El segundo tiempo de Luly Bossa

El segundo tiempo de Luly Bossa

28 de diciembre del 2010

Con el cambio de milenio, a Luly Bossa le cambió la vida. Grababa una telenovela en el año 2000, tenía un poco más de cinco meses de embarazo y Graciela Torres, más conocida como “La Negra Candela”, publicó en su programa del Canal RCN algunos segundos de un video casero que amenazaba la intimidad de Luly y su ex novio, Alberto Pérez, un profesor de baile y de aeróbicos que había sido su novio por cinco años. Su embarazo se vio afectado por el estrés, la tristeza y la decepción. En la actualidad su hijo Ángelo tiene un retraso psicomotor de dos años y su hijo mayor, Lucciani –que contaba con ocho años en ese momento–, ha sido un rebelde con causa. Quizá le ha sido difícil soportar la crueldad infantil que el chisme debió desencadenar.

De Luly Bossa no se escribe mucho desde que el mundo entero vio su video porno. Se escribe de ella y del escándalo o se escribe de ella cuando hay una serie una telenovela nueva, una obra de teatro o cuando pasa algo con otro video porno. Ella, o ya está acostumbrada al tema o acepta que no lo puede controlar. Sabe que es inevitable.

En 2010 estuvo en la serie Tierra de Cantores y para 2011 está ya en las grabaciones de la telenovela La Teacher de Inglés, al lado de Carolina Gómez y Víctor Mallarino. Ahora está soltera y no muy abierta a buscar pareja. Hace un tiempo tuvo una relación seria con un entrenador de patinaje, veinte años menor que ella. Ella se integra poco; si no es amiga de los medios menos de las redes sociales y la exposición virtual.

Lo cierto es que Luly Bosa es algo así como el gato negro de la farándula colombiana: sigilosa, medio oculta en las sombras y dueña de una gran potencia actoral. Como diría Borges, un tigre de salón, del pequeño salón de la pantalla chica colombiana.

http://www.youtube.com/watch?v=vaBFUoYMbrA&feature=player_embedded

Pero antes del estallido de su escándalo sexual hubo calma. Una calma que se transformó un poco cuando tenía 17 años e hizo algunas apariciones en Revivamos nuestra historia, donde quizá se sembró su vocación. Más adelante, en 1984, su vida fue más pública cuando fue coronada virreina del departamento de Bolívar. También por estos años estudió diseño y fue mesera en Nueva York. Un papel en Azúcar, la telenovela de RCN, le dio el empuje en 1989. Y ahí fue el inicio oficial de todo.

Se dice que antes era más tranquila, menos prevenida, jovial y se integraba más. De seguro así fue en los años de la telenovela Ana de Negro, cuando su única preocupación era aprenderse las líneas de su primer protagónico y pensar en que debía hacerlo bien al lado de Danilo Santos. Era 1990 y las telenovelas colombianas tenían éxito a las cuatro y media de la tarde.

En la década del noventa llegaron Amor sin fronteras y De costa a costa, una coproducción colombo venezolana. Su carrera apenas empezaba y era considerada una de las actrices más bellas de la televisión. Estaba casada con Ramiro Cervantes. En 1992 fue anfitriona de la entrega de premios TV y Novelas junto al actor Bruno Díaz.

En el primer semestre de 1993 dio a luz a su primer hijo, Lucciani Andreas Bossa, y como se convirtió en papá y mamá a la vez hizo una pausa. Pero regresó a la televisión en el horario de los jueves con Tiempos difíciles, con Julián Arango y Patricia Castañeda. En 1995 actuó en Venezuela en Morena Clara, con Gabriela Spanic y José Luis Santander. Conformó el elenco de la comedia El Hijo de Nadia, en 1996, y de las series La sombra del deseo y Copas Amargas.

En la teleserie Oro, que se estrenó en 1996 junto a Andrés Izaguirre, Luly Bossa se desnudó sin preocupaciones y toda Colombia siguió la trama de los sábados sobre esta historia minera. Ese mismo año la revista Tv y Novelas le otorgó el título a la mejor cola del año. Al finalizar la década estuvo en la polémica telenovela Tabú y tuvo una sonada incursión en el cine como coprotagonista en Rizo, del director venezolano Julio Sosa Pietri, una producción entre Colombia, Venezuela y México, que tenía de hilo conductor la vida del dramaturgo Alejandro Rey.

Con el canal Caracol estuvo en La Dama del Pantano, con Juanita Acosta y Juan Carlos Vargas en 1999, y en el año 2000 en La Reina de Queens, junto a Marlon Moreno. Un joyero era su pareja en ese entonces.

Con RCN aceptó el papel de antagonista en Isabel me la veló, junto a Verónica Orozco y Luigi Aicardi, y fue aquí que la bomba explotó. La Negra Candela publicó el video íntimo de la actriz y Jaime Lombana, a quien Luly contrató para que la defendiera, le aconsejó encerrarse y no dar declaraciones. En 2008 ganó la demanda contra la periodista por daños a su honra y derecho a la privacidad.

En 2002 reapareció en La lectora, dirigida por Pepe Sánchez. Luego Lilo Vilaplana la dirigió en 2003 en Retratos, con Xylena Aycardi y Orlando Pardo, y participó en la película El Carro, de Dago García. Entre 2004 y 2005 estuvo en Las noches de Luciana, con Paola Turbay y el peruano Renato Rossini, y en Por amor a Gloria, con Carolina Acevedo y Juan Pablo Raba. Rodrigo Triana la escogió en 2005 para la telenovela El Baile de la Vida, de nuevo en Caracol.

Entró al mundo de la televisión internacional con las producciones de Telemundo como Amores y El Zorro, en 2007. A finales de ese mismo año, se sometió a algunos retoques en su cara y busto, completando seis cirugías plásticas que confiesa sin ningún prejuicio. Regresó al Canal Caracol para la serie ambiente en los años setenta La sucursal del cielo, junto al director Carlos Duplat. También por esta época Madame Rochy la mencionó en su libro Las Prepago. Y Luly ya no dijo nada más.

En 2008 actuó como la mamá de Julián Román en la telenovela grabada entre Argentina y Colombia Valentino el Argentino, que fracasó aquí pero que en el país del sur tuvo excelente acogida. Durante esta etapa de su vida aprendió a bailar tango mientras  tuvo que vivir siete meses en Buenos Aires. Al regresar al país presentó El Club del Despecho, un programa que ayudaba a mujeres a superar el bajón amoroso. Volvió a Telemundo con El Clon, interpretando a la mamá del personaje de Sara Corrales.

Luly usa su propio maquillaje, una mezcolanza hecha por ella misma que le ha funcionado muy bien, porque a su edad tiene una piel perfecta. Aunque también adora tirarse bajo el sol y broncearse, en una mezcla de riesgo y testarudez.

Habla en voz alta y estruendosa, tal vez por su acento costeño; se ríe a todo pulmón y les habla fuerte y pausado a sus hijos. Es una mujer muy costeña, que usa estrategias para mantener a la gente indeseable a raya: suele usar el inglés que aprendió mientras trabajó en Nueva York para que muchos no entiendan lo que dice.

Pero la brusquedad de su carácter y el acento costeño desaparece a la hora de actuar. Su mirada es fuerte y no se pierde de vista. Adora el patinaje. Llegó a recorrer 8 km diarios y tiene buen tiempo en las pistas. Le encanta hacer deporte, una cosa que la hace sentir orgullosa, además de la actuación. Sabe que a sus casi 50 años –la edad no la niega- tiene un excelente estado físico.

Pero de las pistas de baile se mantiene alejada. Dice ser muy hogareña y para nada amante de la rumba. El tiempo que tiene libre intenta pasarlo en casa, en donde tiene algunas máquinas  para hacer ejercicio. Afirma que Jesucristo es su manager. Su amiga, la también actriz Patricia Ercole, la acercó hace muchos años a la religión. Luly profesa las buenas maneras y el buen proceder, dice que ya piensa dos veces antes de armar un “bororó”, tal vez porque tampoco tiene necesidad de armarlo, tal vez porque ya lo armó con o sin intención, porque ya tuvo suficiente y porque ya nada la afecta, o a lo mejor porque ya pasó la tormenta y sólo queda la calma.

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