“Sí, soy travesti, ¿y qué?”

“Sí, soy travesti, ¿y qué?”

31 de Enero del 2013

Pelucas y calzones con relleno en las nalgas. Posan como divas de la televisión, torciendo la cadera y doblando una rodilla para que la cola se vea aún más grande. Aún tienen el timbre de voz característico de un adolescente que pronto será un hombre, pero aún no saben si, de hecho, quieren ser hombres. Se trata del Mariposario, un grupo de adolescentes de Medellín que se volvieron famosos subiendo videos de ellos mismos en YouTube y a través de Facebook. A simple vista son homosexuales, pero los comentarios más degradantes los tildan de ‘locas’.

A mediados de 2012 un joven bogotano llamado Juan Camilo subió un vídeo a YouTube atacando al Mariposario en el que, entre otras cosas, se refirió a ellos como: “Unas locas asquerosas y guisas de muy mal gusto”. Acto seguido, Brayan Zuluaga, quien siempre se destacó entre sus amigos, subió un vídeo respondiéndole a Juan Camilo con el propósito de dejar en alto el nombre de sus amigos y sus tendencias a la hora de vestirse. Este altercado concluyó en una pelea de bogotanos contra paisas que involucró a mucha gente alrededor de todo el país. Así, Brayan Zuluaga se volvió muy famoso.

Pocos meses más tarde Brayan subió otro video en el que aconseja cómo salir del clóset con un mensaje muy sencillo: “No hay nada más ridículo que un gay que se cree heterosexual. Ante todo, uno debe tener personalidad y aceptarse como uno es. Hay que vivir por uno mismo y no por los demás. Para mí esto es normal, aunque para mucha gente sea un escándalo. Las envidiosas se pueden seguir mordiendo los codos de la envidia: yo voy a seguir dando de qué hablar porque así soy yo”.

Brayan Zuluaga

Kimberly, como se hace llamar, dice que es más fácil conversar con una cámara que con una persona. 

Hemos acordado encontrarnos en el Jardín Botánico de Medellín, y en cuanto llego advierto que hay más de una entrada. Llamo entonces al celular a través del cual nos hemos comunicado, pero contesta su abuela: Brayan dejó el celular en la casa. La mujer me dice que lleva puesto un pantalón azul y una chaqueta roja. No debería ser difícil reconocerlo.

Nunca imaginé que llegaría exhibiendo tanta piel. Aprieta una cartera de cuero rojo contra el torso, con el brazo cerrado en un gancho y la mano en alto. Sobre un top rojo lleva puesto un chaquetín del mismo color que solo le cubre las costillas y no esconde un piercing que lleva en el ombligo.  Shorts de lentejuelas color azul rey con una pretina de elástico negra por debajo del ombligo completan su vestimenta.

Dos rellenos minúsculos apenas resaltan sobre su pecho plano. Tiene puestas unas plataformas plateadas que lo elevan por encima de un metro ochenta, con un tacón de los que usa Lady Gaga. Lleva extensiones negras en el pelo que terminan en punta, justo encima de donde comienza a curvarse el relleno de sus nalgas. Sus piernas largas y muy flacas no anticipan el tamaño de su trasero, que aparece como por arte de magia: obsceno y exagerado. Imposible. Se ha peinado con un mechón de pelo sobre la frente, hacia un costado.

Se ha puesto poco maquillaje, tiene piel impecable. Es claro que es adolescente, pero sin mirarle la cara, lo único que lo revela son cicatrices de acné en el pecho marcado con huesos.

–Yo quiero verme como una modelo, pero parezco una prepago, ¿no? –pregunta con cara de preocupación.

–Pareces la Mujer Maravilla –le respondo.

–Ah, ¡muy bien! –dice sonriendo complacida.

Es lunes y al día siguiente se acaban sus vacaciones. Brayan comienza noveno grado en la Institución Educativa INEM José Félix de Restrepo, una escuela pública del sector del Poblado. La institución tiene una gran población LGBTI entre sus estudiantes. Por eso, a pesar de haber recibido amenazas de matoneo en internet, Brayan no anticipa mayores problemas. El 18 de agosto del año pasado fue la primera vez que se vistió como mujer, y desde entonces se considera transexual. Esta será la primera vez que vaya al colegio vestido con uniforme de mujer.

Brayan Zuluaga

Con el paso del tiempo ha aprendido a maquillarse y ha comenzado a verse más natural cada vez.

Advierte que lo peor que le puede pasar es que le griten travesti, y como es la verdad, no le importa. También podrían levantarle la falda, lo que Brayan ve como otra oportunidad para exhibir su cuerpo. Sería grave que le arrancaran las extensiones, por lo que estaría dispuesto a zarandear a una mujer, pero nunca pegándole, pues es consciente de que a pesar de parecer una mujer, tiene la fuerza de un hombre.

A pesar de que al presentarse dirá que es transexual y que deben llamarla Kimberly, nombre que se ha puesto por considerarlo tierno, poderoso y lo hace pensar en una Barbie, Brayan no engaña a nadie. A nadie le dice que es una mujer. Se considera una excelente representación de una mujer, pero sabe que jamás se convertirá en una, pues nunca será capaz de dar a luz, que es lo que según él, define a una mujer. Atrae a los hombres –heterosexuales y homosexuales– como si fuera un imán, y se queda callada para que su voz de jovencito adolescente no la delate. Aún no ha comenzado ningún tratamiento para evitar que le crezca barba y su voz se oiga más femenina. Todavía se depila las piernas y axilas cada dos días y se afeita la cara una vez a la semana. Sueña con ponerse tetas y ha pensado en proponer en su casa que pidan un préstamo para poder ponerse siliconas en el pecho. Planea decirles: “Ay, no, ya es como hora de operarme las tetas. ¿Será que pedimos un préstamo, o me las consigo con algún hombre?”.

Brayan está dispuesto a estar con alguien a cambio de algo si esto beneficia sus sueños. Está seguro de que la vida le traerá un hombre que le va a ofrecer las tetas a cambio de algo, por eso no va a salir a buscarlo. Además, no sería la primera vez que estuviera con alguien a cambio de algo. Confiesa haberse acostado con un joven que conocía, quien le había rogado durante mucho tiempo, a cambio de un BlackBerry.

–Uno es libre de hacer con su cuerpo lo que quiera. Pero uno debe saber hacer las cosas. Yo no me voy a prostituir a la calle Perú donde están las travestis, ni loca. Me sentiría muy degradada estando allá. Y sé que estando allá me alejaría de mis sueños por estar enfocándome en otras cosas. 

Dice que en el amor busca estabilidad emocional y dinero: “El dinero es muy importante para vivir. Si uno esta enfermo o se quiere hacer cirugías, necesita plata. En la vida todo se basa en el dinero”.

Brayan solo se considera un fetiche sexual para los hombres. No piensa en el amor y declara: “Yo abandono mis sueños por amor y un día ese amor se levanta y ya no me quiere más. En cambio mis sueños nunca me van a dejar de querer”.

Nació en el municipio de La Estrella, en Medellín, y fue abandonado por sus padres, ambos de 18 años, para ser criado por su abuela, que tiene casi 60. A los siete  descubrió que su mamá era bisexual al verla besándose con otra mujer. Pero esto no le pareció extraño, pues desde los cuatro años a él le gustaban los hombres. A su padre lo mató el marido de una amante, pero a Brayan le dijeron que había muerto de un dolor de cabeza.

Brayan camina con dificultad por los caminos de piedras pequeñas que se enredan por los predios del Jardín Botánico: las rodillas dobladas, acentuando todos los músculos de sus piernas largas y flacas. Todo el mundo lo mira y él dice no darse cuenta pues hace mucho tiempo se acostumbró a llamar la atención, que es lo que más lo llena en la vida.  Quiere estudiar Comunicación Social y ya ha comenzado a trabajar en su futuro a través de los vídeos que monta en Internet. Quiere demostrarle a Colombia que un transexual puede hacer mucho más que ser peluquero, prostituta o el payaso de una telenovela. Brayan quiere acabar con los estereotipos a través de una carrera muy exitosa como la que podría tener cualquier heterosexual adinerado, dice.

A través de los comentarios que recibe en internet, sabe que la gente piensa que es muy bruta, pero Brayan se considera muy inteligente: “Es más inteligente la persona que actúa de bruta, que la persona que actúa de inteligente. Inteligencia es saber hacer las cosas bien, no solo es conocimientos intelectuales. Yo soy inteligente en la forma en que voy a vivir mi vida, en la forma en que me voy a dar a conocer y como me muestro a los demás”.  Efectivamente, Brayan comenzó a grabar vídeos de sí misma en YouTube para llamar la atención. En poco tiempo se dio cuenta de cuánta gente lo estaba viendo y comenzó a grabar vídeos en los que ayuda a adolescentes como él hablando de su propia experiencia y dando consejos. Lo único a lo que dice temerle es a la muerte, pero lo tranquiliza el hecho de que sus vídeos quedarán en la red para siempre, lo que considera una forma de inmortalizarse.

Con solo 17 años habla con la claridad y la fuerza con que lo haría una persona que ha pasado por muchos años de terapia y un largo y doloroso proceso de auto aceptación. Se oye seguro de sí mismo, es muy claro que está completamente enamorado de sí mismo. Y sin embargo, Brayan jamás ha visitado un terapeuta. Fue él solo, sin la ayuda de nadie, quien aprendió que el amor viene desde adentro y que para ser feliz uno debe aceptarse tal y como es. Y es que cuando Kimberly, como quiere que lo llamen, se mira al espejo, ama lo que ve y está muy orgullosa de en quién se ha convertido. No necesita la aprobación de nadie. Lo único que cambiaría (además de ponerse siliconas en el pecho) sería su nariz que según él revela que es un hombre. No se haría la cirugía que le transformaría el pene en una vagina, pues la considera demasiado cara y con esa plata preferiría comprarse una casa y viajar. Además insiste en que aunque tuviera una vagina, jamás sería una mujer.

Brayan Zuluaga

La de la derecha es una foto del primer día de colegio, uniformado como una mujer.  

En diciembre, y luego de algunos intentos fallidos, cuando fue a comprar “los ‘estrenes’ para el año nuevo”, decidió que lo único que le gustaba era la ropa de mujer, y eso fue lo que compró. Al poco tiempo se dio cuenta de que en su clóset ya no quedaba ropa de hombre y cree que fue su abuelita quien se la regaló a su hermano y sus primos. Para su abuela, el cambio de Brayan a Kimberly fue muy duro al principio, pero eventualmente ha ido aceptando a su nieto tal y como es y es para él un gran apoyo.

Brayan, que se refiere a sí mismo en femenino, no tiene ídolos y solo se identifica con la muñeca Barbie. Asegura que ésta es la mejor representación de una mujer, la mujer perfecta, y que además es soltera. Se visualiza a sí mismo como una Barbie y comenzó a practicar caminando con plataformas mientras barría en la casa.

A pesar de haberse vuelto masivamente visible en Internet mientras estaba acompañado por el Mariposario, se ha alejado de ellos por haber encontrado demasiadas diferencias entre sí. Asegura que sus ex mejores amigos aún no han definido si quieren parecer hombres o mujeres. Tampoco está de acuerdo con que estos quieran convertirse en mujeres e insiste: “Jamás van a ser mujeres”. Tampoco está de acuerdo con que se vean andróginos; Brayan considera que uno debe saber lo que quiere ser y no admite la evidente confusión de sus amigos, que no es más que un proceso por el que él ya pasó. Pero él no lo entiende así.    

A pesar de asegurar que aún si le construyeran una vagina no sería mujer, es mucho el dinero que gasta arreglándose para parecerlo y demora hasta hora y media en alistarse. Las extensiones del pelo, que pueden durarle hasta un año y se pone y saca todos los días, le costaron 200 mil pesos.  El brasier con relleno le cuesta hasta 30 mil, y el relleno de la cola cuesta 20 mil. Por el momento no usa accesorios como collares y pulseras ni aretes de huecos. Continuamente se coge el pelo, coqueteando como lo haría una quinceañera. Le encanta la cámara y asegura que es más fácil conversar con una cámara que con una persona. Posa hundiendo la barriga y torciendo la cadera para que sus nalgas artificiales se vean aún más prominentes. No le da miedo andar por la calle exhibiéndose a sí misma como si estuviera en venta, y con mucho disimulo se acomoda ‘el paquete’ entre las piernas como lo haría Buffalo Bill en El silencio de los inocentes: “Es incómodo y a veces duele, pero eso no importa”.

–Hoy en día dura más un par de tacones que un novio. El mío es un camino solitario, yo no espero nada del amor. En cambio, lo voy a suplantar con ropa”.  

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El primer día de colegio fue un éxito, tal y como Brayan lo anticipó: fue el centro de atención durante todo el día, y generó “una tormenta”. Al final de la semana entrarán el resto de los estudiantes hasta llenar el colegio. No le sorprendería que fueran los estudiantes mayores quienes intenten matonearlo, pero está preparado para responder a quienes le griten ‘perra’ o ‘grilla’: les dirá:

–Si a usted no le gustan las grillas, ¡no sea grilla, sea seria!

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