Se destapa Gonzalo Guillén

Se destapa Gonzalo Guillén

26 de julio del 2011

Gonzalo Guillén es un hombre  misterioso. Habla con frases cortas, directas. Ahorra adjetivos hasta para referirse a conmovedoras situaciones humanas como las masacres realizadas por grupos alzados en armas en distintas poblaciones del país, a donde él ha llegado como periodista.

Lo conmueve su hijo Diego, que estudió Derecho y Ciencias Políticas en la Universidad de los Andes, donde obtuvo la Orden Magna Cum Laude, y hoy vive en Nueva York.  “Es  él quien, ante la adversidad de mi trabajo, sólo me llama a decirme: ‘papá, ponte el chaleco antibalas, nada más’”, afirma Guillén.

Guillén es un hombre discreto y solitario. Se graduó como Comunicador Social en la primera promoción de la Universidad Jorge Tadeo Lozano, cuando el decano era Evaristo Obregón Garcés. Ha ejercido el periodismo por más de 30 años.Me gusta que la gente no sepa siquiera que existo. Y eso me sirve y me alegra mucho. En lo posible, yo nunca estoy figurando en nada”, cuenta

Comenzó su recorrido profesional en El Tiempo, a donde ingresó cuando aún no se había graduado. Estuvo en la agencia de noticias  Colprensa, en el Noticiero TV Hoy, y formó parte del equipo fundador del periódico La Prensa, que dirigió Juan Carlos Pastrana, con quien entabló una estrecha amistad que aún conserva. Fue editor general del periódico El Universo de Ecuador y de  El País de Cali.  Hasta hace año y medio se desempeñó como corresponsal del diario de Miami El Nuevo Herald, donde trabajó con colega y amigo Gerardo Reyes, con quien ganó un premio por el reportaje sobre los falsos positivos. Ahora asesora a medios impresos en distintos países de América Latina.

Gonzalo Guillén durante la presentación del documental La Operación Jaque.

Con el documental -La Operación Jaque, una jugada no tan maestra-, que acaba de lanzar en Quito cierra un ciclo de investigación alrededor del gobierno de Álvaro Uribe. “La verdad no creo que lo emita ningún canal privado colombiano”, dice Guillen. Investigación que venía desde los tiempos en que Uribe Vélez estaba en la Aerocivil.
Tal vez porque vio demasiado, Guillen resolvió seguirle los pasos sobre complicados episodios durante los ocho años de gobierno.

De los muchos premios que ha ganado, recuerda con especial satisfacción un Premio de Periodismo Simón Bolívar firmado por el expresidente Alberto Lleras Camargo. “Al único que le concedo valor es a ése, por la calidad de persona y el profesional que era Lleras Camargo”.

De su paso por El Tiempo, recuerda con gratitud el trabajo con Enrique Santos Castillo,  el papá del actual presidente, Juan Manuel Santos, quien le permitió hacer muchas crónicas e investigaciones. En ese entonces compartió sala de redacción con Germán Castro Caycedo, Gonzalo Castellanos,  Carlos Villar Borda y Alegre Levy, quien fue la primera mujer en Colombia en atreverse a escribir crónicas de la Vuelta a Colombia.

Guillén disfruta leyendo expedientes judiciales y documentos de la Fiscalía. Combina estas lecturas con las de clásicos como Ernest Hemingway. Los autores contemporáneos no le gustan ni le interesan.

Su periodismo es de alto riesgo. Son muchas las veces que se ha sentido amenazado. Pero recuerda con preocupación un episodio específico: “El día que más me he sentido humillado fue este año, cuando entraron a mi casa el viernes 27 de mayo e intentaron llevarse la información que  yo tenía sobre el documental y sobre gastos reservados del Ejército que había conseguido con mucho esfuerzo durante dos años”.

¿Cuál fue la parte que más le gustó de su último documental, Operación Jaque?

El documental muestra que realmente la Operación Jaque fue exitosa,  pero no fue el éxito militar que presentaron.  Nunca se dijo cómo se hizo. Cuando realmente fue una compra de secuestrados. Fue  un negocio en el que nunca se ha dicho qué se hicieron 100 millones de dólares. Y lo que más me sorprendió es para qué se inventan una mentira tan grande de una operación militar que nunca existió. Pero de todas maneras fue un éxito muy grande.  Lo que creo es que el Gobierno pudo haber demostrado con ese hecho que las Farc estaban totalmente corruptas, y sin salir a decir que fue una gran operación militar.

¿Cómo fue su trabajo en El Tiempo?

En El Tiempo empecé recibiendo cables de la información internacional. Pasé luego por distintas secciones del periódico y en ese reparto de fuentes me tocó cubrir la Aeronáutica Civil. Y fue precisamente ahí cuando conocí al expresidente Álvaro Uribe Vélez, quien era el director de la entidad en ese momento. Veía como Uribe recibía a todos los narcotraficantes en su oficina para darles pistas aéreas y licencias de aviones para transportar droga.

¿A qué narcotraficantes vio en la Aerocivil?

A los Ochoa y a todo su círculo. Para esa época se sabía que eran mafiosos. En los archivos de Aerocivil están perfectamente documentadas las entradas de ellos. No hay que olvidar que allá fueron expedidas las avionetas HK y el helicóptero del papá de Uribe que luego fue encontrado en Tranquilandia.

¿Qué otras cosas recuerda de esa época de reportería?

Después de Uribe, fue nombrado en la dirección e la Aerocivil Fernando Uribe Senior, quien luego fue asesinado por no prestarse para lo que quería la mafia. Cerró pistas y licencias que se abrieron durante la administración de  Álvaro Uribe.

Usted ha fustigado al gobierno Uribe, ¿tiene denuncias en su contra por lo que ha publicado?

No, más bien le he puesto querellas al expresidente Uribe porque no ha mostrado las declaraciones de renta de él y de sus hijos, como un día lo prometió. Ahí puede haber cosas sorprendentes. También soy parte civil en el tema de las ‘Chuzadas’ y otras denuncias por las amenazas que me han llegado.

¿Cuál es la entrevista o el momento más fuerte que ha tenido en el periodismo?

La situación, o mejor, la reacción que más me ha sorprendido en el cubrimiento periodístico fue cuando una niña en Medellín, la hija de un capo del narcotráfico, en un operativo le dijo a la policía que si le regalaban un carro, ella les decía donde estaba el papá. Y efectivamente, dijo dónde estaba el papá y logró que le dieran el carro, una camioneta Porsche 4 x 4.  Aparte de que es una de las cosas que más me han sorprendido en el ejercicio periodístico, muestra la inmoralidad colombiana y además la inmoralidad antioqueña. Fue algo que no se publicó porque era impublicable.

¿Cuál fue el día que más lo conmovió hacer una nota?

Fue un día en el quedé vuelto mierda por mucho tiempo. Y creo que fue peor que llorar por varios días. Fue el día que estuve cubriendo una masacre que se presentó en el Alto Naya, límites entre los departamentos del Cauca y Valle del Cauca, en donde les cortaron las extremidades a las personas con motosierra y luego los botaron por los abismos. Cuando yo saqué mi cámara para hacer una fotografía de un niño que estaba junto con su mamá, con quien acababa de huir de la masacre, el niño se orinó encima del plato de comida. Pensó que yo lo iba a matar. Este país produce mucho dolor.

¿En qué proyecto documental está trabajando ahora?

En este momento estoy trabajando en un documental sobre un señor  que fungió como chofer durante muchos años de Manuel Marulanda, ´Tirofijo´, cuando realmente fue un infiltrado que trabajaba para el Ejército Colombiano,  y también para la CIA, que logró realizar un trabajo espectacular de inteligencia. Pero hoy es chofer de una tractomula en Nueva York y anda por los Estados Unidos. En un año estará listo.

¿Qué le falta al periodismo colombiano?

El periodismo colombiano tiene muy buenos periodistas. Pero lamentablemente frente a otros países, a Colombia le falta un poco más de compromiso de los medios con la independencia, y responder a los intereses del público y no a los del gobierno o de la empresa privada.