Barristas de Millonarios me robaron hasta las gafas

Lun, 20/06/2016 - 09:58
Por: @DMateoChacon

Por: @DMateoChacon Que te roben es algo que te da rabia. Que seas atracado y amenazado con cuchillos te produce impotencia, hasta temor. Pero que lo hagan cuando celebras el cumpleaños de tu equipo favorito, mientras intentas hacer una nota mostrando el lado bueno del fanatismo al fútbol, y que un grupo de hampones que llevan tu misma camiseta te  rodeen, amenacen, intimiden y esculquen ante la mirada indiferente de cientos de hinchas y policías, es francamente indignante. Lea también: El insoportable ‘tonito’ de La Pulla Este sábado se celebró el aniversario número 70 de Millonarios. Desde pequeño recuerdo vestirme de azul para apoyar desde la sala de mi casa a mi equipo. Pero al ir creciendo empecé a dejar de observar con tanta frecuencia los partidos. Admito que nunca fui un gran hincha. No soy abonado, es más, solamente en una oportunidad visité el estadio. No compro cada temporada la última camiseta lanzada al mercado, y no miro los partidos a menos que sean de la importancia de un clásico. Pero si me preguntan cuál es mi equipo favorito, siempre diré: Millonarios.  Por eso el sábado, cuando me levanté para cubrir la marcha, y buscar una historia humana que contar, interesante, fresca y que fuera muy leída, tenía la disposición de volver a enamorarme de mi equipo. Quería vivir la emoción de los más fervientes hinchas, quería llenarme de tal fascinación que tuviera la ilusión de ir de nuevo al estadio, esta vez con más frecuencia, quería terminar el día con mi garganta seca y dolorida de tanto gritar. Pero un trío de vándalos, de delincuentes con camiseta de Millonarios, me obligaron a cambiar de opinión. Me iba a encontrar con un amigo que duró muchos años como barrista. Él me iba a contactar con doña Estela, una mujer de edad, madre de uno de los hinchas más famosos del equipo, y que tras la muerte de éste, creó una fundación para ayudar a los jóvenes. También le puede interesar: Colombiano: no saque pecho por el liderato de Chaves Millonarios-02 Mi amigo venía retrasado, yo parecía la nota disonante de la pieza a pesar de llevar la camiseta de Millos. Con la Plaza de Bolívar llena, me paré sobre la séptima, al frente del Éxito. Tenía hinchas por todos lados, todos gritando y bebiendo, mientras muchos otros se acercaban para terminar de llenar la plaza. Entonces llegaron estos tres individuos, llevados del vicio hasta las entrañas, con viejas camisetas de Millos, de los años noventa, que les quedaban sumamente grandes, ya descoloridas, y que en otros tiempos debieron tener algún estampado. Me rodearon, sacaron sus cuchillos y me esculcaron. Me quitaron el celular y algo de dinero que tenía en el bolsillo. Se robaron hasta mis gafas, las cuales llevaba en el bolsillo y no en mi rostro, para no llamar mucho la atención.  - Pille ñero, ¡Que chimba de gafas!- dijo uno a sus compañeros y luego, dirigiéndose a mí, afirmó lentamente a causa de su traba-  Fresco chino, déjeme ponérmelas y se las devuelvo,  que yo no me pego de eso. Inmediatamente me acordé de otras veces en que fui atracado. Cuando alguien dice “No lo voy a robar”, seguramente lo hará. Si dicen “Deje ver el celular, pero tranquilo que no se lo voy a quitar”, ese teléfono se perdió. Por lo general esto viene seguido de amenazas como la que me hicieron: - No salga a correr, gonorrea, que lo chuzo. - Devuélvame mis gafas que no veo nada sin ellas- dije en un intento fallido, que resultó absurdo, por recuperar mis lentes. - Más bien venga, les gasto una pola, pero denme las gafas. Me acercaron  el cuchillo más a mi estómago y desataron la típica lluvia de insultos de un ladrón ñero. Ya había perdido mis gafas. Miré a mi alrededor y noté que entre los cientos de barristas que había, muchos estaban totalmente borrachos, casi perdiendo el sentido, pero uno que otro me miraba, sabían que me robaban y lo único que hicieron fue reírse y seguir hablando, saltando y cantando. De la traba y la borrachera no revisaron mi maleta en la que llevaba mis papeles, pero podía olvidarme de mi dinero, celular y gafas. Cuando mi amigo llegó, siendo él reconocido entre las barras me dijo: “Paila chino, esos manes son de otros parches. Si me meto a hacer algo para recuperarlas, me pueden terminar linchando, eso es para problemas”. Todas las ganas de volver al estadio y de seguir en la marcha se esfumaron. ¿A quién se le ocurre ir al estadio cuando abundan los ladrones que se apoderan del lugar en cada partido? ¿Quién podría considerar buen plan dominguero ir al Campín a ser robado? La mala fama de los barristas, de la que tanto se habla en los medios, no es falsa: Vi con mis propios ojos el desorden, estuve cuando abrieron extintores, como quemaban pólvora junto a niños mientras algunos resultaban quemados, viví la inseguridad y pude darme cuenta de los conflictos entre barras. Eso no fue una celebración, fue una cantidad de desadaptados generando caos a su paso. Ya ni la camiseta es símbolo de hermandad. Una barra pelea con otra, un ‘parche’ es enemigo del otro, y una persona que quiere mostrar algo bueno del equipo resulta atracado. Es más, una realizadora audiovisual que grababa en el lugar un video de los 25 años de una de las barras fue amenazada y querían robarle la cámara. Esto no tiene nada que ver con el fútbol, tiene que ver con pelados que se creen todopoderosos por tener una camiseta azul.
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