Padre e hijo en el escenario con Paul McCartney

12 de mayo del 2012

La tenacidad de un joven y su padre, fanático de los Beatles, que armados de un cartel rompieron barreras hasta lograr cantar con su ídolo.

Paul McCartney concierto México
Fotos: Lucas Velásquez y María Elisa Aulí.

Acabamos de vivir un acontecimiento grandioso, tener a uno de los Beatles en un escenario en Bogotá, y seguimos incrédulos. Hace solo poco nos llenó con su música,  nos dejó extasiados y con deseos de más. Esta vivencia compartida con treinta mil personas nos hizo eufóricos y a la vez nostálgicos, cada quien lloró su infancia, sus recuerdos o se contagió de una absurda alegría, que duró tan solo dos horas y cuarenta minutos. Cada una de estas historias, de gente en búsqueda de una foto o autógrafo, de trasnochadores a las afueras de un hotel, o de la larga espera en la calle para verlo pasar e intentar tocarlo, es de por sí maravillosa, e increíble, aún más, la de un padre y su hijo de catorce años que lograron subirse a un escenario y cantar con Paul McCartney.

Como dice el epígrafe de la novela del psiquiatra y psicoanalista Javier Aulí, conocer a Paul McCartney, para la gente del común, es un sueño verdaderamente utópico, pero, él y su hijo Juan Antonio se propusieron años atrás hacer lo posible para alcanzar esta ilusión.

Esta es la historia contada por sus protagonistas

La música es testigo fiel de cada paso que damos, está presente a lo largo de nuestras vidas y se constituye en marco de referencia de hechos y vivencias; con ella podemos hacer un recorrido de nuestra infancia solo con escuchar algunos acordes. Por eso cuando se descubre la vibrante emoción de ver en un solo concierto desfilar ante nuestros ojos incrédulos, el resumen de nuestra vida, palpitamos con cada canción que recuerda ese momento que significó un amor, un desvelo, una ilusión o una tristeza, y nos damos cuenta que no es solo música, es parte de nosotros mismos, somos sus ajenos dueños. Paul McCartney ha tenido un profundo significado en muchas vidas, las ha tocado sin querer, y sin esfuerzo se ha convertido en la banda sonora de millones. En conciertos anteriores, Javier y Juan Antonio se habían dejado tocar por esa magia, habían volado más allá de sus sueños y habían intentado conseguir un autógrafo, pero la suerte no les sonrió a pesar de estar a metros de lograrlo. Se conformaron con una foto y vivieron ese momento como algo que los había conmovido, pero como le pasaba a miles, la fortuna había sido para alguien más.

Javier y Juan Antonio cantaron con toda la banda la canción elegida por McCartney: I´ve just seen a face.

La suerte es maravillosa cuando te toca a la puerta, pero usualmente es esquiva, que se reniega de ella, de su ausencia. Así que para el siguiente concierto de Macca (cariñoso apodo con el que los seguidores llaman a McCartney), en el 2010, pensaron en una estrategia que tuviera un significado para el artista y lo llevara a darles el autógrafo. Sabiendo que su música ha trascendido generaciones, que a sus conciertos asisten familias enteras, que los abuelos y padres orgullosos le muestran a los menores las bondades de Los Beatles, llegaron con un cartel que mostraba precisamente eso: “FATHER & SON FROM COLOMBIA”. McCartney vio aquél cartel a la entrada del Time Warner Arena de la ciudad de Charlotte, detuvo su auto, los saludó, pero continuó su marcha, y esta vez tampoco fue, la seguridad no quería correr ningún riesgo y empujó la caravana hacia el interior del coliseo.

El pensamiento que se les cruzó en más de una ocasión era el de no contar con la estrella adecuada, pero lo que no sabían, era que, probablemente el no haber conseguido nada aún, los empujaría a algo mejor.

Al concretarse, por fin, el famoso concierto en Bogotá, este par de fanáticos supieron que a la suerte había que ayudarla con algo de matemáticas, que si bien, lo que pagarían por entrar era absurdo, su oportunidad cambiaría de una en varios millones, a una en cincuenta, que eran aproximadamente el número de asistentes a la prueba de sonido del cantante Inglés. Recurrieron a la maniobra que el mismo músico usa, la nostalgia, el recuerdo, hicieron su nuevo cartel haciendo alusión al anterior, esperando que McCartney se acordarse. Llegaron ese medio día con uno que decía: “FATHER & SON AGAIN” y le añadieron otro que pedía: “Déjenos cantar una con usted”.  Se hicieron en una esquina, para tratar de ser más visible al estar en la fila, listos para oír la grandiosa prueba de sonido, que en realidad fue un concierto privado de  prácticamente una hora. Las canciones pasaban y las posibilidades se iban terminando, pero Juan Antonio se da cuenta que McCartney en una pausa llama a su jefe de seguridad, y este aparece unos minutos más tarde a su lado, y se imagina que algo está por suceder, pero no dice nada, y se queda atónito, a la espera de lo que pudiera pasar. La suerte estaba dando vueltas a su alrededor desde hace años, solo esperaba el momento oportuno para actuar, el mejor, el que marcaría sus vidas con un recuerdo imborrable.

Paul McCartney los mira y pregunta: “Padre e Hijo, ¿de verdad quieren cantar una conmigo?”, esa pregunta se respondió de inmediato y con un grito de euforia, “SI”, a lo que él replicó con: “Bueno, entonces suban”. El jefe de seguridad los guió a la parte trasera del escenario y les advirtió que ante cualquier movimiento brusco o intento de abrazarlo o expresarle sentimientos desmedidos, de manera efusiva y peligrosa, serían sacados por los guardias que lo protegían. “Solo hagan lo que Paul les pida” sugirió. Pensando en que esta oportunidad no se repetiría jamás, no quisieron dejar nada al azar, tenían un marcador y la carátula de un cd a la mano cada uno, para no sacar nada de improvisto de un bolsillo que pudiera ser mal interpretado, y esperaron el llamado, ese que esperaban hace años.

Juan Antonio de 14 años está aprendiendo a tocar un bajo Höfner, el instrumento que identifica a Paul McCartney.

Consciente de lo que significa para sus seguidores, McCartney les extiende la mano, los saluda y pregunta los nombres, los presenta al público y los escucha: “le dijimos que estábamos llenos de agradecimiento, que su música era la banda sonora de nuestra vida, que cada momento había sido acompañado por alguna melodía suya, pero que lo más hermoso era compartir esa experiencia como padre e hijo, pues ahora esa también era la música de su vida” dice Javier señalando a su hijo. Paul agradece y se da cuenta que Javier para soltar toda la tensión contenida y la cara de susto, hace un chiste al público: “por favor, ¿será que alguien de ustedes nos toma una fotico?”, toda la banda, incluido McCartney, se ríe, él le muestra que hay fotógrafo oficial y responde  la broma con: “Pero si cantan mal los expulso”. Cuando padre e hijo pensaron que cantarían algo con un Beatle, se imaginaron que harían un pequeño “tra la la” de un estrofa cualquiera, y quedarían felices por el resto de sus vidas, lo que nunca sospecharon, es que cantarían con toda la banda una canción completa elegida por McCartney: I´ve just seen a face.

Paul McCartney los felicita especialmente dirigiéndose a Juan Antonio, que toma la palabra y le cuenta a su ídolo que por él ha comprado un bajo Höfner y está aprendiendo a tocarlo, además le muestra su álbum favorito y Macca acepta de forma gustosa firmar el disco que cada uno ha traído.

Este sueño, como dice una canción de Lennon, hablando del final de los Beatles, había terminado, pero para ellos su recuerdo durará toda la vida. Una experiencia inolvidable, de esas que se sabrán de memoria sus nietos  y bisnietos de tanto escucharla. Esta vivencia deja retratado a un genial músico como un hombre gentil, cálido y consciente de lo que significa, y a la vez, deja la sensación de que la constancia y la ilusión pueden seducir a la suerte, y solo a veces, por esa insistencia, dar un golpe de gracia. Ellos saben que cumplieron su sueño, pero además que representaron a miles de colombianos que desearon lo mismo.

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