Putin: El “líder de hielo” domina el globo

Putin: El “líder de hielo” domina el globo

25 de diciembre del 2018

Calculador, tranquilo pero alerta, prudente antes de tomar cualquier decisión pero seguro una vez la toma. Benevolente con sus amigos y letal con quien disiente de su régimen. Y avanzando con esa marcha fría en el objetivo inamovible de hacer a Rusia la primera potencia del globo. No es casualidad que dicho país sea liderado por un mandatario de estas características.

Desde zares como Pedro “el Grande” el pueblo ruso se acostumbró a la mano dura, a una suerte de autoritarismo benevolente pero siempre preparado para utilizar la fuerza. La constante se mantuvo durante la era comunista con la hoz represiva supuso Iosif Stalin, y si se pensaba eliminada décadas después, durante el retorno de la democracia con la aparición de un errático Boris Yeltsin, Putin ha sido el recordatorio del liderazgo que parece gustarle únicamente a Rusia.

“Hay una necesidad de mantener al imperio unido con esa especie de patriarcas”, comenta a KienyKe.com Rosemary Sullivan, escritora y poeta canadiense que se ha fascinado por explorar esa faceta autoritaria en el alma rusa, su libro ‘La hija de Stalin’, así lo confirma.

“Creo que aún hoy, Rusia sigue siendo todo un acertijo para nosotros en Occidente. En un lado la vemos como esa nación en la que florecen los regímenes totalitarios, pero por otro es tan rica en cultura, en historia… Cada cuadra en Moscú tiene una estatua dedicada a algún músico o escritor. Tiene tanta riqueza en ese sentido y por ella hablan Dostoievski, Tolstoi, Bulgákov, Chéjov. Pero estuve allá en 2013 preguntándole a la gente sobre Putin y hasta los liberales me decían que se necesitaba mano dura”, agregó.

El secreto del éxito ruso

Parece como si tuvieran razón: desde que llegó Putin al poder en 1999, Rusia pasó de ser un país en bancarrota a crecer gracias al auge de las commodities (materias primas) en la economía internacional. El líder de hielo aprovechó tal apogeo para reposicionar al país en otros ámbitos. Así lo explicó el internacionalista Mauricio Jaramillo Jassir, docente de la Universidad del Rosario.

“Hay tres razones del éxito geopolítico de Putin y Rusia. Desde el 2000 asistimos al incremento de los precios del petróleo, algo que favoreció a ese país. En segundo lugar, no se puede negar que Putin tiene un liderazgo que llevó a su nación por esa senda. En tercer lugar, Rusia se volvió un actor imprescindible para resolver los problemas críticos de la seguridad internacional. Entre ellos, Corea del Norte, Siria e Irán”, explicó.

El experto advirtió que los commodities ya no están en apogeo sino que han atravesado por distintas recaídas en la última década, en especial en el año 2015. De cualquier forma, ya Rusia en temas geopolíticos resulta ineludible al haber sacado rédito del impulso brindado por la abundancia de la era pasada.

En este 2018 que termina, Rusia se metió también en el centro del imaginario global al haber sido anfitriona de una fiesta deportiva como el Mundial de Fútbol. El inicio del certamen fue coronado con un acto en el que el himno ruso no solo sonó ante un abarrotado Estadio Luzhniki, sino en los televisores de todo el planeta. El discurso de Putin en dicho acto, pareció ir dirigido no solo a los rusos como una maniobra de política interna, sino a todo el mundo.

“El fútbol va a conquistar Rusia y desde Rusia conquistará el mundo. Disfruten de la mayor celebración en la tierra”, aseveró.

Objetivo cumplido

En otros ámbitos, Estados Unidos se retiró de Siria sin haber cumplido todos sus objetivos, ya que el dictador Bashar al Asad permanece en el poder, precisamente aupado por Putin como socio internacional. En Siria, el calculador líder ruso asegura un país no alineado en Medio Oriente a los intereses norteamericanos a la vez que otra puerta de salida al Mediterráneo.

La anexión de la península ucraniana de Crimea por parte de los rusos en 2015 parece olvidada por los europeos, que decidieron llegar a buenos términos en este 2018 con el ruso. Por otra parte, la reunión que protagonizó en julio Putin con su similar estadounidense, Donald Trump, lo dejó mucho más fortalecido al primero (como el verdadero líder mundial entre los dos) y puso en entredicho al segundo.

El mandatario ruso fue forjado desde las entrañas del aparato represivo y de inteligencia del régimen comunista, la KGB, el servicio secreto. A Putin le tocó presenciar a finales de los ochenta e inicios de los noventa el proceso que derribó la sólida estructura de dicho régimen. No le gustó lo que vio después: Rusia en crisis, con conatos de violencia y caos y subyugada al poder de EE. UU.

Esto último lo comprobó entre marzo y junio de 1999, cuando la OTAN bombardeó Serbia como respuesta al conflicto que estalló en Kosovo. Inmersa en una grave crisis y en un vacío de poder, la Rusia de Yeltsin no pudo hacer nada para responder a los norteamericanos liderados por Bill Clinton o proteger a sus históricos aliados serbios. Putin en ese momento era jefe del Servicio Federal de Seguridad (FSB), institución que sucedió a la KGB.

En agosto de 1999 asume el máximo cargo del país tras la renuncia de Yeltsin, y uno solo fue su objetivo según Víctor de Currea-Lugo, analista internacional: “Su discurso siempre se ha referido a la grandeza del ‘oso ruso’ como un imperio o potencia internacional. La utilizó como un elemento externo para unificar filas en torno a una idea de nación. Así es su política exterior, utiliza el nacionalismo para entender el país no como la frontera, sino más allá de la misma, en todos los lugares donde se hable ruso, o hasta donde los intereses de Rusia lleguen. Su objetivo es devolverle esa grandeza y hegemonía a Rusia”.

En 2018 Putin parece haber logrado tal cometido a nivel internacional, y por eso ha sido uno de los personajes del año. Por lo pronto, su régimen con claros visos autoritarios, guiado a veces por ideas retrógradas dada su religiosidad ortodoxa, y cruento con la oposición, está lejos de finalizar entre sus astutos cálculos.

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