El goleador que ganó una vida cuando perdió una pierna

El goleador que ganó una vida cuando perdió una pierna

11 de junio del 2013

Darío Silva quiso ponerse los zapatos y no encontró su pie derecho. Miró hacia abajo, buscándolo, pero no halló nada. No sabía lo que pasaba. Cuando encendió la televisión se vio en pantalla y a un presentador que narraba cuanto había sucedido. Entonces rompió en llanto.

El 23 de septiembre de 2006, cuando tenía 33 años, el uruguayo Darío Silva sufrió un violento accidente automovilístico. El futbolista conducía borracho su camioneta, perdió el control y fue a dar contra un poste de luz. Se golpeó el cráneo, se fracturó su pierna derecha y quedó inconsciente por varias horas. Los otros dos ocupantes del vehículo salieron ilesos.

En el hospital, luego de una decisión médica, le amputaron parte de la pierna afectada. La intervención tardó cinco horas. Fue necesario inducirle un coma. Al despertar, Silva comprendió que su carrera como futbolista había terminado.

Las lágrimas, dice, duraron tres o cuatro minutos. De ahí en adelante se dedicó a pensar qué haría con su vida una vez saliera del hospital.

Darío Debray Silva Pereira nació el 2 de noviembre de 1972 en Treinta y Tres, una pequeña ciudad uruguaya al noreste de Montevideo, a poco más de cuatro horas de viaje. A los 19 años debutó en el Defensor Sporting y al año siguiente pasó al histórico Peñarol, club con el que logró dos ligas y un trofeo de goleador, en 1994, cuando marcó 19 goles en 24 partidos, incluyendo el último, al minuto 88 ante su antiguo equipo.

Selección Uruguay, Kienyke

En 1995 dio el salto a Europa. Pasó al Cagliari italiano, un modesto equipo en el que se ganó el apodo de ‘sa pibinca’, una expresión que quiere decir ‘el molesto’, por su desmesurada forma de lanzarse al ataque. Hizo 20 goles en 89 partidos y de ahí pasó a España; Espanyol (1999), Málaga (1999-2003) y Sevilla (2003-2005) le vieron hacer 53 anotaciones.

Darío Silva era veloz. Corría para llegar a los centros o robarles los balones a los defensores. Nunca estaba quieto en el campo. Con frecuencia regateaba a defensas y porteros, amagaba con el balón, los confundía, y luego se dirigía directo al arco mientras sus oponentes no terminaban de entender lo que había pasado.

Con la selección de Uruguay jugó 46 partidos y marcó 14 goles. Hizo cinco con los que ayudó a su país a clasificar al mundial de Corea y Japón 2002 y también marcó en el partido de repechaje ante Australia, que selló la clasificación. Él, junto a todos aquellos que lograron la gesta, son considerados héroes en su país.

El declive de su carrera comenzó en 2005, cuando fue traspasado al Portsmouth de Inglaterra. Apenas pudo jugar trece partidos y marcar dos goles. Darío, que ya no era el frenético atacante de antaño, decidió regresar a Uruguay en 2006 para terminar su carrera. Estaba negociando un contrato con un club local cuando ocurrió el accidente.

Darío Silva, Lesionado, Kienyke

Después de la amputación, su primer objetivo fue recuperarse. Para ello necesitaría una prótesis y una terapia. Poco dado a los convencionalismos, contactó a Enrique Ostrovski, un modesto artesano de la ciudad de Riviera que se dedicaba a fabricar carrocerías para lanchas hasta el día en que un amigo perdió una pierna. Ostrovski no sólo le fabricó la prótesis a su amigo, sino que se interesó tanto por el tema que se convirtió en uno de los mejores ortopedistas de Uruguay. Con frecuencia regala prótesis a los más necesitados.

Ostrovski en poco tiempo le construyó a Darío una pierna de fibra de carbono, resistente y flexible, tan efectiva que al exjugador le pareció una extremidad más.

Para la recuperación se decidió por la equinoterapia, una práctica que, mediante el uso de caballos como método terapéutico, mejora la salud de personas con lesiones físicas y psicológicas. A Darío le pareció tan fascinante la técnica que invirtió los ahorros de su vida en caballos. Hoy cría a estos animales y los vende por no menos de siete mil dólares cada uno. Los cuida personalmente e incluso es jurado en concursos.

En enero de 2009, casi tres años después del accidente, Darío disputó un juego amistoso ante Argentina con la camiseta de su país. Marcó dos goles, ambos de penal, con los que ‘los Charrúas’ le ganaron a ‘la Albiceleste’. Se le vio feliz, rodeado de antiguos compañeros y ovacionado por quienes lo acompañaron desde las gradas en el que sería el último partido de su vida.

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Además de su negocio de caballos, Darío practica remo, e intentó clasificar sin éxito a los Olímpicos de Londres. En 2013 decidió apoyar varios candidatos del Partido Nacional, un movimiento político de centro derecha opositora al oficialista Frente Amplio, y no descarta lanzarse a la gobernación del departamento de Treinta y Tres.

Darío Silva perdió una pierna y dejó el fútbol, pero nunca dejó de ser ‘sa pibinca’, el intenso del juego, el que no se rinde. Nunca encontró su pie derecho, pero descubrió una forma diferente de encaminar su vida. “Solo creo en lo que hago, porque la vida va y viene siempre, así que hay que vivirla con felicidad mientras se pueda”.

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