Francisco Rojas Birry, un abogado chocoano especializado en ciencias políticas y relaciones internacionales, miembro la comunidad indígena Embera, duró cuatro años siendo Personero de Bogotá con una delicada investigación en su contra. Siempre mantuvo un bajo perfil en sus actuaciones de vigilancia y control de las entidades del Distrito de Bogotá. Prefería evadir a la prensa y no solía encabezar ruedas de prensa ni dar entrevistas a los medios.
El nombre de Birry, un hombre de temperamento tranquilo y calculador, se conoció en febrero de 1991, cuando integró como secretario ad hoc la Asamblea Nacional Constituyente. Más tarde, en 1998, se ganó un cupo en el Senado de la República, donde permaneció hasta 2006.
Hizo alianzas con el Polo Democrático y resultó muy allegado a la casa del ex alcalde Samuel Moreno. Participó a fondo en la elección de éste y fue en ese momento cuando conoció a David Murcia, dueño de DMG, quien por entonces se codeaba con militares, policías, políticos y gente del mundo empresarial.

En una declaración ante un juzgado, David Murcia le dijo a Rojas Birry que le devolviera los 200 millones de pesos.
Rojas Birry no aguantó las ganas de entrar a ese mundo. En 2007, cuando las autoridades le seguían los pasos a Murcia, realizaron interceptaciones telefónicas de donde salieron 2.500 grabaciones. En tres de ellas, Geovanny Rojas, hombre de confianza de DMG, le pide a Sandra Daza, asistente de Murcia, que envíe millonarios recursos a varias personas ligadas a la organización, entre ellas a Francisco Rojas Birry. En la charla dieron una dirección, Transversal 59 B No. 127D-06: la de la casa del personero de Bogotá.
En ese tiempo Rojas Birry le dijo a la revista Cambio, que destapó el escándalo, lo siguiente: "No puedo negar que me reuní con David Murcia en dos ocasiones. El día que fui a DMG estaba protegido por policías y había mucha gente a su alrededor. Lo que no sabría decirle es por qué me mencionan en temas de dinero. No sé de qué están hablando", concluyó.
Pero las pruebas eran contundentes y con el recibo de ese dinero Rojas Birry selló su destino. Hoy la Procuraduría determinó como grave ese hecho porque DMG fue una organización que no solo jugó con los recursos de miles de ahorradores, sino que, según las pruebas, sirvió para lavar dinero ilegal.
