Enigmático: el amoroso poder de los objetos

9 de octubre del 2017

Los objetos son testigos mudos del transcurso del tiempo.

Enigmático: el amoroso poder de los objetos

“Las cosas duran más que la gente. Quién sabe si la historia concluye aquí, quién sabe si no volverán a encontrarse” con estas líneas el escritor y poeta Jorge Luis Borges explica esa entrañable relación que se construye entre el ser humano y los objetos, al asignarles un valor emocional para transmitir una historia que va adquiriendo vida propia con el paso del tiempo. Este vínculo hace parte de la evolución histórica de las ideas, ya que, el hombre como individuo ejerce una influencia constante en su entorno, convirtiéndolo en el creador de objetos según las necesidades, costumbres y dinámicas de uso en diferentes ámbitos económicos, sociales, culturales, científicos y religiosos, generando una identidad a través de ciertas características, formas, contextos, materiales y simbolismos.

De ahí que existan diferentes clases de objetos con base a las exigencias que surgieron en cada período desde la prehistoria hasta la actualidad. Por ejemplo, los objetos naturales son aquellos que existen pero sin la influencia del hombre, es decir provienen exclusivamente de la naturaleza, como las piedras, cristales y minerales. Por otra parte, los objetos artísticos transmiten la percepción sensorial del inventor por medio de expresiones auténticas sobre la conexión entre el ambiente, la esencia, las sensaciones y lo sagrado, como las máscaras, pinturas y esculturas. Así mismo, están los objetos de uso, que son productos desarrollados para suplir y mejorar la vida de las personas, como cepillos, peines, relojes, libros, ropa, joyas y otros diseñados para la comodidad y entretenimiento como mesas, sillas, sofás, muebles, muñecos, radios y televisores.

Muchas veces no se planea ni se tiene claridad, el por qué o para qué de poseer tantas cosas aparentemente “inútiles”, pero en realidad existe un lado misterioso y no explorado, en donde la atracción y fascinación, ejerce una poderosa influencia magnética sobre el alma y es así como se entabla una empática relación con los objetos y sus dueños, en la que cada cosa presente en el ambiente influye en el carácter y estado de ánimo de sus habitantes. ¿De dónde ha surgido esta mágica unión?

Probablemente las ganas de adquirirlo se sintonizaron con las del diseñador o creador, produciendo una comunicación entre el observador y lo observado, una interacción con la energía, la materia y la consciencia. Es decir, ese objeto antes frío cobra una dimensión mental, que proyecta la idea clara de comprarlo. Si analiza los diferentes ambientes de su casa y oficina, se dará cuenta de que vive rodeado de una familia material conformada a través del tiempo, que le infunde cierta fuerza, vigor y armonía al lugar. Por esta razón, los objetos ya no están muertos y estáticos, pues poseen sentimientos que usted les ha transmitido.

La ciencia clasifica esta comunicación objeto – persona como intuitiva y subconsciente que refleja el interior de cada persona, por eso, para aprender a escuchar esa voz que indica qué objeto integrar al entorno, practique el siguiente ejercicio:

1. Procure tener un ambiente tranquilo y sosegado, programando al menos 10 minutos para estar a solas.

2. Escuche música suave colocando enfrente el objeto que va a contemplar.

3. Cierre los ojos y obsérvese internamente. Ordene a sus músculos que se relajen por segmentos (cabeza, hombros, espalda, tórax, brazos, manos, caderas, piernas y pies). Respire lenta y profundamente, permitiendo que la música invada sus sentidos. En ese estado repita: “cada momento que pasa me sensibilizo más hacia mis objetos personales, sintiéndolos y valorándolos, llenando con sus formas mi vida de energía positiva”.

4. Abra los ojos y mire el objeto por un instante. Comenzará a sentir una nueva comunicación, logrando una agradable sensación de seguridad y confianza.

Los objetos son testigos mudos del transcurso del tiempo, fiel a los caprichos de sus dueños pero atentos y seguros de sobrevivir a su muerte, buscando otras manos y proyectos que les devuelvan su energía inmortal. Objetos felices de ser eso: simplemente “objetos”.

Por: Armando Martí

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