La mano negra es blanca

Jue, 30/06/2011 - 05:00
Soy Godofredo Cínico Caspa, devoto de la Virgen de Sabaneta, mal llamada “de los sicarios” cuando se trata es de Nuestra Señora de Los Urabeños, patrona de los angelitos exterminadores que limp
Soy Godofredo Cínico Caspa, devoto de la Virgen de Sabaneta, mal llamada “de los sicarios” cuando se trata es de Nuestra Señora de Los Urabeños, patrona de los angelitos exterminadores que limpian de impurezas e inmundicias el suelo patrio. Bendita Virgen de Sabaneta que junto con San Miguel el Arcángel de la guerra, nos ha permitido la cruzada contra toda la izquierda, desde las FARC hasta Germán Vargas Lleras. Sin ambages quiero que le quede bien claro a la bigornia usurpadora del poder y apóstata de la sagrada Seguridad Democrática, que nosotros, los defensores de  las tradiciones, las buenas  costumbres, la herencia, las fincas, el derecho al usufructúo de lo público y lo privado y demás panaceas de nuestro mundo católico, no le tememos a los señalamientos del masón e Iluminati Juan Manuel Santos, cuando muestra de manera aleve y pendenciera la existencia de una Mano Negra dizque confabulada para crear situaciones de hecho y producir efectos políticos con acciones armadas. Sin miedo, sabiendo que siempre ganamos y que como dice mi sobrino Obdulio, somos gallos de pelea armados hasta las espuelas, sabiendo que el pasado, presente y futuro son y serán nuestros, sabiendo que a nadie le damos un resquicio para penetrar nuestra férrea armadura de partido y tiros, podemos decir a voz en cuello: “No somos la Mano Negra, sino ¡la Mano Blanca! Que no se equivoquen los intelectualoides sansimonianos, los parafrasistas engelianos y demás especies podridas de las ideas anti católicas…  La Mano Negra es cosa de africanos, de mulatos, de costeños. Es cosa de pobres con tambores y mugre. ¡Cómo se les ocurre que utilicemos ese color para nuestra lucha! ¡Daltónicos! Que se entienda de una vez por todas: los defensores de la institucionalidad de clase y del sagrado bullonismo heredado de nuestros abuelos españoles, ¡somos LA MANO BLANCA!  Limpio y pundonoroso puño que ataca y golpea al negro, al indio, al comunista, al cachiporro y a todo individuo o elemento subversivo  que no entre en razón o que no acepte el designio inquebrantable de que los dueños somos eso y mucho más: somos amos, señores, eminencias, doctores, potestades… Y ténganse de atrás que muy pronto nos restituiremos el derecho de pernada, para hacer uso sexual inicial, de vírgenes muchachos y muchachos antes de que se pierdan en la inmunda promiscuidad de los proletarios. Que la desfloración vuelva a nuestras, verbigracia, manos. Sí, somos la MANO BLANCA y sus apéndices como la famosa Mano que Limpia socialmente hablando, la Mano de plomo que les vamos a dar, la venga Mano y acabamos con quienes se resisten a nuestra invitación a desalojar sus tierras ¡Abajo la Mano Negra del negro Acacio de  las FARC! ¡Viva la MANO BLANCA y el ojo azul! Desde tiempos inmemoriales, cuando la indiada y la negramenta trataron de resistirse a  los beneficios de la cruz católica y del orden hispánico, nos ha tocado a los caballeros enarbolar banderas marianas para luchar decididamente contra el pretendido oprobio de la tal democracia. Esa ley de los hombres que socialistas y liberales han pretendido que tenga supremacía sobre la ley divina que garantiza, por fortuna, las desigualdades y los desequilibrios que –oh prístina paradoja– sostienen al mundo. No queremos democracia, nos basta la plutocracia. Las acciones –que a mucho honor venimos adelantando desde cuando el zambo venezolano ayudado por satánicos ingleses culminó la demoniaca obra de la separación de la piadosa Madre Patria–  son precisamente las que han garantizado el orden y el júbilo inmortal de que haya gente mandando y pueblo obedeciendo. Por eso nos hemos visto en la obligación, de cuando en cuando, de atacar al enemigo y Belial de Occidente, el reformismo de centro y de izquierda, cuando trata de levantar cabeza para cambiar nuestro bien conservado y antiguo régimen en el cual gozamos de los naturales privilegios que Dios y la historia nos dieran. ¿Qué son unas bombitas aquí y allá (generalmente inofensivas y puestas solo para hacer ruido) o un par de malandros dados de baja, frente al destino sublime de nuestra nación y de nuestra clase? Sí, que responda el apostador “presidente” Santos, quien nos raponeara los votos y nuestra linda Casa de Nari. Que le responda a su reverencia el celestial Procurador  Alejandro “el grande” Ordóñez. A ver las pruebas de quienes conforman la tal Mano Negra que confunden con la nuestra, la Blanca. Que diga Santos, con sus labios llenos de botox las vainas de frente, a ver si es tan verraquito, tan machito, tan santico, como si no lo  hubiéramos contratado como Ministro de nuestra Auto Defensa. Que responda a ver si sabe. Y si no, pues yo le cuento. Estamos, como el Señor, en todas partes. La rutilante MANO BLANCA  tiene dedos por todos lados, en las Fuerzas Armadas, en los gremios, desde luego manejamos buena parte de la política, del comercio, extensiones ingentes de ganadería, cultivos ilimitados de palma africana, fábricas, muchas y bellas fábricas, algunas facultades de  ciertas universidades, preciosos supermercados de provincia y cadenas de ventas de alimentos, enhiestas aseguradoras, pingües empresas de transporte, una que otra Brigada, departamentos enteros, alcaldías en incalculable número, grupos de choque medellinenses y oficinas especializadas en limpieza y destrucción de objetivos del enemigo, tenemos institutos, grupos de música,  cultivos de Eritroxilon y laboratorios de todo tipo y, cómo seremos de democráticos, que hasta intelectuales tenemos, que escriben bonito, como del siglo XIX. Y periodistas que andan a sus anchas y que son los encargados de aupar, de vociferar cuando adelantamos nuestras amadas acciones directas, amparados por esta, la violencia legítima de nuestro derecho a mantener, a preservar lo de uno y defendernos de las pirañas rojas hambrientas de poder y del pueblo hambreado, siempre tan peligroso. Sobre todo ahora que  de nuevo está de moda la nociva chicha. Actuamos y actuaremos desde nuestras trincheras clandestinas, porque no permitiremos que la Sagrada Escritura de la Seguridad Democrática se detenga un  centímetro. Nuestra memoria es perfecta, bien conservada ¡carajo! No amenazamos al Estado, lo defendemos. No atacamos a la sociedad. Por el contrario, si es necesario con Indugel, ese lindo explosivo nacional, defendemos la sociedad anónima, la limitada y hasta  en la comandita. Hay que dejar las cosas como están, en su orden jerárquico. No revuelquen el avispero liberalitos mamertoides, porque ¡las tienen! Vuelvo por mis fueros para gritar con denuedo e inquebrantable fe en Dios y la Patria y militante decisión: como no entienden  de otro modo pues…  ¡bala señores!   PD: Maestro Laureano, usted perdonará. Pero tocaba.
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