Dean Kraft: el hombre del toque mágico

Foto: Armando Martí

Dean Kraft: el hombre del toque mágico

9 de julio del 2018

El ambiente del estudio 1 de Inravisión, estaba cargado de una extraña electricidad que aceleraba la respiración de docenas de técnicos, camarógrafos y presentadores, al igual que de las personas invitadas a presenciar una demostración en vivo y en directo, sobre la fuerza de las facultades extrasensoriales que posee el ser humano, algo nunca antes visto en Colombia.

En el camerino las maquilladoras terminaban los últimos retoques a Dean Kraft, un famoso sanador norteamericano, a quien yo había invitado a un Congreso Mundial en Bogotá y cuyo patrocinador era “producciones JES”, calificada como la mejor productora de televisión nacional en ese entonces.

Su director era Julio Sánchez Vanegas, un hombre de gran inteligencia, mente abierta y curiosidad innata. Él recibió la carga de energía emanada de las sorprendentes manos de Kraft, que lograron mejorarle un fuerte dolor de cabeza.

La publicidad del evento anunciaba que por primera vez en el país, los televidentes experimentarían los beneficios a distancia del poder de la sanación que enviaría a los hogares Dean Kraft, a quien le presidía una gran fama, por haber curado a cientos de personas en otras ciudades del mundo, con sus dones psíquicos.

Al comenzar la transmisión, Dean se paró frente a las cámaras de televisión, cerró los ojos e invitó a la audiencia a que hiciera lo mismo, para que concentrados pudieran conectarse con la fuerza espiritual de cada uno.

Abrió los brazos, inhalando y exhalando varias veces, lenta y profundamente, empezó a generar una gran energía magnética, a tal punto que se recalentaron algunos equipos eléctricos y la temperatura del lugar subió intempestivamente.

Se trataba de un calor muy fuerte, que en principio agitaba el cuerpo y después lo tranquilizaba. Por media hora persistió esta energía curativa, la cual fue confirmada por docenas de llamadas de todas partes del país, que reportaban una inmediata sensación de bienestar, desaparición de todo tipo de dolores físicos, tranquilidad y sosiego mental, entre muchas otras cosas.

La consciencia es una de las piezas claves del rompecabezas, para entender cómo el espíritu interactúa con la materia física y química del hombre, convirtiéndolo en un ser energético multidimensional y sutil, capaz de transitar por tres niveles básicos: el instinto, el intelecto y la espiritualidad.

Toda materia tiene una frecuencia, la cual coexiste en un mismo espacio sin destruirse, pero está en constante relación entre el cuerpo físico y el etéreo (una reproducción electromagnética del cuerpo biológico que contiene parte de la fuerza vital de la existencia).

Cuando se presentan desequilibrios emocionales, deseos reprimidos, pensamientos resentidos y vengativos, así como ciclos inconclusos dentro de la historia personal, aparecen las enfermedades como manifestaciones necesarias en la evolución del alma.

Uno de los métodos más antiguos de curación, ha sido la imposición de manos. Desde los antiguos egipcios hasta los griegos, utilizaron el toque terapéutico en los templos de Esculapio para sanar, incluso en algunas referencias bíblicas se habla de la manera en que Jesús, por medio de su amor incondicional, intercedió milagrosamente, perdonó y llenó de misericordia a varias personas, liberándolas de las aflicciones físicas, mentales y espirituales:

-“Y estas señales seguirán a los que crean (…) impondrán las manos sobre los enfermos y se pondrán bien.-” (Marcos 16, 17 – 18), dejando claro que todo aquel que crea desde la humildad y la fe, podrá intervenir a favor del prójimo. Entonces, ¿cómo ocurre el intercambio de energía entre el sanador y el paciente? Y esta capacidad de curar ¿es una facultad propia del ser humano y como cualquier otra facultad puede mejorarse con el tiempo mediante la práctica?

Las energías de los sanadores son cualitativamente semejantes a los campos magnéticos de alta intensidad, en otras palabras, las frecuencias vibracionales al ser superiores, pueden intervenir en el cuerpo etéreo de los individuos, produciendo un equilibrio en los sistemas moleculares y celulares del organismo.

Normalmente, cuando el patrón energético etéreo está ordenado y en buenas condiciones, el cuerpo permanece en un estado de salud óptimo, pero cuando se distorsiona el cuerpo etéreo y se desorganizan sus patrones de bienestar, a causa de diferentes influencias desarmónicas, el cuerpo físico decae y poco a poco aparecen signos de la enfermedad.

En efecto las palmas de las manos son chakras (centros de energía) menores, en donde hay un flujo de energía magnética entrante y saliente, por medio del cual, se pueden estabilizar algunos síntomas emocionales y mentales, que desempeñan un papel significativo en la génesis y agudización de muchas dolencias.

Por lo tanto, el sanador espiritual, actúa como una central generadora de múltiples frecuencias resonantes, capaces de reorganizar y llenar las “fugas” energéticas, para alcanzar el equilibrio del Yo Superior.

Mi querido y entrañable amigo Dean Kraft, murió el 27 de Octubre del 2013 a la edad de 63 años en los brazos de su esposa Rochelle Kraft. Con su gran sentido del humor, impecable integridad profesional y generosidad, logró a través de su intuición redireccionar las frecuencias estancadas de las personas, para desbloquear los campos energéticos y activar el sistema de sanación.

Así lo describía: “mientras intento ayudar a alguien con un problema de salud, visualizo las áreas enfermas. Por ejemplo, si un paciente tiene un diagnóstico sin muchas esperanzas médicas, como tumores en el hígado, yo procuro “ver” o “imaginar” que los mismos se van reduciendo poco a poco y por medio de mis manos, les transmito energía sanadora y esta acción va desencadenando cambios físicos notables”.

Sus métodos eran tan exitosos, que lo llamaron de la facultad de medicina del Hospital Lincoln al sur del Bronx en Nueva York, para enseñarle estas técnicas a todo el personal médico. El propósito fue aprender a activar la percepción sensorial, conocer en qué áreas concentrar la energía e iniciar la sanación junto con el paciente.

Gracias a su disposición, generosidad y compasión, curó enfermedades del hígado, páncreas, riñones, pulmones, diversos tumores cerebrales y cáncer. Para ello, se apoyó en diferentes procedimientos clínicos como tomografías, resonancias magnéticas, ecografías, muestras de sangre y rayos X.

La sanación vibracional por imposición de manos ha cambiado la percepción acerca de la estructura y funcionamiento del organismo humano. La mente y el cuerpo, están directamente vinculados como lo demuestran hoy en día las teorías de la física cuántica.

Aunque no siempre es fácil comprenderlo, cada uno de nosotros tiene una esencia divina, que al ser reconocida por encima de los numerosos obstáculos y experiencias de la vida, abre el camino hacia el auténtico aprendizaje.

Es importante recordar que las emociones nocivas junto con la baja autoestima, inhiben la circulación de las energías armonizadoras hacia la realidad física, dándole espacio al ego malsano para que actué libremente.

Los patrones disfuncionales forjados por un sistema de creencias represivas y manipuladoras, bloquean el desarrollo de la consciencia, desvinculándonos progresivamente de nuestras raíces espirituales, cayendo en las adicciones, malestares y enfermedades crónicas de la modernidad.