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“Sí, soy travesti, ¿y qué?”

Brayan Zuluaga es un joven antioqueño de 17 años que decidió asumir su sexualidad y aconsejar, ...

Brayan Zuluaga

Pelucas y calzones con relleno en las nalgas. Posan como divas de la televisión, torciendo la cadera y doblando una rodilla para que la cola se vea aún más grande. Aún tienen el timbre de voz característico de un adolescente que pronto será un hombre, pero aún no saben si, de hecho, quieren ser hombres. Se trata del Mariposario, un grupo de adolescentes de Medellín que se volvieron famosos subiendo videos de ellos mismos en YouTube y a través de Facebook. A simple vista son homosexuales, pero los comentarios más degradantes los tildan de ‘locas’.

A mediados de 2012 un joven bogotano llamado Juan Camilo subió un vídeo a YouTube atacando al Mariposario en el que, entre otras cosas, se refirió a ellos como: “Unas locas asquerosas y guisas de muy mal gusto”. Acto seguido, Brayan Zuluaga, quien siempre se destacó entre sus amigos, subió un vídeo respondiéndole a Juan Camilo con el propósito de dejar en alto el nombre de sus amigos y sus tendencias a la hora de vestirse. Este altercado concluyó en una pelea de bogotanos contra paisas que involucró a mucha gente alrededor de todo el país. Así, Brayan Zuluaga se volvió muy famoso.

Pocos meses más tarde Brayan subió otro video en el que aconseja cómo salir del clóset con un mensaje muy sencillo: “No hay nada más ridículo que un gay que se cree heterosexual. Ante todo, uno debe tener personalidad y aceptarse como uno es. Hay que vivir por uno mismo y no por los demás. Para mí esto es normal, aunque para mucha gente sea un escándalo. Las envidiosas se pueden seguir mordiendo los codos de la envidia: yo voy a seguir dando de qué hablar porque así soy yo”.

Brayan Zuluaga

Kimberly, como se hace llamar, dice que es más fácil conversar con una cámara que con una persona. 

Hemos acordado encontrarnos en el Jardín Botánico de Medellín, y en cuanto llego advierto que hay más de una entrada. Llamo entonces al celular a través del cual nos hemos comunicado, pero contesta su abuela: Brayan dejó el celular en la casa. La mujer me dice que lleva puesto un pantalón azul y una chaqueta roja. No debería ser difícil reconocerlo.

Nunca imaginé que llegaría exhibiendo tanta piel. Aprieta una cartera de cuero rojo contra el torso, con el brazo cerrado en un gancho y la mano en alto. Sobre un top rojo lleva puesto un chaquetín del mismo color que solo le cubre las costillas y no esconde un piercing que lleva en el ombligo.  Shorts de lentejuelas color azul rey con una pretina de elástico negra por debajo del ombligo completan su vestimenta.

Dos rellenos minúsculos apenas resaltan sobre su pecho plano. Tiene puestas unas plataformas plateadas que lo elevan por encima de un metro ochenta, con un tacón de los que usa Lady Gaga. Lleva extensiones negras en el pelo que terminan en punta, justo encima de donde comienza a curvarse el relleno de sus nalgas. Sus piernas largas y muy flacas no anticipan el tamaño de su trasero, que aparece como por arte de magia: obsceno y exagerado. Imposible. Se ha peinado con un mechón de pelo sobre la frente, hacia un costado.

Se ha puesto poco maquillaje, tiene piel impecable. Es claro que es adolescente, pero sin mirarle la cara, lo único que lo revela son cicatrices de acné en el pecho marcado con huesos.

–Yo quiero verme como una modelo, pero parezco una prepago, ¿no? –pregunta con cara de preocupación.

–Pareces la Mujer Maravilla –le respondo.

–Ah, ¡muy bien! –dice sonriendo complacida.

Es lunes y al día siguiente se acaban sus vacaciones. Brayan comienza noveno grado en la Institución Educativa INEM José Félix de Restrepo, una escuela pública del sector del Poblado. La institución tiene una gran población LGBTI entre sus estudiantes. Por eso, a pesar de haber recibido amenazas de matoneo en internet, Brayan no anticipa mayores problemas. El 18 de agosto del año pasado fue la primera vez que se vistió como mujer, y desde entonces se considera transexual. Esta será la primera vez que vaya al colegio vestido con uniforme de mujer.

Brayan Zuluaga

Con el paso del tiempo ha aprendido a maquillarse y ha comenzado a verse más natural cada vez.

Advierte que lo peor que le puede pasar es que le griten travesti, y como es la verdad, no le importa. También podrían levantarle la falda, lo que Brayan ve como otra oportunidad para exhibir su cuerpo. Sería grave que le arrancaran las extensiones, por lo que estaría dispuesto a zarandear a una mujer, pero nunca pegándole, pues es consciente de que a pesar de parecer una mujer, tiene la fuerza de un hombre.

A pesar de que al presentarse dirá que es transexual y que deben llamarla Kimberly, nombre que se ha puesto por considerarlo tierno, poderoso y lo hace pensar en una Barbie, Brayan no engaña a nadie. A nadie le dice que es una mujer. Se considera una excelente representación de una mujer, pero sabe que jamás se convertirá en una, pues nunca será capaz de dar a luz, que es lo que según él, define a una mujer. Atrae a los hombres –heterosexuales y homosexuales– como si fuera un imán, y se queda callada para que su voz de jovencito adolescente no la delate. Aún no ha comenzado ningún tratamiento para evitar que le crezca barba y su voz se oiga más femenina. Todavía se depila las piernas y axilas cada dos días y se afeita la cara una vez a la semana. Sueña con ponerse tetas y ha pensado en proponer en su casa que pidan un préstamo para poder ponerse siliconas en el pecho. Planea decirles: “Ay, no, ya es como hora de operarme las tetas. ¿Será que pedimos un préstamo, o me las consigo con algún hombre?”.

Brayan está dispuesto a estar con alguien a cambio de algo si esto beneficia sus sueños. Está seguro de que la vida le traerá un hombre que le va a ofrecer las tetas a cambio de algo, por eso no va a salir a buscarlo. Además, no sería la primera vez que estuviera con alguien a cambio de algo. Confiesa haberse acostado con un joven que conocía, quien le había rogado durante mucho tiempo, a cambio de un BlackBerry.

–Uno es libre de hacer con su cuerpo lo que quiera. Pero uno debe saber hacer las cosas. Yo no me voy a prostituir a la calle Perú donde están las travestis, ni loca. Me sentiría muy degradada estando allá. Y sé que estando allá me alejaría de mis sueños por estar enfocándome en otras cosas. 

Dice que en el amor busca estabilidad emocional y dinero: “El dinero es muy importante para vivir. Si uno esta enfermo o se quiere hacer cirugías, necesita plata. En la vida todo se basa en el dinero”.

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