El cómic, una herramienta para hacer paz

Foto: Storytelling for peace building

El cómic, una herramienta para hacer paz

9 de mayo del 2019

En inglés, comic. En latín, comicus. En griego, komikós, derivado de komos que significa: fiesta, diversión. Conociendo la etimología de esta palabra resultaría contradictorio asociarla con el conflicto armado colombiano.

Para muchos sería paradójico pretender que los habitantes de zonas castigadas por la guerra busquen en la diversión, en las historietas, las herramientas para superar los traumas producidos por la violencia.

¿Es posible, se dirían otros, abordar los daños del conflicto, contando historias?

Para jóvenes y niños entre los 12 y los 23 años de comunidades vulnerables en Chocó, Bolívar, Valle del Cauca y tres comunidades en Bogotá (Soacha, el cabildo muisca de Suba y El Codito) sí lo es.

En una iniciativa entre el British Council y la Fundación PLAN, con el apoyo de la Fundación Gratitud, se creó hace un par de años el programa ‘Storytelling for peace building’ (Historietas para construir paz).

Este proyecto tiene como objetivo empoderar a jóvenes colombianos que viven en comunidades afectadas por el conflicto armado para que adquieran “habilidades narrativas y comunicativas” que les permitan iniciar procesos de reparación que conlleven a la construcción de la paz en sus territorios.

Camilo Hoyos, escritor y director de la Fundación Gratitud, le explicó a la Agencia Anadolu que los ejercicios de “verbalización” -en este caso, entendidos como cuentos y cómics- son fundamentales para cualquier proceso de restauración y trabajo emocional.

“Muchas veces tú puedes sentir emociones -expresó Hoyos-, pero al no poder decirlas, no logras solucionar determinados traumas, proponer los problemas o impactar positivamente a tu entorno”.

Para comprender estos métodos de desagravio, el escritor colombiano recordó el sentimiento altruista que una persona puede percibir cuando lee una novela.

“La literatura, por ejemplo, se encarga de hablarte de mundos que puedes no haber vivido, pero con los que te vas a relacionar, precisamente, por la magia de una obra de arte. Es decir, cuando lees una novela, formas parte de la visión de mundo de un autor y, así mismo, entras a jugártela con alguno de sus personajes. Cuando se entra de manera tan íntima a conocer a una persona, lo que estás adquiriendo en realidad son herramientas para entenderte a ti mismo y herramientas para entender el entorno que te rodea”.

“Si lees la historia de un desplazado por la guerra en Colombia, te permites desarrollar empatía con él de tal manera que puedas buscar estrategias propias para sobrellevar cierta carga”, agrega Hoyos.

En este contexto, el arte, la literatura y, por qué no, las historietas, ofrecen realidades ajenas a las ya distorsionadas por los medios de comunicación y los mensajes políticos.

Aquí, un trabajo como el ‘Storytelling for peace building’ juega un papel importante, porque nos aleja del maniqueísmo en el que se nos ha contado y se cuenta el conflicto colombiano.

Como dijo el autor colombiano Juan Gabriel Vásquez a la Agencia Anadolu: “No es posible señalar con precisión científica el origen de esta violencia y cuáles son los responsables únicos de su nacimiento. Lo único que nos puede acercar a una especie de verdad es saber que nuestra guerra está compuesta por muchas historias y caras”.

Museo itinerante del ‘Storytelling’

En el marco del proyecto, el British Council lanzó este año un espacio itinerante digital que les permitirá a los asistentes acercarse físicamente a los resultados del trabajo realizado por los jóvenes del ‘Storytelling for peace building’.

Este museo, que estuvo presente en el Hay Festival de Cartagena 2019 y en la Feria del Libro de Bogotá (FILBo), es, según Silvia Ospina, directora de artes del British Council, “el repositorio de la memoria de los jóvenes” que laboraron en el ‘Storytelling’. A mediano plazo, afirmó Ospina, el museo quiere llegar a las regiones más golpeadas por la guerra.

Entre tanto, ¿sería posible afirmar que el paso de estas historias por el territorio colombiano sirve como una especie de radiografía del posconflicto?

Hoyos no está seguro de eso, pero opina que “si hacemos un rastreo a partir de las historias que salen por taller y luego, de las cinco o seis que son publicadas como un cómic, evidentemente vamos a encontrar varias preocupaciones. Es decir, cuando se lean los textos de los jóvenes de los cabildos muiscas de Bogotá inmediatamente será perceptible la preocupación por los ríos y por el entorno natural en general, entre otros temas”.

Para Hoyos, este tipo de ejercicios es el que nos acerca a esa radiografía nacional.

“Pueden ser el punto de partida -aseguró el director de la Fundación Gratitud- que nos permitiría pensar casi en una cartografía narrativa a nivel nacional en la que podamos decir qué está pasando con estas poblaciones, cuáles son sus preocupaciones y, sobre todo, cómo están entendiendo la realidad que les pasó”.

En Colombia, concluyó Hoyos, lo que más necesitamos es desarrollar dicha empatía y saber que la misma no está directamente atada a la persuasión.

“La empatía es entender al otro desde su posición, mas no darle la razón. Entonces, el arte y la narrativa son espacios muy ricos para poder llevar a cabo esa tarea”.

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