Después de vivir un terremoto, niñas y niños también pueden sentir miedo, confusión o preocupación por lo ocurrido. Aunque muchas familias buscan protegerlos evitando hablar del tema, guardar silencio no siempre es la mejor alternativa.
Explicar lo sucedido de manera clara y permitir que expresen sus emociones puede ayudarles a comprender la situación y sentirse acompañados.
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La recomendación de la Universidad Konrad Lorenz es conversar con ellos utilizando un lenguaje sencillo y apropiado para su edad. No es necesario entregar todos los detalles del terremoto, pero tampoco conviene ocultar información importante que pueda generar más confusión.
La idea es responder sus preguntas con tranquilidad y brindarles información que puedan comprender.
También es importante reconocer que los adultos no tienen que saberlo todo. Si un niño pregunta algo cuya respuesta se desconoce, se puede decir “no lo sé” y, posteriormente, buscar juntos información en fuentes confiables. Esto permite construir un espacio de confianza y evita transmitir información falsa o generar expectativas que no puedan cumplirse.
Más que intentar convencerlos de que “no tengan miedo”, los adultos pueden preguntar qué están pensando y qué fue lo que más les preocupó. Preguntas como “¿qué has pensado desde que ocurrió?”, “¿hay algo que quieras preguntarme?” o “¿cómo te puedo acompañar?” pueden abrir la conversación y ayudar a identificar sus necesidades.
Cada niña y cada niño puede reaccionar de manera diferente. Algunos pueden hablar mucho sobre lo ocurrido, mientras otros pueden necesitar más tiempo antes de expresar lo que sienten. Por eso, es fundamental respetar sus ritmos, escuchar sin juzgar y validar sus preguntas y emociones.
Acompañarlos después de un terremoto no significa tener todas las respuestas. Informar, escuchar y estar presentes también es una forma de cuidar su bienestar emocional.
