El refugio del mono aullador en Medellín

Foto: Zoológico Santa Fe - Juan Diego Buitrago Cano

El refugio del mono aullador en Medellín

27 de Agosto del 2017

Cuando Beatriz llegó al que por tres años será su hogar, si todo sale bien, apenas cabía en la palma de una mano humana y aún tenía pegado su cordón umbilical; y Sol, que hoy tiene cuatro meses, aunque era un poco más grande, tenía una fractura que requirió cirugía para evitar problemas de movilidad en el futuro. 

Beatriz y Sol apenas son dos de los 25 monos aulladores rojos que se encuentran en el Zoológico Santa Fe, en Medellín, para iniciar su largo camino de recuperación tras ser víctimas del tráfico de fauna silvestre.

Aunque unos casos son más trágicos que otros, el programa de conservación, rehabilitación, liberación y monitoreo de esta especie, que fue creado en 1999 en este lugar, es un refugio y una esperanza de vida para los animales que son arrebatados por los cazadores y traficantes de las manos protectoras de sus padres y de su hábitat natural. Además es el único del país. 

Al año, la institución puede recibir entre 25 y 30 animales en promedio, y a la fecha, ha liberado más de 200.

Un dato alentador si se tiene en cuenta que esta especie, sobre todo en su infancia, genera mucha empatía con los humanos y por eso muchos no evalúan las consecuencias de tener uno como mascota. 

Esos ojos negros profundos y esas manitas pequeñas, que parecen las de un bebé, quiebran el corazón de las personas que en medio de una carretera los compran por lástima sin darse cuenta de que así alimentan los bolsillos de quienes no dudan en matar a los padres para quitarles a sus crías. 

Cuando llegan al zoológico, los monos aulladores tienen muchos problemas. Y no son solo físicos, también emocionales. 

El veterinario Jonathan Álvarez, que hace parte de esta iniciativa de recuperación, le contó a kienyke.com los detalles de todo el camino que deben recorrer estos animales para regresar a la libertad y desarrollar su vida como siembre debió ser: en pequeñas manadas de entre cinco y 15 miembros y trepados comiendo hojas en lo alto de los árboles de cualquier bosque del país, pues su ubicación es amplia: desde la costa Atlántica y el Chocó hasta el Amazonas y la Orinoquía.

Foto: Zoológico Santa Fe

Foto: Zoológico Santa Fe

Un hogar temporal

Aunque les ponen nombres y se encariñan, todos los que trabajan en el zoológico de Medellín hacen su mayor esfuerzo para que los monos aulladores rojos culminen con éxito el programa y puedan volver a su verdadero hogar lo antes posible. Pero el proceso es demorado. Toma entre dos y tres años. 

Todo depende de las condiciones en las que llegue el primate y de su edad. Lamentablemente los más adultos, por el contacto prolongado con los humanos, pocas veces logran adaptarse y retomar sus hábitos naturales. 

Y algunos más, tristemente, no logran recuperarse de la violencia. “Llegan con muchos problemas, el trauma de ser arrebatados de sus padres les quita las ganas de vivir, no comen, además sufren golpes, fracturas, pierden dedos, llegan pelados, porque los amarran y les ponen cadenas, ingresan en muy malas condiciones”, contó Álvarez. 

También es frecuente que lleguen con problemas digestivos, porque las personas les dan cualquier alimento y los monos son totalmente dependientes cuando están pequeños. 

“Les dan gaseosa, gomitas, incluso bandeja paisa. Como ellos se alimentan únicamente de hojas y tienen un sistema digestivo que las fermenta, cuando comen otras cosas condimentadas o que no hacen parte de su dieta se enferman: les da diarrea y se les inflama el abdomen”, explicó el veterinario.  

Tras superar los primeros obstáculos de adaptación, el siguiente paso es agruparlos en pequeñas manadas de máximo 10 integrantes, para que se conviertan en una familia. 

“Para que el grupo al momento de la liberación no se desintegre es importante que crezcan juntos como si fueran hermanos”Jonathan Álvarez

Normalmente estas manadas están conformadas por un macho y una hembra dominantes, además hay más hembras porque, señaló el experto, “cuando los machos llegan a la adultez en los grupos silvestres retan al dominante”. 

Lo que continúa es todo el proceso de entrenamiento. En ese momento se evita cualquier contacto humano con el animal y se les empieza a enseñar a reconocer la dieta, la zona segura de vida (en las partes altas) y a identificar los peligros de la vida silvestre.

Para ello, los cuidadores de los monos aulladores aprovechan los recursos que hay en el zoológico.

“Usamos individuos del parque: tigrillos y boas, para enseñarles los peligros de estar en el piso. Además, utilizamos el excremento de otros animales para que ellos los identifiquen como enemigos potenciales”, comentó Álvarez.

Todo esto, obviamente, se hace en espacios controlados en donde ningún animal resulte lesionado.

Incluso el particular sonido del mono aullador también es usado para que aprendan a identificar y marcar su territorio.

Por algo los nombraron de esta forma. Según el veterinario, a este primate le dicen el mono diplomático ya que difícilmente se confronta con otros en peleas, sino que prefiere usa su aullido para comunicarse. Éste tiene un alcance bastante amplio, está estimado en un kilómetro. 

Foto: Zoológico Santa Fe

Foto: Zoológico Santa Fe

Luego, cuando están listos y pasan la evaluación de la autoridad ambiental, son liberados. La última liberación que hizo el zoológico Santa Fe fue en 2015 en el suroeste antioqueño. En esa oportunidad fueron devueltos a su hábitat dos grupos, uno de ocho y otro de nueve monos. 

Pero desde 2009, que hay un registro más juicioso, se han hecho 13 liberaciones, de 172 monos, en los municipios de La Pintada, Armenia Mantequilla, Eliconia y Puerto Triunfo, en el Magdalena Medio. 

Año tras año, después de cada liberación, se les hace un seguimiento a las manadas para observar su acomplamiento al ambiente natural.

En algunas de las visitas, los biólogos han podido observar hembras con nuevas crías y machos que han salido de sus familias de cautiverio para conformar un grupo propio con otros monos.

Ahora el reto es perfeccionar el programa. “Queremos empezar a usar telemetría por collar de radio o satelital, para contar con información mucho más detallada que no podemos obtener con las visitas anuales”, expresó Álvarez. 

Llamado a la consciencia 

Aunque el aullador no es una especie en riesgo de extinción o en estado vulnerable, sí es una de las más comercializadas en el país por los traficantes de fauna.

Por eso este programa de conservación, como los otros que adelanta el Zoológico Santa Fe para proteger el cóndor de los Andes, el tití gris, el paujil pico azul y la guacamaya verde limón, son tan importantes. 

“Estamos aportando un granito de arena a la protección y el cuidado del medio ambiente y de los ecosistema, porque estos animales cumplen con funciones biológicas en sus territorios. Una de ellas es dispersar semillas para que los bosques se regeneran y los árboles se reproduzcan”, comentó el experto.

Así que el llamado a la gente, para que no sigan llegando monos aulladores de todas partes del país: de Cundinamarca, de la Costa, de los Santanderes y del Valle, es no comprar por lástima ni tener estos animales de mascotas.

“Los zoológicos tenemos la gran labor de educar. Cuando las personas vienen a este espacio los invitamos a que conozcan los animales pero no se deben ir con la idea equivocada de querer tenerlos en sus hogares. Ellos están aquí porque en algún momento fueron extraídos de su hábitat y por algunas condiciones no pueden ser liberados”Jonathan Álvarez

Álvarez reiteró: “Lo más importante en el tema de tráfico de fauna es la demanda, pues es lo que más afecta la biodiversidad. La recomendación es no comprarlos aunque genere mucho pesar, porque al pagar por ellos se le da el mensaje equivocado al traficante: que es un negocio rentable”.