precisó: “Si desea sacar partido de su apellido, su campaña será una auténtica pasión y es factible que termine ‘crucificado’”. En cambio, del ahora chavista Roy Barreras dijo: “Como este señor es consciente del significado primario de su apellido, buscará mostrar que carece de ellas, pero para unirse a quien más le prometa”. Asimismo se le inquirió respecto de María Fernanda Cabal: “Puede llegar a ser”, acotó, “una candidata cabal si da la imagen de ser una mujer de pantalones”.
Se le mencionó al excandidato presidencial uribista, hoy precandidato, Oscar Iván Zuluaga. Monse dejó escapar una bocanada de su pipa para después sostener que “el apellido Zuluaga no va de la A a la Z, sino de la Z a la A, es decir, de atrás para adelante, lo que podría constituir una premonición especial para su aspiración y triunfar”. ¿Y del dirigente maoísta Jorge Robledo? El ilustre visitante levantó la voz para contestar que “Robledo debe recordar que su tiempo de conquista(dor) ya terminó”. Y llegamos a los doce con el líder Humberto de la Calle, santista, del que no dudó en decir que “si quiere ser el presidente De la Calle, primero tiene que ser el candidato de la calle”.
Punto. No era más lo que deseaba decir Monse. No obstante, antes de despedirse, haciendo venias al mejor estilo de los políticos rolos, le preguntamos por qué quiso referirse solo a doce precandidatos: “Para insinuar que uno de los doce traicionará a alguien, como en el Evangelio”, dijo. Pero no soltó prenda cuando se le pidió que diera el nombre del que sospechaba…
INFLEXIÓN. ¿Será difícil adivinar a quién se refería Monseñor “Chascarrillo”? Huevo es, gallina lo pone.
Por: Ignacio Arizmendi Posada
04/09/21
