Un hombre fracasado decide pasar un año junto a su hijo en una isla remota de Alaska.
El paisaje es hostil, frío, desolado. Para comer es necesario cazar o pescar. Padre e hijo viven riesgos, por ejemplo, un oso se inmiscuye en su refugio mientras van de caza y destruye sus pocos muebles y mucha comida.
La isla es de difícil acceso, sólo se puede llegar a ella usando un hidroavión. El vecino más cercano está a miles de kilómetros de distancia, y para completar el padre, Jim, tiene una crisis nerviosa: en las noches llora, usa el radioteléfono para hablar con su exesposa (que no es la madre del hijo, Roy) pero ella no le presta mucha atención.
Roy está en plena adolescencia. Aceptó dejar el colegio y su vida con su madre y hermana para pasar un año junto a su padre en ese paraje solitario.
Un buen día, en medio de la tensión (la depresión del padre y la incertidumbre del hijo) suena un disparo. Uno de ellos resuelve darse un tiro en la cabeza. El sobreviviente debe sacar el cadáver, pedir ayuda, superar el duelo.
Este es el argumento de Sukkwan Island, de David Vann, que llega a Colombia con el sello Ediciones Alfabia, que lo publicó en España.
Vann nació en Adak, una isla de Alaska, en 1966. En su familia han ocurrido cinco suicidios, los cuales han permeado su trabajo como escritor y su vida, es voluntario de la Fundación Americana para la Prevención del Suicidio. Fue insomne y lo trató montando bicicleta bajo las farolas nocturnas de California. También es navegante.
Sukkwan Island nace de una experiencia personal del autor. Su padre, cuando Vann era adolescente, lo invitó a pasar un año en una isla de Alaska. El joven rechazó la oferta, el padre se suicidó en la soledad de su refugio.
El texto no recorre este camino, aunque se inspira en él. Es una novela corta, vibrante, que al final genera una gran compasión por sus personajes. No en vano, en una entrevista con El País de España, Vann dice sobre su padre, a quien dedica el texto: “Ojala que le hubiera bastado el amor que todos le teníamos para seguir adelante”. Algo similar siente el lector sobre los personajes al terminar el texto.
La novela ha recibido el aplauso de la crítica. Ganó el premio Médicis en Francia a la mejor novela extranjera lo que precipitó su éxito en Estados Unidos.
Vann nació en Adak, una isla de Alaska, en 1966. En su familia han ocurrido cinco suicidios, los cuales han permeado su trabajo como escritor y su vida, es voluntario de la Fundación Americana para la Prevención del Suicidio. Fue insomne y lo trató montando bicicleta bajo las farolas nocturnas de California. También es navegante.
Sukkwan Island nace de una experiencia personal del autor. Su padre, cuando Vann era adolescente, lo invitó a pasar un año en una isla de Alaska. El joven rechazó la oferta, el padre se suicidó en la soledad de su refugio.
El texto no recorre este camino, aunque se inspira en él. Es una novela corta, vibrante, que al final genera una gran compasión por sus personajes. No en vano, en una entrevista con El País de España, Vann dice sobre su padre, a quien dedica el texto: “Ojala que le hubiera bastado el amor que todos le teníamos para seguir adelante”. Algo similar siente el lector sobre los personajes al terminar el texto.
La novela ha recibido el aplauso de la crítica. Ganó el premio Médicis en Francia a la mejor novela extranjera lo que precipitó su éxito en Estados Unidos.
