Una muerte anunciada

Una muerte anunciada

5 de noviembre del 2011

Desde mediados de enero las Fuerzas Militares conocieron de la presencia de Guillermo León Sáenz, alias ‘Alfonso Cano’, en un campamento móvil de la guerrilla entre las veredas La Hacienda y Los Guayabos, situadas sobre el río Támara, al sur del municipio de Planadas (Tolima). En ese momento se activaron las acciones del Ejército para dar con el jefe guerrillero, calificado como un “Blanco de Alto Valor Estratégico”. En julio, las Fuerzas Militares tenían cercado a ‘Cano’.  El comando del  Ejército había logrado acorralar al jefe máximo de las Farc al punto que sus  hombres de confianza estaban identificados. Los informes de inteligencia aseguraban que no tenían muchas provisiones de guerra y de alimentación y que el Bloque Sur, al mando de alias ‘Joaquín Gómez’, y los guerrilleros al mando de alias ‘Pablo Catatumbo’, no habían podido contactar sus anillos de seguridad.

No era la primera vez que las tropas de la Fuerza de Tarea del Sur y Omega le respiraban en la nuca. Oficiales y suboficiales de inteligencia ya habían logrado penetrar sus estructuras. Sabían que Cano andaba con muy poca gente,  pero desconocían que muy cerca de él estaban dos guerrilleros de su seguridad que informaban sobre todos sus movimientos.

Un alto oficial afirmó en ese momento que la única alternativa que tenía ‘Cano’ era confiar en sus hombres y que iba a ser eso lo que iba a terminar entregándolo. Era tanta la información que tenían de él que sabían por ejemplo, que había mandado a pedir refuerzos y ayudas a ‘Pablo Catatumbo’ y a ‘Joaquín Gómez’ a través de correos humanos y radioperadoras que no estaban en la  zona.

La Fuerza Pública sabía también que para ‘Cano’ su mayor preocupación era, sin duda, los cinco aviones supertucanos de la Fuerza Aérea  y un número igual de helicóptero arpías,  maniobrados por pilotos que conocían la montañosa región entre el Cauca y el Tolima, que podían bombardearlo en cualquier momento. Además, en el operativo estaban detrás cerca de 2.000 oficiales. El viernes, cuando Colombia se acostaba con la noticia de la muerte de Cano, algunos altos oficiales sólo atinaban a decir que fue una batalla épica en tres departamentos, que inició con un nuevo bombardeo en el Cauca y terminó con un combate en tierra que dio con la caída del máximo jefe de las Farc: ‘Alfonso Cano’, una caída que el país celebra.