Ignacio Arizmendi Posada

Exdecano de la Facultad de Comunicación de la UPB.

Excolumnista de El Colombiano y El Mundo (Medellín), El País (Cali), El Tiempo y Revista Cromos (Bogotá).

Autor de 15 libros de historia y ensayo.

Ignacio Arizmendi Posada

Por quién votar, no botar

Cuando la Boeing presentó el avión modelo 757, este tenía alrededor de 626 mil partes aseguradas entre sí por más de 600 mil remaches y cerrojos. Un panorama casi tan complejo como para un colombiano lo será tener claras las partes de cada candidato a la presidencia y este lograr el voto de sus conciudadanos el año que viene (si es que hay comicios, claro). Así las cosas, entre los rasgos que el aspirante debería tener y proyectar están los siguientes:

▪ Ser percibido como un líder humano, no como un mesías de barro ▪ De visión solidaria, no totalitaria ▪ Un gran luchador por el país, no por la lucha de clases ▪ Un candidato de anhelos, no de recelos ▪ Alguien que aplicará el humanismo social, no el socialismo antisocial ▪ Un promotor de opciones, no de imposibles ▪ Una actitud sincera, no una pose pasajera ▪ Alguien respaldado por el pueblo, no por las hordas ▪ El realismo social del siglo XXI, no el vetusto marxismo del siglo XIX ▪ El compromiso total de reducir la pobreza total, no la amenaza de crecerla.

A tales diez “remaches y cerrojos” se les unen estos otros diez:

▪ Tener los pies en la tierra, no en nubes ideológicas ▪ Alguien atento a los dictados del pueblo, no a la dictadura contra el pueblo ▪ Un batallador por las libertades, no un enterrador ▪ El candidato de quienes quieren a Colombia, no de quienes se la roban ▪ Una versión pragmática de la política internacional, no una visión ilusa ▪ Una concepción realista, no ingenua, de la sociedad y el Estado ▪ Un gobernante influyente, no un “influencer” ▪ Un gestor de acuerdos, no de entuertos ▪ Alguien que inspire afecto en el ciudadano, no vergüenza ▪ Una actitud férrea de cara a defender los derechos constitucionales, no una actitud enclenque ▪ Un animador de las mejores causas, no un encantador de serpientes.

A propósito de los encantadores de serpientes en la India, estas no se yerguen por efecto de la música, que es empleada para atraer a la gente, no a los reptiles, pues carecen de oídos externos. El logro del encantador depende de sus propios movimientos físicos para intimidar a las serpientes, salpicarlas con agua fría, rozarles el dorso y otros. 

Los veinte factores citados no agotan el tema, pero sirven para tener claro que votar por un candidato a la presidencia de este complejo e impredecible país no puede verse como un juego de mayores o jóvenes, sino una riqueza de enorme impacto en las percepciones del electorado para hacer de Colombia una casa afortunada. En muy buena parte dependerá de los movimientos del aspirante.

Inflexión. El escritor alemán Joachim Fest decía hace un tiempo en Der Spiegel: “El ser humano no sale adelante sin una nostalgia por algo completamente distinto, algo grandioso, incuestionable”. Con lineamientos como los indicados, ¿los electores, atentos a lo que proyectan ser o saber los candidatos, se la jugarán toda por aquella “nostalgia”?… (En la parte 2 de esta columna, prevista para la semana próxima, cerramos el tema con una aproximación a los rasgos comunicacionales que un candidato debe asegurar).

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Ignacio Arizmendi Posada
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