La reciente decisión del Consejo Nacional Electoral (CNE) de revocar la inscripción del precandidato presidencial Iván Cepeda en la consulta del próximo 8 de marzo, denominada “Frente por la Vida”, desató una fuerte controversia al interior del sector progresista.
Con una votación de seis magistrados a favor y cuatro en contra, el organismo electoral adoptó una determinación que fue duramente cuestionada por el también precandidato Camilo Romero, quien calificó la medida como un atentado contra la democracia.
Romero rechazó de manera enfática la decisión del CNE y aseguró que impedir la participación de Iván Cepeda vulnera los derechos políticos no solo del dirigente, sino de millones de ciudadanos. A su juicio, la exclusión del precandidato altera las reglas de la competencia democrática y afecta la legitimidad del proceso de consulta convocado para definir un candidato presidencial de la izquierda.
En su pronunciamiento, Romero también lanzó críticas directas contra Roy Barreras, otro de los aspirantes que participa en la consulta junto a Juan Fernando Cristo. El exgobernador de Nariño sostuvo que Barreras no representa al progresismo y puso en duda su identidad política dentro de ese sector. En un tono irónico, Romero cuestionó la narrativa de Barreras como fundador del progresismo y recordó episodios del pasado político del exsenador, en particular su respaldo a la reelección del expresidente Álvaro Uribe en 2006.
Según Romero, la disputa no es solo electoral, sino ideológica, y planteó que dentro del progresismo existen diferencias profundas sobre su origen, su coherencia y su representación. En ese contexto, insistió en que la decisión del CNE profundiza tensiones internas en un momento clave del calendario electoral.
Las declaraciones de Romero no tardaron en generar respuesta. Roy Barreras reaccionó a través de su cuenta en la red social X, donde defendió su papel histórico dentro del progresismo colombiano y aseguró que este no se define por etiquetas, sino por hechos concretos. Barreras afirmó ser fundador del Pacto Histórico y señaló que existen diversas corrientes progresistas que conviven dentro del espectro político, entre ellas el liberalismo socialdemócrata.
En su mensaje, Barreras rechazó la idea de que Romero pueda erigirse como representante único del progresismo y sostuvo que cada dirigente encarna una forma distinta de esa corriente política. Además, recordó que el liberalismo popular ha sido progresista desde el siglo XIX, en referencia a su tradición política.
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El exembajador también cuestionó a Romero por su ausencia —según afirmó— en momentos clave de las luchas sociales y legislativas del país. En ese sentido, enumeró procesos como la despenalización del aborto, la aprobación del matrimonio igualitario, la ratificación del tratado de Escazú, el reconocimiento del campesinado como sujeto de derechos, la construcción del acuerdo de paz y la creación de la Jurisdicción Especial para la Paz.
Barreras concluyó que el progresismo no es una declaración discursiva, sino una trayectoria demostrable en decisiones políticas y legislativas. El cruce de declaraciones refleja las fracturas internas que atraviesa el sector progresista tras la decisión del CNE, en un escenario marcado por la disputa por el liderazgo y la definición de rumbo de cara a las elecciones presidenciales.
