Colombia, una equivocación.

18 de agosto del 2011

Develar con serenidad las mentiras de la historia oficial y los complejos arribistas que la marcan para comprender cómo, desde los tiempos de la gesta emancipadora, Colombia es un país lleno de frases brillantes, grandilocuentes y atildado idioma pero con una sola idea, un solo sentimiento y una sola urgencia: parecernos a imagen y semejanza a […]

Develar con serenidad las mentiras de la historia oficial y los complejos arribistas que la marcan para comprender cómo, desde los tiempos de la gesta emancipadora, Colombia es un país lleno de frases brillantes, grandilocuentes y atildado idioma pero con una sola idea, un solo sentimiento y una sola urgencia: parecernos a imagen y semejanza a otros pueblos para considerarnos  modernos, civilizados, libres y autónomos; siempre negando nuestra sangre, pasado y realidad, es la tarea que debemos iniciar y la lección que debemos aprender.

Uno de los mejores ejemplos donde se retratan estas intenciones es en el Memorial de Agravios de don José Camilo Torres Tenorio. Este documento se presenta en todas las clases de historia patria como columna vertebral del  movimiento de independencia y es la verdad, leído y releído su texto, que en él no se aspira a la separación de la corona española. Quizá su última frase, si se la saca del contexto, puede llegar a ser tomada como adalid de gritos libertarios, pero dentro del mismo escrito tiene un tono apasionado de temor y jamás de vocación o amenaza.(http://elabedul.net/Documentos/Memorial_de_Agravios.pdf)

En el memorial se repite, frase tras frase, voces de adhesión al monarca. Se aspiraba a la  “defensa del reino y del soberano, la reforma del gobierno y la restitución de la monarquía a sus bases primitivas y constitucionales”. Ningún párrafo antes o después  de este, cotejado con las circunstancias  del medio en que se  escribió, aparece como revolucionario e irreverente. Para Torres la patria no eran estas tierras si no España, como bien lo reiteró en sus Motivos del  25 de septiembre de 1810:” le protestamos que nada habíamos deseado sino defender su santa fe, oponernos a los errores de los libertinos de Francia, conservarnos fieles a Fernando y procurar el bien y la libertad de la patria”

Para el  llamado verbo de la revolución los errores  que le daban santo pavor tenían que ver con el espíritu de la revolución Francesa que iluminaban  a Europa: “la constitución Napoleónica será un contagio funesto que apestará nuestros pueblos. Perseguidla, quemadla y quemad vivo al que quiera introducirla o publicarla entre nuestros hermanos”.  Y este es uno de nuestros héroes.

Pretender llamar a este documento incendiario o aportante a la identidad patria  es
desconocer  la vergüenza  que le daba al autor su ascendencia indígena:”los naturales, conquistados y sujetos hoy al dominio español, son muy poco o nada en comparación con los hijos de europeos que hoy pueblan estas ricas posesiones”.  Frases hirientes e injustas que denigraban  la inmensa población que vivía en precarias condiciones económicas y sociales; ni hablar entonces de la mínima o nula importancia que le podía dar a las legiones negras que laboraban en las minas y eran las responsables de las faenas más duras y peligrosas. Solo existían tanto para el cómo para la gran mayoría de cabildantes, a excepción de nombres como José María Carbonell, la elite  u oligarquía criolla: “convoquen a  los padres de familia y a los hombres de luces de sus respectivos distritos”, porque…” las deliberaciones del pueblo serían hechas en medio del tumulto y el desorden”. Ninguna posibilidad de representación se le daba al  pueblo: la vocación era, según palabras del historiador Liévano Aguirre,  que el pueblo no “adquiriera conciencia de su fuerza, como en la revolución comunera y pretendiera imponer un orden político difícil de controlar por los procuradores de la oligarquía criolla”.

El Memorial de Agravios no es más que un documento donde se aspiraba a donde se aspiraba a participar, por parte de algunos grupos sociales oligárquicos, de privilegios y honores sin otro interés que el económico. Hay que reconocer, eso sí, que posee o demuestra  un conocimiento detallado de las posibilidades y ventajas naturales que tenia, y tiene, el entonces denominado Nuevo Reino de Granada.

Don Camilo Torres solo debe aspirar a la categoría de limpio y honesto vocero de  su grupo social  y de su época. Una época modesta, como tantas otras de nuestra historia, sin vocación política y sin conciencia social.

El mensaje nunca llegó a su destinatario. Fue rechazado por el cabildo que nunca adujo o escribió las razones para tal fin. Archivado, sólo se público en 1916, cuando por circunstancias e influencias ajenas a las decisiones de nuestros héroes el movimiento había tomado otros rumbos. Nuestra independencia no se debió a fuerzas desencadenadas  por sus frases, acontecimiento, por demás, que no planteó ninguna novedad en el sistema de convivencia y dependencia. No se planteó ni se buscó y menos se obtuvo las transformación de las fuerzas de poder. Sólo se reemplazaron los ejes de influencia desconociendo la sangre del pueblo derramada para tal fin.  Por eso no es justo ni veraz tildar al memorial y a su autor de revolucionarlo.

Alberto Salazar Castellanos.

salazarycastellanostecomunica@hotmail.com

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