Correo a la Libertad, las cartas que conectan a presos y estudiantes

Publicado por: christian.sandoval el Mié, 21/07/2021 - 18:38
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Creado Por
Christian Sandoval
Correo a la Libertad, un proyecto de la profesora Yamile Carrillo y Diego Ostios, lleva ocho años conectando por medio de cartas a estudiantes de un colegio de Bogotá con presos de distintas cárceles del país.

Existe un viejo cuento carcelario que narra la historia de un reo en una prisión gris, oscura y cruel, desanimadora incluso hasta para el más optimista de los confinados, que disponía únicamente de una libreta y una pequeña ventana que daba directamente hacia un valle profundo. En aquel escenario solía imaginarse diariamente compartiendo con su pequeña hija que le esperaba en casa.  

Todas las mañanas se alistaba desde muy temprano en la madrugada, aprovechando un corto lapso de tiempo mientras llegaba el guardia con el desayuno, para ver la llegada del sol y contemplar cómo este pintaba el cielo de un particular tono rojizo que le recordaba el listón que solía usar su hija en el cabello. Uno de aquellos días sacó su libreta y escribió: “Hoy mi pequeña trajo una manta y un par de sándwiches para hacer un picnic en el viejo banquillo. Jugamos a la pelota y luego tuvo que regresar con su madre”. 

Vincent Van Gogh expresó la idea del cuento de una forma más sencilla: “La única forma de abrir la prisión es amar”. Una filosofía que ha renacido muy lejos del viejo continente, en Bogotá, de la mano con la iniciativa Correo a la Libertad, un proyecto en el que presos de distintas cárceles del país y niños del colegio Codema, en Kennedy, tienen la oportunidad de intercambiar historias por medio de cartas.

“Un día en un lugar como este es muy duro, y más cuando no tienes a nadie con quién puedas contar, el saber que lo que tuviste algún día se desvanece poco a poco y saber que nunca volverás a hacer lo que más te gusta y compartir con los que te quieren es duro, porque nos toca compartir con muchas personas que ni siquiera conocemos”, relata una carta de un preso del patio1B de la cárcel La Modelo.

Conocimientos, reflexiones sobre la vida en prisión, poemas, cuentos y mucha crítica literaria, son los temas predominantes en las correspondencias de esta idea que lleva ocho años construyendo puentes comunicativos entre presidiarios y estudiantes. Dos mundos aparentemente disímiles, que terminan encontrando conexión en las letras.

El corazón de Correo a la Libertad está igualmente con un pie en la libertad y otro en la cárcel. Por un lado está la profesora Yamile Carrillo, quien dirige el proyecto desde el Colegio Codema, y por otro está Diego Raúl Rodríguez Ostios, actualmente privado de la libertad, quien es el encargado de llevar la iniciativa al interior de los penales, así como de recibir y enviar las cartas a través del correo de la prisión

En entrevista con Kienyke.com, Carrillo habló sobre este emotivo programa que nació como una idea para motivar la necesidad real de comunicación en sus estudiantes. La idea, según indica, era evitar partir “de algo artificial, creado en las escuela para que los chicos practiquen una habilidad comunicativa, sino que fuera una necesidad vital. Que lo quieran hacer motivados por una curiosidad y un interés profundo”. 

Así las cosas, por allá en 2013, tras participar en la edición de una novela de Ostios, Carrillo se interesó profundamente en el tema y propuso la idea de iniciar un intercambio de cartas con sus estudiantes. El piloto de este plan se daría con presos de la cárcel La Modelo de Bogotá. 

“Él recogió unos cuentos que habían hecho en un taller literario en la cárcel, me los envió y yo los repartí entre los estudiantes de décimo y once que quisieron participar. Esto siempre ha sido voluntario (...) Los chicos empezaron a responder a los escritores de los cuentos, a hablar con ellos, muy motivados, muy interesados. A partir de ahí no hemos dejado de escribir.”, cuenta con nostalgia

En sí, el proceso ha seguido siendo el mismo desde entonces, algunas veces con dos y otras hasta con siete intercambios de cartas al año, variando en función de la cárcel donde Ostios se encuentre. Correo a la Libertad ha trabajado durante estos años con los penales de Chiquinquirá, Villavicencio, el Buen Pastor, La Picota, La Modelo y, actualmente, la Cárcel de Guaduas.

“Las personas privadas de la libertad experimentamos algunas situaciones que nos pueden llevar a extremos de paz y de angustia, de esperanza y ganas de morir, de soledad y compañía. Todos estos extremos los experimentamos aquí a diario. Yo me pregunto ¿no ocurre lo mismo con las personas que están fuera de esta cárcel? Nosotros los presos seguimos vivos y viviendo. No sé si yo veo diferente a los demás, pero yo veo y respiro ambiente de armonía aquí ¿lo respiran igual los de afuera?“, cuestionó Ostios a sus lectores en una carta de 2014. 

Hoy por hoy, tras varios años de trabajo, Correo a la Libertad ya es una máquina imparable de cartas y en el proceso han alcanzado grandes logros como la publicación de cuatro libros, el premio BBVA al maestro en 2018, el segundo premio IDEP a la innovación pedagógica en 2017, así como la participación en varios foros locales y distritales. Aún así, como la docente precisa, su mayor logro es alcanzar un profundo grado de conexión y compromiso por parte de sus estudiantes. 

Dos mundos iguales

 

Las primeras clases que dio la profesora Yamile Carrillo fueron por allá en el 2000, lo que significa que ya lleva 21 años dedicados a la enseñanza, 15 de los cuales han sido en instituciones públicas.  Según asegura, buena parte de esta iniciativa nace de su percepción de lo que significa la educación. 

“Para mi la educación no es transmitir un conocimiento, no es dar una clase con 40 personas en la que unos están distraídos, otros no quieren estar ahí, están obligados  y otros están aburridos. Para mí educar es dialogar, es poder compartir con ellos sus preocupaciones y sus ideas”, asevera la docente.

Por esa razón, apoya la idea de que el colegio y la prisión no son mundos tan diferentes en cuanto en ambos hay sueños, preocupaciones importantes y todo tipo de situaciones que requieren de diferentes canales para ser expresados. “La cárcel es exactamente como la sociedad, es un espejo de la misma”, considera.

Por el lado del colegio, la profesora estima que uno de los mayores errores que se puede cometer es “creer que el niño no tiene preocupaciones o que sus preocupaciones no son importantes”. Esto porque gracias a su contacto frecuente con los estudiantes, se ha dado cuenta de que “existen sueños muy valiosos, preocupaciones, posiciones políticas y los inicios de una formación ideológica”. 

Según ha observado, uno de los efectos del programa en sus estudiantes es que les ha permitido quitarse de encima muchos prejuicios y ahora “pueden ver la realidad más de frente y comprenderla un poco mejor, así como abrirse más frente a sus propias dudas o sus propios miedos”. 

“Estamos hablando, posiblemente, con personas que han cometido crímenes y nuestra posición ante ellos ¿cuál es? Si es la de juzgarlos o si es la de empezar a comprender porqué los seres humanos actuamos de una determinada manera, cometemos x o y tipo de error, cómo podemos perdonarnos, comprendernos y actuar de la mejor manera”, relata.

Por el otro lado, el de la cárcel, la situación es prácticamente la misma. “Ahí vas a encontrar profesionales, gente que no sabe leer o escribir, homofóbicos, gente muy de derecha, gente muy de izquierda o gente muy religiosa”, cuenta la docente. 

En ese orden de ideas, una de las mayores fortalezas de Correo a la Libertad es esa diversidad de los participantes que se traduce en una gran variedad de opiniones, puntos de vista y modos de entender la vida.

Dolores y alegrías entre rejas

 

El porqué escoger las cartas como método de comunicación y eje principal del proyecto, surge precisamente de la importancia que estas tienen dentro del proceso de una persona que se encuentra privada de la libertad. Según Carrillo, esto se explica en cuanto “los seres humanos necesitamos comunicarnos y algo que pierde el prisionero es la posibilidad de comunicación con el afuera”.

“Su necesidad de comunicación es muy grande. La felicidad que les da recibir las cartas y poder escribirlas, es muy evidente y muy clara. Es como si la comunicación fuera libertad, poder encontrarse con otra persona es una oportunidad de ser libre”, asegura.

En ese sentido, hacer un recorrido por los cientos de cartas intercambiadas entre estudiantes y presos termina por sumergir al lector en un mar de sentimientos, cuentos, poemas, rutinas de la cárcel y muchas otras situaciones. Un ejemplo de ello es una misiva de 2016 de una interna del Buen Pastor, que le cuenta a su destinataria lo difícil que es pasar navidad lejos de casa. 

“Yo te cuento que estos días han sido muy buenos, han celebrado la fiesta de las Mercedes, la virgen de los presos y han habido muchos eventos. Empieza la temporada navideña y con ella viene la nostalgia y la melancolía, es muy duro pasar fechas especiales acá. Pero sé que será mi última navidad acá y eso me motiva”, decía aquella carta. 

Fragmento de carta del Buen Pastor.

En otro manuscrito de aquella correspondencia con el Buen Pastor, otra rea le cuenta a una de las estudiantes que la “verdadera prueba” para ella llegará tras salir de prisión. Momento en el que podría darse cuenta de la influencia que realmente tuvo sobre su actuar el haber estado privada de la libertad. 

“Yo pienso que la verdadera prueba va a venir cuando salga de este sitio, ya que en la calle es donde me voy a dar cuenta qué tanto he cambiado. Yo sé que cuando salga de aquí lo primero será estudiar y trabajar para poder ayudarme a mi como a mi familia”, contó. 

Fragmento de carta del Buen Pastor.

“Llega el almuerzo a las 11 AM, seguimos en educativas hasta las 12:30, luego retornamos al patio, llego y llamo a mi familia y descanso un rato. Luego espero que llegue la comida a las 3:30 pm, es muy temprano, uno come a esa hora y a las 6:00 pm ya tiene hambre y toca empezar a endeudarnos en una chasa que hay. Es una mini tienda, venden galletas-pan-gaseosa-papas”, contaba un interno de La Modelo en 2016 en un interno de resumir su rutina en la cárcel.

Fragmento de carta de La Modelo.

Otro reo de La Modelo también la describió de una forma bastante cruda: “Es la mamá de las cárceles en Colombia y fue la segunda más peligrosa del mundo hace algunos años, eso no lo sabía hasta llegar; acá es como vivir en otro mundo, como en marte, todo es hostil, peleas, odios, envidias, venganzas, miedos, temores, oscuridad”

Fragmento de carta de La Modelo.

No obstante, también hay demasiado positivismo en muchas cartas, incluso más de aquello que se puede apreciar en varios de los manuscritos de los estudiantes, según asegura la profesora Yamile. 

“En el día nunca asisto a la celda, me la paso con otras compañeras que son Denisse (holandesa) y Neffer (colombiana) y todo es divertido porque Denisse no habla español y nosotras inglés tampoco (...) Eso es lo que le pone sabor a nuestra amistad porque nos une más y también entendemos lo de cada quien en sentimientos o locuras”, aseguraba una interna del Buen Pastor en 2015.

Carta de una interna del Buen Pastor.

Aunque Yamile Carrillo se siente bastante contenta con lo logrado hasta el momento, asegura que aún es mucho el trabajo que le espera a Correo de la Libertad para seguir creciendo. Ahora, en plena pandemia, ha logrado hacer una alianza con estudiantes de pedagogía de la Universidad Libre para que estos intercambien textos con la población carcelaria. 

No obstante, cuando se le pregunta por el momento más emotivo que ha tenido durante todo este tiempo con su proyecto, la respuesta es clara: “Los encuentros presenciales, cuando la carta tiene un rostro”. Uno de esos casos en los que los presos han salido y agradecidos visitaron el colegio para ver a aquellas personas que, cuando estaban entre muros, les alegraban el día por medio de las letras.

Correo a la Libertad se convierte entonces en una de esas pocas veces en las que la sociedad tiene la oportunidad de verse a sí misma al espejo para intentar reconocerse y aprender sobre sus errores. Letras extensas, dedicadas, amorosas, muchas veces a modo de consejo y otras muchas de desahogo, que permiten tanto a estudiantes como a presos escapar de sus realidades y experimentar la libertad por medio de la pluma.