Ventana a la muerte

Publicado por: gabriela.garcia el Lun, 02/03/2020 - 08:45
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Por: Camilo Villegas.
Ventana

Hace muchos años, viví en una casa en Salitre Greco en la que había una ventana desde la que se veía a los muertos, Daba a otra calle cerrada; sin tráfico, por la que de repente pasaban Nietzsche o el Marqués de Sade, pero también Jorge Luis Borges o a familiares nuestros fallecidos hacía tiempo.

La ventana pertenecía a un altillo grande al que iba a parar todo aquello que nos daba pena regalar, aunque ya no sirviera para nada. Lo de los muertos era, obviamente, un juego, pero un juego con fundamento real, pues lo cierto es que los escasos transeúntes del callejón nos recordaban a alguna persona ya difunta. Al primero que vi, por casualidad, fue a Michael Hutchence, vocalista de INXS. Se lo dije a mi hermana, que vino corriendo y se quedó asombrada. Al día siguiente pasaron Ayn Rand y mi abuelo paterno, con un intervalo de cinco o diez minutos. La mayor parte del tiempo permanecía vacío o habitado por perros, no sé si de este mundo o del otro. Su oscuridad facilitaba el espejismo al que nos aficionamos enseguida. Matábamos las tardes asomados a la ventana cuyo marco, pintado de negro, bautizamos como “la lápida”. Un día tragué saliva al paso de una difunta — Marilyn Monroe — que miró hacia arriba y me hizo un gesto sobrecogedor con la mano.

Cuando venían amigos y familiares a comer, los invitábamos al espectáculo y todos, sin excepción, se mostraban estupefactos. Enseguida se corrió el chisme, por lo que recibíamos a diario visitas que se acercaban a la ventana con una sonrisa escéptica y que luego se retiraban de ella con expresión de aturdimiento.

Una tarde, vimos pasar a una vecina con la que teníamos muy mala relación y que estaba viva. Pensamos que el objeto de su presencia era el de fastidiarnos el juego, el de jodernos la vida, pero ese día en la tarde sonó el teléfono y nos enteramos de que había fallecido esa mañana.