La Duquesa de Alba y su familia de parejas rotas

La Duquesa de Alba y su familia de parejas rotas

18 de septiembre del 2011

En el ocaso de su vida, con 85 años cumplidos -que posiblemente le pesan menos que sus setenta títulos de nobleza-, Cayetana Fitz-J ames Stuart, la décimo octava Duquesa de Alba, arrastra una frustración de la cual casi nunca ha hablado, pero que es evidente para sus íntimos: sus seis hijos no han logrado una estabilidad emocional a través del matrimonio. Excepto el cuarto, Fernando, que se mantiene soltero, los otros cinco se han divorciado y sólo uno, Jacobo, ha podido rehacer su vida al casarse en segundas nupcias. Pero esta situación resulta frustrante para la Duquesa no solo por lo que afecta a la felicidad de sus vásta los, sino también por lo que afecta a sus nueve nietos y a las ex parejas de sus hijos con quienes ella mantiene, ahora y al igual que antes, una muy estrecha relación afectiva.

La familia rota

Carlos, Duque de Huéscar –quien al fallecer Cayetana se convertirá en el XIX Duque de Alba– tiene 62 años y es el mayor de seis hermanos, a cada uno de los cuales la duquesa les ha transferido un título nobiliario con Grandeza de España, además de una buena tajada de su inmensa fortuna. En 1988 Carlos contrajo matrimonio con la también aristócrata Matilde Solís y Martínez de Campos, de quien está divorciado. Tuvieron dos hijos: Fernando, de 11 años, heredero del título; y Carlos Arturo, de 9 años. Matilde se casó de nuevo y recientemente volvió a divorciarse. A Carlos después de su separación no se le ha conocido pareja estable, no obstante que hace un tiempo estuvo frecuentando a Alicia Koplowitz, una de las mujeres más ricas de España, (ocupa un lugar destacado en la lista de Forbes). Tan pronto como la  llamada “prensa del corazón” descubrió esta presunta relación, que daba pie a una bonita historia, en la cual se fundían la aristocracia y el dinero, se inició el inevitable acoso mediático que logró, entre otras cosas, sorprender a la pareja cuando salía del apartamento que Alicia tiene en París. Esta situación, incómoda para ambos, provocó un comunicado donde Carlos y Alicia declaraban que no existía un noviazgo entre ellos, que sólo han seguido manteniendo la buena amistad que los une desde la infancia, ¿Cierto o una fórmula para liberarse de la implacable persecución de los papparazzi‘?


La Duquesa de Alba, en 1968, junto a sus 6 hijos en el Palacio de Lira.

El primer padrastro

El Duque de Huéscar trabajó varios años al lado de su padrastro, el ex jesuita Jesús Aguirre, el segundo marido de su madre, en la restauración y conservación del patrimonio artístico y documental de la Casa de Alba.  En la actualidad se ocupa también, junto con su hermanos Alfonso, Duque de Aliaga, y Fernando, Marqués de San Vicente del Barco, en gestionar la Fundación Casa de Alba, que preside su madre; y en administrar la inmensa fortuna de la familia que, según se dice, es una de las primeras de Europa, en la que están incluidos, además de varias fincas de explotación agrícola localizadas en distintas regiones de España, cinco grandes palacios. El de Liria, en Madrid, residencia oficial de Cayetana cuando está en la capital, y de algunos de sus hijos. El Palacio de las Dueñas, en Sevilla, el lugar donde más tiempo pasa la Duquesa, una enamorada, como se sabe, de la bella capital andaluza. El Palacio de Salamanca, quizás el más majestuoso de todos. Y el Castillo de los Duques de Alba en Termes, famoso por su torre, que el primer Duque de Alba construyó en el Siglo XV.

Toda la planta baja del Palacio de Liria funciona como museo abierto a1 público, donde se exhibe parte de la suntuosa colección de pintura de Fundación, de la cual forman entre otros, cuadros de Velazquez, Van Dyck, Picasso, Renoir, Tiziano, Goya, Van Loo, Menga, Murillo, El Greco, Veronés, etc.


El palacio de Las Dueñas, en Sevilla, es el lugar donde la Duquesa pasa la mayor parte del tiempo y El palacio de Liria, en Madrid, es la residencia oficial de la duquesa de Alba.

El resto de divorciados

Alfonso (59), el segundo de la saga, está divorciado de la princesa María de la Trinidad, hija del recientemente fallecido Príncipe Alfonso de Hohenlohe, el fundador de Marbella. Tuvieron dos hijos, Luis y Javier, de 23 y 21 años, respectivamente. El tercero es Jacobo (55 años) Conde de Siruela, un prestigioso editor, fundador y propietario de la editorial Sitúela. Estuvo originalmente casado con María Eugenia Fernández de Castro, de quien se separó. Tuvieron dos hijos, Jacobo y Brianda, de 20 y 18 años. Jacobo está casado en segundas nupcias con la periodista Inka Maní. Le sigue el ya nombrado Femando, quien a sus 55 años permanece soltero. Viene luego Cayetano (46 años), Conde de Salvatierrra, famoso por su actividad hípica –es uno de 10 mejores jinetes de España–, quien en el 2005 se casó con la bella modelo mexicana Genoveva Casanova, con quien previamente tuvo una pareja de mellizos, Luis y Amjna. Y está finalmente la menor, Eugenia (43 años), Duquesa de Montoro, quien en 1998 fue protagonista de una de las bodas más emblemáticas de la familia, al unirse en matrimonio con un torero, Francisco Rivera Ordoñez, hijo de Paquirri, nieto de Antonio Ordoñez y sobrino nieto de Luis Miguel Dominguín, nombres todos ellos que encabezan la nómina taurina de la segunda mitad del Siglo XX. De esa unión nació Cayetana, que tiene ahora 10 años. Tampoco en este caso la pareja echó raíces. Ha sido uno de los divorcios que más le ha dolido a Cayetana, quien nunca ha ocultado su amor por este yerno – “lo quiero como a un hijo”, ha dicho– de quien sigue siendo una “fan” que no se pierde una corrida suya. Tanto Francisco como Eugenia Y han elegido nuevos y variados caminos, pues él no cesa en sus nuevos, tempestuosos  romances. Ella, en cambio le sigue siendo fiel a la soltería. La duquesa no aprueba ningún noviazgo porque no pierde las esperanzas de una reconciliación de esa pareja. Nada la haría más feliz, según confiesa.


Alfonso Martínez de Irujo y Fernando Martínez de Irujo

La nueva semilla del amor

De unos años para acá la salud de Cayetana dio un bajón que la redujo a una silla de ruedas, de lo cual milagrosamente se ha recuperado, y ha recuperado también el ánimo, como pudo comprobarse al verla de nuevo participar, alegre y jacarandosa, en la Feria de Sevilla, un evento que casi nunca se ha perdido. Pero además Cayetana ha recuperado también la sonrisa, enseña de la felicidad que le ha inyectado su polémico noviazgo con el anticuario Alfonso Diez, 25 años menor que ella. Calificamos de polémico este romance por la oposición unánime de sus hijos y que ella ha enfrentado con valentía y dignidad, alegando, en primer lugar, que se sentía muy sola, pues apenas si la visitaban sus hijos; y que tanto ella como Alfonso estaban muy enamorados y estaban dispuestos a casarse. No entiende ni aprueba la reacción de sus hijos, quienes, según sus propias palabras “se casan y se separan a cada rato sin que yo me meta en sus vidas, no obstante lo cual ellos se sienten con derecho a condicionar la felicidad de su madre”. Dijo, además, en una entrevista televisiva, que se sentía muy dolida de que hubieran recurrido al rey para disuadirla de su boda, pues como Grande de España que es no puede casarse sin su permiso. Atendiendo a la regia petición, decidió no descartar sino posponer la boda y dedicarse entre tanto a viajar con su novio, a quien describe como un hombre inteligente, bueno, cariñoso, honrado trabajador y amante del arte, como ella.


Una operación de espalda, cálculos en la vesícula y una operación en la que se le instaló una válvula en el cerebro, tuvieron a la duquesa de Alba en un silla de ruedas durante varios meses. Alfonso Diez y Cayeta Valencia pasan gran parte de su tiempo en las playas de Ibiza, en donde la Duquesa luce atrevidos bikinis.

Finalmente, y a raíz de la repartición de la herencia, y de la promesa firmada de su prometido de no esperar ningún dinero de la herencia, sus hijos accedieron a la boda (¡el poder del dinero!) y uno de sus hijos, igual que la mujer del torero Curro Romero serán los padrinos en una ceremonia íntima (unas 400 personas) en Sevilla.

Y así están las cosas. Mientras que la felicidad se ha mostrado esquiva con esta familia fragmentada, la jefa del clan se empeña en salvarse y ser feliz a base de ser fiel a su consigna existencial de vivir cada momento a plenitud. Porque nunca es tarde para amar.