El pensamiento mágico: pasado, presente y futuro

24 de septiembre del 2018

Por Armando Martí.

El pensamiento mágico: pasado, presente y futuro

Cada noche procuro dedicar un tiempo a mí mismo y como un espectador de cine, observo las diferentes escenas que protagonizo durante el día y me doy cuenta, que estamos cambiando muy rápidamente de hábitos en una era de digitalización, generando transformaciones en nuestro cerebro y en el sistema nervioso, al someterlos a grandes sobrecargas de información que recibimos constantemente a través del Internet, el celular, los medios de comunicación y las redes sociales.

Una forma de gastar nuestras reservas energéticas a nivel psico-físico es la preocupación, la angustia y el estrés, pues en la modernidad la ausencia de paz interior se debe en gran medida a vivir sin congruencia entre lo que pensamos, decimos y hacemos. Dicha división impide que el espíritu fluya de forma armónica y serena, desconectándonos más temprano que tarde, de esa fuente de amor y equilibrio universal. Si no aprendemos a fortalecer esta conexión, se le da paso a las enfermedades psicosomáticas también conocidas como enfermedades invisibles, ya que, influyen en nuestro estado de ánimo, provocando temor y miedo que se ve reflejado en síntomas físicos.

Cuando esto sucede, aparece la neurosis y las fobias pues las funciones del yo consciente se disocian de las del inconsciente y las funciones del pensamiento de la afectividad; por último la actividad de la consciencia moral (humildad, compasión, diferenciación de lo correcto e incorrecto) se separa de la acción del Super Yo (ego, soberbia, poder y control sobre los demás, en síntesis creerse Dios), siendo esta la causa de la aparición de algunos desequilibrios nerviosos.

El único capital que en realidad tenemos es el de la salud mental, por eso, al entender que el 60% de la energía psíquica se emplea en visualizar el futuro con ansiedad, el otro 30% en recordar con resentimiento el pasado y solo el 10% en vivir el momento presente, es importante revaluar la actitud para vivir sin exageradas expectativas, apegos materiales y afectivos, y sobre todo sin el afán de ser perfecto y tener siempre la razón. Cada mañana doy gracias al universo por regalarme un día más de vida, me tomo un vaso mediano de agua pura, medito y oro, pongo en manos del Dios de mi entendimiento cualquier plan que deseo realizar, afirmando: “Si tú lo quieres mi Dios”.

Desde hace décadas escucho en la radio emisoras como la H.J.U.T (Universidad Jorge Tadeo Lozano 106.9 FM), la H.J.C.K en Bogotá y la Cadena Melodía Estéreo, esta última me encanta y fue fundada en 1947 por la familia Páez Mejía, siendo pionera en la radio de cultura que fomenta la libertad de expresión y ayuda a los demás con terapia musical para el control del estrés, a través de unos bellos temas muy bien seleccionados, que tienen la mágica propiedad de calmar nuestro agotado sistema nervioso e invitarnos a descansar. Algunos excelentes periodistas que trabajan en la cadena son: Gerardo Páez Mejía, Tito Martínez y Gustavo Niño Mendoza, entre otros grandes íconos de la radio de calidad en Colombia.

He tenido la inmensa satisfacción de haber sido invitado al programa “El personaje líder de la semana”, dirigido por Gerardo Páez Mejía, quien posee un agudo sentido de la observación, acompañado de un don de gente maravilloso, virtudes que generan mucha espontaneidad y confianza durante las entrevistas, pues su intención no es la del ataque amarillista o la crítica destructiva, sino por el contrario, presentar todas las facetas humanas y profesionales, aciertos y errores, de sus convidados desde una sana objetividad.

Precisamente en la mañana del pasado sábado 22 de septiembre, mientras preparaba la redacción de este artículo, sintonizaba el programa “Micrófono Libre” trasmitido por la Cadena Melodía en el horario del las 7:30 AM, donde se invitaba a los oyentes a opinar sobre el caso de la empresaria Stella Durán quien presuntamente está siendo acusada de varios delitos entre ellos el de corrupción, al haber comprado licencias falsas para respaldar algunos de sus productos, los cuales eran vendidos con publicidad engañosa al anunciar y ofrecer curas “esotéricas” y casi milagrosas, cuando en realidad estaban elaborados con ambientadores de baño y otros productos, que ponían en peligro la salud de los usuarios y consumidores.

También hicieron alusión a las estafas de algunas personas a nivel nacional que se anunciaban como “brujos”, “profetas” y “adivinos” abriendo el debate a los oyentes, quienes de manera unánime condenaron estos abusos por parte de los llamados “hacedores de maravillas”, que a la postre sólo lograban frustrar y embaucar a su clientela. Asimismo, la opinión pública se preguntaba quiénes eran más culpables: ¿los que engañan y juegan con la fe y las necesidades de los consultantes, o las mismas personas que ha sabiendas del riesgo que corren van a pagar las consultas con la esperanza que aportando grandes sumas de dinero les ocurra “un milagro”?

Foto: Cortesía Armando Martí.

Este pensamiento mágico basado en el miedo, la culpa y el castigo, produce que los comportamientos infantiles no evolucionen ni se superen, ya sea por baja autoestima, superstición, ignorancia, fanatismo religioso o desinformación. En el fondo quienes consultan a estos folclóricos personajes, no contemplan la posibilidad de un tratamiento psicoterapéutico serio a mediano o largo plazo, que les ayude a solidificarse en su amor propio, pues a través del esfuerzo y la disciplina, se pueden superar malos hábitos y defectos de carácter. De ahí que quieren todo “rápido”, “fácil” y “mágico”, cuando en realidad su fondo tiene como objeto, aplacar la incertidumbre y la ansiedad causada por un hecho en el presente, que dispara un trauma o situación dolorosa archivada pero no resuelta en el inconsciente.

Por estas razones y ante la falta de reglamentación y control, además de la desinformación sobre estas prácticas, me pareció importante aclarar a los lectores algunas diferencias entre un brujo(a), un adivino, un mago, un vidente y un psíquico, con el fin de despertar su curiosidad y que el entusiasmo haga eco en las investigaciones de estos temas “esotéricos”, para comprenderlos y divulgarlos no desde la ignorancia y el temor a lo desconocido, sino desde un razonamiento crítico y maduro que les impida seguir cayendo en algunos de estos engaños.

Brujo:

Los brujos también llamados maléficos, desarrollaron sus actividades en un ambiente rural para ayudar a los campesinos, por eso viven rodeados de animales como el gato negro, el cuervo, el sapo, la rata e incluso la liebre. Asimismo, tienen disposición para hacer conjuros y brebajes, al invocar espíritus y ejercer prácticas curativas utilizando poderes ocultos y productos naturales.

Hechicero:

Es una persona que tiene el dominio de la magia y que la ha aprendido ya sea por medio de la memorización o el estudio profundo de las fórmulas esotéricas, heredadas de una tradición oral que pasaba de un maestro a su aprendiz. Lo anterior, por medio de rituales bien sea sortilegios (adivinar el futuro) o encantamientos (someter la voluntad de otra persona).

Mago:

Posee la habilidad de dominar las fuerzas de la naturaleza desde la alineación de su sabiduría, por eso hacen cosas sorprendentes que parecen reales como un ilusionista o prestidigitador. Al verdadero mago ninguna posibilidad mágica le queda prohibida y se entrena rigurosamente en el uso de sus destrezas, con el fin de asimilar y adquirir el conocimiento necesario hasta llegar a ser el mejor en su especialidad, convirtiendo el temor en alegría, la frustración en realización, lo temporal en eterno, lo limitado en ilimitado.

Vidente:

Este término se relaciona con la persona que puede “ver” (visualizar) eventos, detalles e incluso personas muertas, que para otras personas pasa desapercibido. Es un don natural que debe ser entrando a través de trances, concentración y meditación, dejando la mente en blanco para que aparezcan imágenes en forma de fotografía o flashbacks, respondiendo a un pregunta del pasado, el presente o el futuro.

Foto: Cortesía Armando Martí.

Adivino:

Persona que hace predicciones y por medio de estas, pretende descubrir cosas ocultas o desconocidas sin seguir un método científico-racional, utilizando agüeros, elementos metálicos, cartas, velas, cigarrillos, chocolates y otros medios.

Psíquico:

Capacidad humana que se trabaja a un nivel intuitivo, para percibir la energía, los sentimientos y la información alrededor de una persona o situación, entendiendo la compleja red de la Matrix en donde se mueven diversas realidades, por eso se conoce como “el sexto sentido” o Percepción Extrasensorial (PES).

La génesis del pensamiento mágico

Ahora bien teniendo claro estos conceptos, se puede profundizar en el origen y la necesidad que ha tenido el ser humano de indagar y buscar respuestas a los cuestionamientos básicos existenciales: ¿quién soy? ¿dónde estoy? ¿cuál es mi propósito? ¿cuándo voy a morir? ¿qué me espera después de la muerte? Desde los tiempos de los aborígenes existía la idea de comunidad, la cual respondía a unos rituales y ceremonias con el fin de exaltar las cualidades supra humanas de lo que ellos llamaban “dioses”, como el sol, el fuego, la tierra, la lluvia y demás elementos, que al ser invocados les brindaban una victoria frente al enemigo.

Pero paralelamente a esta noción, el individuo dentro de su descubrimiento personal fue buscando posibilidades que le permitieran evadir o suprimir sus propios males, en otras palabras, buscar respuestas a sus enfermedades y toda clase de peligros y desavenencias, razón por la cual, acudían a los brujos, hechiceros y consejeros espirituales, quienes tenían una comunicación con ese otro “mundo” desconocido y eran vistos como reencarnaciones de seres ascendidos de gran sabiduría y poder, emisarios de la verdad de los dioses. Fue este el inicio de estas prácticas mágicas, místicas y esotéricas, basadas en dos móviles inconscientes de suma trascendencia: el sufrimiento y la salvación.

Foto: Cortesía Armando Martí.

De esta manera, una parte del propósito de los seres humanos se encaminó en descifrar “una cura del espíritu”, que les permitiera permanecer lo suficientemente limpios y puros, para no ser excluidos del misterioso pero prometedor porvenir. Por eso aparecieron algunas figuras como la “confesión de los pecados”, el comportamiento adecuado para evitar el sufrimiento y métodos de penitencia con el fin de purificar del alma, los cuales utilizaron estos personajes mágicos para obtener control sobre las angustias de los demás.

No es de extrañar, porque tanto brujos, como hechiceros, adivinos y místicos, se presentan bajo el amparo de ser “redentores” y “salvadores” ante estos panoramas casi desalentadores a los que se tiene que enfrentar el hombre, especialmente la clase oprimida quienes tenían una necesidad de esperanza en sus actos, a diferencia de las clases opulentas que de una u otra forma, podían acceder a la información necesaria para modificar su suerte.

Esta concepción primitiva es la que ha sido transmitida de generación en generación, abriendo una brecha entre la realidad, el engaño y la fantasía, restringiendo por una parte los instintos básicos del individuo pues están en contraposición a la vida justa y recta, y también abriendo paso a que cada acto negativo fuera tomado como un “castigo” para aplacar la ira del dios de su entendimiento y la única forma de estar en gracia nuevamente, era por medio del arrepentimiento y la auto punición.

¿Cómo terminar entonces con esta mentalidad implantada en el inconsciente colectivo de “bueno” y “malo”, que nos lleva a buscar respuestas en personas externas con poderes mágicos y paranormales, para acercarnos a la verdad? En el fondo cada ser humano fue dotado de dos elementos cruciales: la intuición y la experiencia. La combinación de ambas permite acceder a planos de la percepción elevados, que al ser entrenados y no reprimidos, ayudan a encontrar las respuestas adecuadas en el momento preciso. Si bien es cierto que estas categorías mágicas (brujos, hechiceros, magos, videntes) han tenido un status privilegiado en la sociedad, de igual manera son utilizados como medios de escape ante la realidad que se desenvuelve día a día ante nuestros ojos.

Las fragilidades de la psique humana pueden ser superadas al adentrarse en un camino de autoconocimiento genuino, que permite una deconstrucción sana para desaprender lo aprendido y aprender conductas sobrias, alejándonos de los engaños que resultan siendo paliativos ante los intentos desenfrenados de control, manipulación y mentira. Dentro de cada uno yace un maestro que revela la verdad, a partir del reconocimiento y no del juzgamiento de nuestros errores, aciertos, pérdidas y defectos.

Foto: Cortesía Armando Martí.

En conclusión, en estos nuevos tiempos “La Magia” tecnológica/existencial y científica, ha sido y será la fuerza que nos impulsa a la evolución y a el cambio. Hace menos de veinte años nos parecía imposible la conexión planetaria que actualmente nos une; ya desaparecieron las distancias y las redes sociales nos convirtieron en críticos de los sistemas y gobiernos; los medios no son sólo de una dirección para orientar a la opinión pública, cada persona se expresa y lucha por sus derechos, se acerca la era de la “singularidad” en donde la inteligencia artificial dejará de serlo, pues los sistemas y softwares ya no necesitarán ser programados por seres humanos, ellos mismos lo harán asimilando su propia información.

Se están probando módulos experimentales para leer el pensamiento, la “telepatía” será una realidad demostrable, también se espera reprogramar el genoma y corregir las cadenas intergeneracionales con sus correspondientes defectos; el rango de vida pasará a los cien años, la capacidad cerebral se ampliará en un 50% y la intuición y la Percepción Extrasensorial se convertirán en el arma secreta de los gobiernos, empresas y corporaciones financieras más importantes del mundo. No existirá ni el cáncer o el Alzheimer, tampoco habrán disfunciones sexuales, ni enfermedades mentales y la conexión interior con un Poder Superior será tan natural como dormir y despertar.

Esto pasará en menos de diez años, un realismo mágico completamente cierto. Por eso no debemos preocuparnos a mediano plazo por falsos profetas, brujos, magos, hechiceros o adivinos, la ciencia acompañada de la física cuántica y la madurez espiritual, dejará sin trabajo a todas estas singulares celebridades que se autodenominan “los únicos conocedores de los misterios ocultos del universo”.

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