Cena navideña en la selva

Cena navideña en la selva

27 de diciembre del 2010

Detrás de las bolsas en las que los soldados cargan su ración de campaña está el trabajo de 52 mujeres y hombres que hacen un trabajo tan misterioso que parece producto de la magia. Sólo pesan 1.3 kg de peso y miden 20 x 30 cm. Sacar de ahí el desayuno, almuerzo y cena de un día de un paquete tan pequeño habría sido castigado en la Edad Media en la hoguera. De hecho, a Cristo le costó la crucifixión haber sacado cientos de panes y de peces de una canasta.

Pero en las selvas de Colombia esta brujería es de todos los días. Las raciones de campaña cuentan con 3.840 ochocientas calorías, repartidas en diez tipos de menús, que oscilan entre los garbanzos a la madrileña, el goulash, el sudado de pollo y el mondongo. ¿Cuál es la explicación científica de este misterio? La deshidratación de los alimentos. De esa forma, preparaciones grandes pueden entrar en paquetes pequeños. El soldado debe calentarlo en baño María para hidratar los alimentos, pero si no tiene tiempo puede consumirlos fríos, porque conservan el mismo sabor, forma y textura.

¿Y qué pasa con el agua en el frente de batalla? Se dice que un ser humano debe consumir, al menos, dos litros de agua al día, que tienen un peso de dos kilos, una carga excesiva para un hombre en combate. Por eso, la ciencia resolvió este tema con sólo dos pastillas que purifican un litro de agua que el soldado puede tomar de una quebrada. Diez minutos después de sumergir las cápsulas, está lista para beber. Una tercera pastilla al fondo de la bolsa le proporciona al soldado los nutrientes necesarios por un día, en caso de que el combate no le dé tregua.

En la planta de la Agencia Logística de las Fuerzas Militares se preparan y deshidratan a diario 16 mil raciones de campaña. La Nacional de Chocolates, Nestlé, Iberoamericana de Alimentos, Prolac y Montain Food las preparan, luego de haber sido escogidas mediante una subasta. Las raciones salen de allí cada quince días hasta las unidades militares principales de cada región del país, y de ahí van por helicóptero o vía marítima hasta los frentes de combate. Pero este abastecimiento no es regular, porque se ve afectado por el clima o los combates. Por eso, los soldados deben cargar en sus equipos a veces más de quince raciones. Hay unos, incluso, que están lejos de cualquier ciudad pequeña hasta quince semanas.

Antes de sentarse a comer, a los soldados les es imposible no leer la frase que tiene escrita cada paquete: “El mundo está en las manos de aquellos que tienen el coraje de soñar y de correr el riesgo de hacer realidad sus sueños”.